Cuestión de marcos. - 2016 2 24

Cualquier lugar. Empezar por cualquier lugar. 
El enredo no tiene filo, ni principio, ni final. 
Son los rulos que se atan entre sí.
Entre los días de la semana, a través de las horas; de estos minutos y segundos que se prestan como excusa para encadenarse, enarbolados, a la oda a lo infinito.
Entre los dedos de la sombra, que te busca a través del eco que genera el agujero que provoca callar a la luna.
Entre enredos y en cualquier lugar; te subiste al 60, ramal Möbius... y no supiste más.
Para cambiar la situación, diste un salto adelante desde una pintura, enmarcada, que dormía una siesta, sana y salva, sobre el piso.
Estos marcos; estos marcos y estas cintas; estas dimensiones. Estos días y estas noches que se solapan. Y esta pintura que se empieza a secar.

Canas van, canas vienen. - 2016 2 10

Hace unos días viniste a mi puerta.
No me dijiste algo, pero algo me dijiste
Y es que no ibas
A venir
Más.

En ese momento yo no supe demasiado. No es necesario saber qué hay detrás de una ausencia.
Ni tampoco necesariamente importante. 

El timbre no andaba. Yo tampoco.
Me pegué con cinta scotch el oído a la pared.
Del otro lado
Ruido a agua
Platos sucios.

No es que no importe. Ni que no extrañe tu presencia. Es que todo estuvo claro desde el primer día y, de esa manera, no hay por qué saber. Preguntarme sí.

En una pregunta con un signo de apertura y nada más. 
El resto lo tiene un aire
Que no se escucha
Porque el timbre no anda
Y vos también.

¿Estás

Bien. - 2016 2 6

El Viento es mi aliado.
El Viento es mi aliado inconmensurable. No puedo decir cuánto es pero puedo decir a dónde va; a dónde me lleva, a qué me incita.

El Viento es mi aliado sigiloso. No puedo -ni quiero- controlarlo, más bien fluir a través de él como un ave. Acobijarme honrado en su tempestad -a veces sigilosa-, agradecerle el viaje y que me lleve a donde le pinte.

El Viento no es mío pero es parte amorosa de este Fuego que hierve en mí. Lo cuida, lo avala, lo honra, lo protege, lo alienta y también lo apaga.

El Viento no me pide permiso. Yo le pido permiso al Viento para viajar en él.
Para moverme en el Mundo desde un suspiro, 
Para nada(r) en particular; para volar, en este Viento. 

Dentro de las columnas. - 2016 2 3

Las cosas existen en movimiento.
Estas letras existen porque se mueven, en algo que se mueve, en otra cosa que se mueve. Enfrente tuyo, que te movés. Aunque estés en la quietud.

El otro día alguien decía, con una mueca, que el tiempo no existe. Y tiene razón. Lo que existe es el movimiento y la memoria. Y eso configura algo que es, en cierta medida, un devenir.
Una inscripción mnémica. Algo en la conciencia que data un "sucedió".
¿Qué es el presente, en ese sentido?

Puede ser el "acá" (lo cual implica, inevitablemente, un "ahora"). 
El presente, entonces, como espacialidad.
El espacio en tanto textura atómica danzante (porque, de nuevo, las cosas existen en movimiento).

¿Y qué es moverse? Es estar "un poco más acá que allá".
¿Y dónde es allá? En esa espacialidad donde reside relativamente más distante a mí que otro punto que convengo más próximo. Esa espacialidad es el Mundo.

Presente es Mundo, Mundo es tierra y tierra es textura sedimentada.
Pero no nos hagamos demasiado los piolas, porque también existe el Viento.
Y el Viento viene (y va -de "acá" a "allá"-), en una letra de Manu Chao, llevando tierra. Llevando Tierra. Llevando a la Tierra de "acá" a "allá".

El presente se mueve -como estos átomos que se mueven- para sostener la existencia en nuestra conciencia de este tejido llamado Mundo.