Batalla, botella, Botello. - 2016 7 21

Esos silbidos sigilosos que me cantaba el Viento
Hoy cayeron en la tecla
Ahora no hay eñes, ni tildes, ni exclamación.
...
Puntos suspensivos.

Los digo y no te digo. Nos dijimos lo último y sabía que no había siesta ni sueño; no hay más fantasía de encontrarte por ahí y sentir que me caigo hacia atrás por la fuerza y entrega de tu abrazo.

Ahora se cayeron las cortinas. Me dio la sensación que por dentro estás llorando fuego. Pero eso no es lo peor. Lo peor es la sensación de sentir que sentís que está trabada la salida de emergencia. Y que te estás dejando sofocar por el humo cuando podrías escaparte por la ventana.

Eso es lo más angustiante. No es saber que no estás, o que desearte es en vano, porque si te sintiera radiante, así, tan tonto, podría ser feliz. Es sentir que te consumen las llamas y que aceptás ese dolor. 

No hay amor que tolere un centímetro de gilada.
O eso no es amor, amor.

Te escribo así, creyendo pispear el nudo en el ovillo a partir del cual se orquesta este matete. Y mirándote con la misma cara que te dije: "Porfa, cuidate...".

Ojalá el iluso sea yo y todo esto sea un teatro de mi ego para lidiar con este misterio con sabor a duelo que me lleva adelante del pulso.
El detalle es que, aún sin vernos, vi tu mirada de resignación. Te vi viendo la salida y eligiendo quedarte. Y eso solo lo elegís vos, aunque paradójicamente sienta que te lleva a la destrucción.

No sé cómo terminar porque no quiero.
Sabiendo que esto es comer sin sal y que el café se enfrío hace rato,
El licor en las botellas estacionadas se pudrió por la amargura
De sentir que elegís hacerte mal
Y tener que aceptarlo.