Nueve días no hacen falta. - 2016 1 21

Estás donde menos te ves.
En el lugar más recóndito -y si es posible, en el sótano-.
Un curso que te enseñe a lidiar con quien menos podés.
Una ofrenda, unos binoculares curvos, un espejo atado a otro espejo.

Mañana. ¿Quién vas a ser mientras te bañes?
Mediodía. Los viernes todo vale.
Tarde. Pasadas las cuatro, la gota de sudor se llena de sal. De Sol. De sal.
Noche. Llegó la noche.
Y pasan los días.

...

Pasan los días y, admitámoslo; no hay mucho que haga falta. 
Una palabra, o dos, o tres. ¿Una coma? Puede ser, quizás, tal vez.
¿Una rima? Ocasional, esporádica, ya lo ves.
¿Cómo terminar esta cuestión sin algo?
Volviendo al inicio, en ausencia de final; nueves días no hacen falta.