Enarbolado. - 2016 3 23

En tanto veo y escucho la llanura, el silencio del valle, la transparencia del aire, cualquier cosa es algo que baila con ello. Cualquier línea, sonido, cualquier gesto o movimiento. 
En tanto estoy en dicha "nada", relajarme sabiendo que cualquier cosa va a empezar a "ser" per se. Un par de gotas no inundan el desierto pero pueden ser suficientes para hacer germinar una semilla.
Esa semilla puede no ser la semilla definitiva; lo importante es que ya es "algo" y ese algo ramifica.
Cuando el tallo haya ramificado y crecido lo suficiente, voy a tener un árbol. Cada vez que pienso e imagino, lo estoy regando.
Ese árbol podrá dar frutos o flores en segundos, días o años. Puede pasar un invierno eterno echado en un sillón. Nunca hay apuro.
Este camino es uno de los caminos posibles para crear cualquier cosa.
Entre otras cosas, este camino me gusta porque anda sin apuros, porque puedo cultivar todos los árboles que quiera; porque los árboles me esperan y, si un día decido hacerlos leña, me sonríen y se dejan hacer fuego. 
Todo esto juega y fomenta justamente eso; el desarrollo de mi capacidad de salir a caminar por el desierto, mirar la llanura y plantar árboles con cada parpadeo, respiro a respiro, silencio tras silencio.