Al país de las maravillas. - 2016 12 6

Las últimas veces que canté fueron días de calor
En la piel tiritaban los rayos
Y no llevaba buzo en la mochila -ni mochila-.
Solo necesité algún suspiro
Algún jadeo
Que me erizara los pelos y evaporara ese color rojizo que es desear.

Es que el deseo, en el aire, se hace uno con el Cosmos
Y me permite sonreir, cosa que -en mí- es condición sine qua non
Es, en algún punto, sin mochilas, porque se juega con lo que está
O se juega a ver si los fantasmas están en algún lado
En ese cuarto
En esa cama
Contra la pared
Mirando por la ventana.

La última vez que canté no había presencia
La mirada estuvo perdida, en eterna soledad en la búsqueda de su connotación
Las lenguas se encadenaron frías y en chasquidos
Y fue saber que eso no iba a algún lugar.

Igual fui, porque me cansé de llegar sin ir. Así que fui.
Y claro, no llegué. Pero no llegué genuinamente.
Sabiendo que quizás iba y no llegaba.
Lamentablemente, sin deseo, pero con una intención genuina.
No llegué a cantar
No había suficiente calor
No había rojo
Y si bien no había mochila
Tampoco había ventanas
Ni brisas
Solo un aire acondicionado peinándome la lumbar.