Siete contra nadie. - 2016 5 31

Saltar independientemente con las piernas.
Una locura que lleva a otra locura, que finalmente se engrana, para volver a perderse.
Una cama al lado de otra cama; rodar hasta encontrarse, para no volver a verse.
El amor es este río que se encuentra, a destiempo, en el precipicio de la pera.
Acá, en el aire, es difícil saltar. Con las piernas a destiempo uno se condena a irse de lado. Y los momentos de cordura no alcanzan a enfilar la docena de patitos que viene con uno de regalo. Pero tiene que ser de carne o de jamón y queso.
Saltar, saltar, sabiendo que uno se fue y que -al menos por un instante- volverá.
Soñar y soñar, que jugamos a encontrarnos correteando alrededor del telón de un teatro digital.
...
Digital.

Preguntas entre paréntesis. - 2016 5 10

Hoy di con el alba, te imaginé en un café con licor. 
O un licor con café.
(Ahora sabés que sos vos).
No sé si estás; honestamente, no lo sé,
Pero los juegos y yo llegamos hasta la almohada. 
Para mí estás, hasta el día que me mandes a emborracharme de lluvia.

Esta incertidumbre la vi hoy, en las nubes que azotaron, grises, la esperanza.
Sin embargo, está la calma. Porque este lazo es claro como el agua.
Como mi locura; mística e inocente.
Y a cada paso que doy en este camino de baldosas flojas, si no te veo, te imagino.
Y cada vez sonrío un poco más en la cabeza.
En la mente.
Desde la mente.
De la mente.
(Ya sabemos a dónde va esto).

...

Sabé que, en do-re-mí, estás.
... Y que, cada día, el moño aumenta su tempo de rotación interestelar.
Intergaláctico.
Intergatoláctico.
Intergalactosiláctico.
Interg--ok, se entendió.

(Igual, entre nosotros: yo sé que no sé porque siento que ya no. Pero no le cuentes a nadie, para eso estoy yo).

Lugares que empiezan con "hache". - 2016 5 9

Lugares que empiezan con "hache".
Escenarios en donde lo primero, o la entrada, es el silencio.
La entrada no es en sí una puerta -aunque puede serlo-, más bien es un momento;
Un momento introductorio, un abrir de párpados -un volar de pájaros; la pupila calibrando su dilatación, cual lente.
Ese primer latido del corazón, que tiembla y redobla su apuesta un milímetro delante del pulso.
Ese primer acorde de la canción, que te invita a una sonrisa.
Te invita, te la da, no te la saca; no. 
Y si te la saca es por un ratito. Y te avisa: "es tuya, ahora vuelve; es jugar".
Es jugar, en esa "hache" muda, que encabeza esta legión de vaivenes amarillos.
La "hache" se dedica a jugar en esos rincones misteriosos donde, de pequeños, veíamos una sombra. Donde la pupila no quería dilatarse, donde optamos por no prender una vela y jugamos a las escondidas a ciegas.
De entradas, de rincones, de sonrisas y vaivenes.
De acordes que te miran desde el techo, de lugares a los que vamos sin caminar.