Merienda. - 2016 12 27

Lo primero fue prender el ventilador
Con al menos dos ventanas abiertas, los suspiros se besaban en un remolino
Se apretujaban contra el rincón de un verde vacío de cosas y lleno de ganas
Y se iban, riéndose cual pequeños, en una y otra dirección.

Hay temor, que el calor, evapore nuestra piel
La receta decía precalentar en máximo, así que lo prendimos en mínimo
Total, ¿quién nos apuraba, si ya ni siquiera el aire envejecía rumbo al Norte?
Fuimos hacia el Norte
Yendo al Sur
Yendo a la coronilla
Desde los pies
Y, con los pies en la coronilla, dados vuelta y empachados
Del caramelo que enfriaba el viento
De hostigar las paredes con tanto aturdimiento
Bajamos el fuego aún más, hasta que fue invisible
Y se apagó con nuestras gotas de sudor.

Cosas que le pasan al Mundo cuando llueve. - 2016 12 18

Las cosas que le pasan al Mundo cuando llueve duermen con dos almohadas.
Están alojadas en un bosque denso y alto, donde se concentra el mínimo de humedad necesaria para mantener la fragancia a despereza.
En esa maleza húmeda y gruesa viven duendes con gorros celeste y barbas blancas.
Y cuando llueve, los duendes salen a convidar.
Convidan bostezos, mates calientes, convidan olor a pasto -o asfalto- mojado.
Convidan almohadas y ganas de pensar sobre la vida.
Sobre las cosas y sus infinitos Mundos.
Sobre el Uno, que no es ni la suma de todos ni la conciencia colectiva, si no eso que sabemos está ahí -acá- y sabemos inalcanzable de humanizar.
El Mundo, cuando llueve, descansa.
El agua aquieta a los seres, la tierra húmeda enlentece el paso.
Raso deja el cielo de gris, que no es si no un humo del agua de ayer.
Dos almohadas para el Mundo.

Al país de las maravillas. - 2016 12 6

Las últimas veces que canté fueron días de calor
En la piel tiritaban los rayos
Y no llevaba buzo en la mochila -ni mochila-.
Solo necesité algún suspiro
Algún jadeo
Que me erizara los pelos y evaporara ese color rojizo que es desear.

Es que el deseo, en el aire, se hace uno con el Cosmos
Y me permite sonreir, cosa que -en mí- es condición sine qua non
Es, en algún punto, sin mochilas, porque se juega con lo que está
O se juega a ver si los fantasmas están en algún lado
En ese cuarto
En esa cama
Contra la pared
Mirando por la ventana.

La última vez que canté no había presencia
La mirada estuvo perdida, en eterna soledad en la búsqueda de su connotación
Las lenguas se encadenaron frías y en chasquidos
Y fue saber que eso no iba a algún lugar.

Igual fui, porque me cansé de llegar sin ir. Así que fui.
Y claro, no llegué. Pero no llegué genuinamente.
Sabiendo que quizás iba y no llegaba.
Lamentablemente, sin deseo, pero con una intención genuina.
No llegué a cantar
No había suficiente calor
No había rojo
Y si bien no había mochila
Tampoco había ventanas
Ni brisas
Solo un aire acondicionado peinándome la lumbar.