Merienda. - 2016 12 27

Lo primero fue prender el ventilador
Con al menos dos ventanas abiertas, los suspiros se besaban en un remolino
Se apretujaban contra el rincón de un verde vacío de cosas y lleno de ganas
Y se iban, riéndose cual pequeños, en una y otra dirección.

Hay temor, que el calor, evapore nuestra piel
La receta decía precalentar en máximo, así que lo prendimos en mínimo
Total, ¿quién nos apuraba, si ya ni siquiera el aire envejecía rumbo al Norte?
Fuimos hacia el Norte
Yendo al Sur
Yendo a la coronilla
Desde los pies
Y, con los pies en la coronilla, dados vuelta y empachados
Del caramelo que enfriaba el viento
De hostigar las paredes con tanto aturdimiento
Bajamos el fuego aún más, hasta que fue invisible
Y se apagó con nuestras gotas de sudor.

Cosas que le pasan al Mundo cuando llueve. - 2016 12 18

Las cosas que le pasan al Mundo cuando llueve duermen con dos almohadas.
Están alojadas en un bosque denso y alto, donde se concentra el mínimo de humedad necesaria para mantener la fragancia a despereza.
En esa maleza húmeda y gruesa viven duendes con gorros celeste y barbas blancas.
Y cuando llueve, los duendes salen a convidar.
Convidan bostezos, mates calientes, convidan olor a pasto -o asfalto- mojado.
Convidan almohadas y ganas de pensar sobre la vida.
Sobre las cosas y sus infinitos Mundos.
Sobre el Uno, que no es ni la suma de todos ni la conciencia colectiva, si no eso que sabemos está ahí -acá- y sabemos inalcanzable de humanizar.
El Mundo, cuando llueve, descansa.
El agua aquieta a los seres, la tierra húmeda enlentece el paso.
Raso deja el cielo de gris, que no es si no un humo del agua de ayer.
Dos almohadas para el Mundo.

Al país de las maravillas. - 2016 12 6

Las últimas veces que canté fueron días de calor
En la piel tiritaban los rayos
Y no llevaba buzo en la mochila -ni mochila-.
Solo necesité algún suspiro
Algún jadeo
Que me erizara los pelos y evaporara ese color rojizo que es desear.

Es que el deseo, en el aire, se hace uno con el Cosmos
Y me permite sonreir, cosa que -en mí- es condición sine qua non
Es, en algún punto, sin mochilas, porque se juega con lo que está
O se juega a ver si los fantasmas están en algún lado
En ese cuarto
En esa cama
Contra la pared
Mirando por la ventana.

La última vez que canté no había presencia
La mirada estuvo perdida, en eterna soledad en la búsqueda de su connotación
Las lenguas se encadenaron frías y en chasquidos
Y fue saber que eso no iba a algún lugar.

Igual fui, porque me cansé de llegar sin ir. Así que fui.
Y claro, no llegué. Pero no llegué genuinamente.
Sabiendo que quizás iba y no llegaba.
Lamentablemente, sin deseo, pero con una intención genuina.
No llegué a cantar
No había suficiente calor
No había rojo
Y si bien no había mochila
Tampoco había ventanas
Ni brisas
Solo un aire acondicionado peinándome la lumbar.

Batalla, Bote-ya no. - 2016 11 29

Feliz cumpleaños, Gabriella.
Feliz vos, feliz tu Mundo, feliz tu Cuerpo.

Hace casi medio año te silbaba de reojo, sabiendo que no éramos hace rato y que no íbamos a ser.
Nos conocimos en un verano, luego de años en el mismo cuarto sin hablarnos. 
Nos hablamos, escuché tu voz y pensé: "no sé si le gustaré a esta bestia amazónica".
Luego nos conocimos y fue tan rápido saber que sí, que el tiempo voló bajo los pies.

Cruzamos un invierno amándonos a la distancia, atrincherados en nuestras fronteras neuronales, conformes con sabernos el uno y el otro en la Galaxia. Y el tiempo pasó.
Este segundo invierno ya no estabas, porque te busqué. Y no te vi.
Te extraño; la última vez que hablamos tu clima era una tormenta sin augurios de celeste. Todo negro, todo gris. Y no hubo otra cosa que entender.
Me quedó ese nudo de saber que quizás el camino conducía a la disolución de tu ego que, tan fuertefrágil, parecía conducirse hacia un río alcalino. Porfiado, como mínimo.
Te extraño porque te busco en el Universo y no te puedo ver. No sé dónde ni cómo estás. O, mejor dicho, imagino que estarás, pero me intriga más saber si estás viviendo tu Cuerpo o inmersa en una batalla. O si seguís viviendo la batalla que es tu Cuerpo.

Un "feliz" un poco raro de mi parte, lo sé.
Un poco raro esto de hablarte, ahora en un cuarto vacío; también, lo sé.

¿Qué va? Si me lo quedara sin decir, sería lo mismo. Así quizás algún pájaro cantor transmita estas notas. 
Solo para decirte que te extraño pero, más importante,
Para decirte que te quiero y deseo que estés bien.
Feliz cumpleaños :)

Astronómicamente correcto. - 2016 11 23

En el tiempo soy
Ayer me vi siendo hoy
Y esto lo voy
A haber escrito mañana.

Irse. - 2016 11 8

El río dulce en sus ojos
Su mirada, detrás de las pupilas
Morder fuerte el almohadón.
Morder fuerte, algo tan suave
Morder fuerte el corazón.
La presión que ejerce la libido sobre las venas
Ir y volver, yendo y volviendo
Venimos.

Cuarenta y cuarenta. - 2016 10 25

Para poner el título, pedí que esperaran
A que terminara de imaginar el escenario.
Visualizar los personajes y sus relaciones
Me era imposible saber de antemano quién era quién
Por más que apoyara las manos sobre sus hombros.

Creí ver a alguien ahí y pregunté
Con un suspiro y un exhalar de aire cálido
Con el pasto en la cabeza y los pies hacia adelante
Si el signo de deseo es el infinito
Y la finitud no es la pieza elemental para jugar.

En los aires, los andares se enlentecen
A veces enmudecen el cantar.
Antes del fuego viene la Tierra
De donde surgen las cosas
Y hacia donde se dirigen todas Almas.

Río. - 2016 10 10

Hoy, amo esta lluvia
Las gotas cuentan cuentos
Formando ríos, forman historias
Garabatean la piel terrestre.

Pasta en el pasto. - 2016 10 4

El fuego se convirtió en una pasta naranja
Cálida, un baño caliente;
Una película pegajosa que se quita con el próximo baño
Sin las manos, tratando de no mirar, porque
La pasta lleva la llama de lleno.
Muchas "eles", mucho patear al arco apuntando al travesaño
Mucho saber que no da embadurnar de miel el pasto ni el corredor.
Muchas "emes"; mmmmm... 
La "eme" es una mano y te rodea en un abrazo; se afianza en un suspiro
Cuando hay Alma se queda, reposando, sintiendo cómo la piel cambia de textura y color
...
La forma; lo importante es armonizar la forma.

Entre dos fuegos. - 2016 9 20

De un arrebato, en cámara lenta
Tejiste un nudo en mi cuello con tus brazos
Nada de lo que era había sido pensado
Los rulos lisos, la respiración.
Los nudos que no atan no sofocan
Las riendas, sueltas, andan en libertad
Como este devenir
Entre lo útil y lo amoroso
Entre dos fuegos misteriosos
Que saben de dónde vienen
Y no saben a dónde van.

Mancha. - 2016 9 9

La primavera y el invierno están jugando a la mancha.
"¡Mancha!", sonríe la primavera y brilla el pasto.
Se corretean, se buscan detrás de los árboles y se encuentran.
"¡Mancha!", grita el invierno, en el torbellino dramático de sus últimos días.
Los bosques se convierten en helado y el pasto, catatónico.
"¡Mancha!", susurra, burlona, la primavera. Los pájaros ríen y miran al abatido invierno con sincero hastío.

"¡Mancha!", se impacienta el invierno con el ceño fruncido.
... ¡Y así!

Sonreir. - 2016 9 1

La sonrisa y la risa son dos océanos que se abrazan
Dos tonos de azul, a distinto ritmo
Conversando en un torbellino.

La sonrisa es amar el Mundo
Amar al Mundo
Amor en el Mundo.

Sonrío y es ese estallido de energía, la sonrisa misma. Ese instante de iluminación esporádica, chisporroteante, contagiosa, ese brillo en los ojos que le da nitidez a las pupilas.
Y río. Y esa risa nace de la sonrisa y ese estallido se convierte en una lluvia de energía sobre el Mundo.

La sonrisa es lo primero, como confiar en el amor
Y te sonrío.

Nace. - 2016 8 27

El lenguaje ya es poesía
Tanto como la mirada -al nacer-
En tanto que el aire, que deviene Viento, deviene signo
Deviene alma que acaricia lo Real

La palabra es, en ese sentido, algún alma, algún lente de cámara particular
Y dice cosas sobre el Mundo jugando a que el tiempo es infinito
Porque hablar es, en parte, hacer poesía sobre un "aquí y ahora"
Construir una trama significativa y peculiar sobre la existencia

Nacer es la nimia acción de mirar con intención
La palabra escoge su fruto del árbol
En ese espacio lúdico, elige elegir
Y las cosas se acarician a su paso

Nublado. - 2016 8 20

... cuando, de un sacudón tiránico, el invierno brama fuego blanco.
La primavera pensó que ya era deseo
Y el deseo pensó que ya era amor.
Yo pensé que eras vos
Y ni siquiera soy yo.

Batalla, botella, Botello. - 2016 7 21

Esos silbidos sigilosos que me cantaba el Viento
Hoy cayeron en la tecla
Ahora no hay eñes, ni tildes, ni exclamación.
...
Puntos suspensivos.

Los digo y no te digo. Nos dijimos lo último y sabía que no había siesta ni sueño; no hay más fantasía de encontrarte por ahí y sentir que me caigo hacia atrás por la fuerza y entrega de tu abrazo.

Ahora se cayeron las cortinas. Me dio la sensación que por dentro estás llorando fuego. Pero eso no es lo peor. Lo peor es la sensación de sentir que sentís que está trabada la salida de emergencia. Y que te estás dejando sofocar por el humo cuando podrías escaparte por la ventana.

Eso es lo más angustiante. No es saber que no estás, o que desearte es en vano, porque si te sintiera radiante, así, tan tonto, podría ser feliz. Es sentir que te consumen las llamas y que aceptás ese dolor. 

No hay amor que tolere un centímetro de gilada.
O eso no es amor, amor.

Te escribo así, creyendo pispear el nudo en el ovillo a partir del cual se orquesta este matete. Y mirándote con la misma cara que te dije: "Porfa, cuidate...".

Ojalá el iluso sea yo y todo esto sea un teatro de mi ego para lidiar con este misterio con sabor a duelo que me lleva adelante del pulso.
El detalle es que, aún sin vernos, vi tu mirada de resignación. Te vi viendo la salida y eligiendo quedarte. Y eso solo lo elegís vos, aunque paradójicamente sienta que te lleva a la destrucción.

No sé cómo terminar porque no quiero.
Sabiendo que esto es comer sin sal y que el café se enfrío hace rato,
El licor en las botellas estacionadas se pudrió por la amargura
De sentir que elegís hacerte mal
Y tener que aceptarlo.



Eñe. - 2016 7 19

Hace exactamente un mes que pasó algo por acá.
Y hace un mes que las letras se me fueron de vacaciones.
Las tuve que usar de leña para el fuego de mi Cuerpo, que en invierno baja las persianas.
Vestirme de violeta está ayudando; o son las canas quienes, a medida que entro en años, van sintiéndose más confianzudas.
Son las canas y los años, el violeta y la leña.
La leña estacionada, que chisporrotea lo justo y necesario antes de bramar.
Este frío es una espada sobre la columna.
Y esto me recuerda que, del invierno, siempre salgo amando.

Azul naranja. - 2016 6 19

Mi jardín está lleno de hojas
Mi conciencia, de música y
Mi vida, de amigos.
Algunas hojas se hacen amigas de la tierra,
Algo de esa música hace bailar al aire y con
Varios de esos amigos construimos varios fuegos.
Algunos fuegos nacen con madera y carbón
Otros, con tambores y silencios
Otros, con miradas y abrazos.
Muchos se construyen espontáneamente cuando las llamas se conocen.
El fuego, ferviente compañero del invierno, somos todos estos "-otros" que tejemos esta manta de energía que nos acobija bajo el cielo frío y azul. 

Siete contra nadie. - 2016 5 31

Saltar independientemente con las piernas.
Una locura que lleva a otra locura, que finalmente se engrana, para volver a perderse.
Una cama al lado de otra cama; rodar hasta encontrarse, para no volver a verse.
El amor es este río que se encuentra, a destiempo, en el precipicio de la pera.
Acá, en el aire, es difícil saltar. Con las piernas a destiempo uno se condena a irse de lado. Y los momentos de cordura no alcanzan a enfilar la docena de patitos que viene con uno de regalo. Pero tiene que ser de carne o de jamón y queso.
Saltar, saltar, sabiendo que uno se fue y que -al menos por un instante- volverá.
Soñar y soñar, que jugamos a encontrarnos correteando alrededor del telón de un teatro digital.
...
Digital.

Preguntas entre paréntesis. - 2016 5 10

Hoy di con el alba, te imaginé en un café con licor. 
O un licor con café.
(Ahora sabés que sos vos).
No sé si estás; honestamente, no lo sé,
Pero los juegos y yo llegamos hasta la almohada. 
Para mí estás, hasta el día que me mandes a emborracharme de lluvia.

Esta incertidumbre la vi hoy, en las nubes que azotaron, grises, la esperanza.
Sin embargo, está la calma. Porque este lazo es claro como el agua.
Como mi locura; mística e inocente.
Y a cada paso que doy en este camino de baldosas flojas, si no te veo, te imagino.
Y cada vez sonrío un poco más en la cabeza.
En la mente.
Desde la mente.
De la mente.
(Ya sabemos a dónde va esto).

...

Sabé que, en do-re-mí, estás.
... Y que, cada día, el moño aumenta su tempo de rotación interestelar.
Intergaláctico.
Intergatoláctico.
Intergalactosiláctico.
Interg--ok, se entendió.

(Igual, entre nosotros: yo sé que no sé porque siento que ya no. Pero no le cuentes a nadie, para eso estoy yo).

Lugares que empiezan con "hache". - 2016 5 9

Lugares que empiezan con "hache".
Escenarios en donde lo primero, o la entrada, es el silencio.
La entrada no es en sí una puerta -aunque puede serlo-, más bien es un momento;
Un momento introductorio, un abrir de párpados -un volar de pájaros; la pupila calibrando su dilatación, cual lente.
Ese primer latido del corazón, que tiembla y redobla su apuesta un milímetro delante del pulso.
Ese primer acorde de la canción, que te invita a una sonrisa.
Te invita, te la da, no te la saca; no. 
Y si te la saca es por un ratito. Y te avisa: "es tuya, ahora vuelve; es jugar".
Es jugar, en esa "hache" muda, que encabeza esta legión de vaivenes amarillos.
La "hache" se dedica a jugar en esos rincones misteriosos donde, de pequeños, veíamos una sombra. Donde la pupila no quería dilatarse, donde optamos por no prender una vela y jugamos a las escondidas a ciegas.
De entradas, de rincones, de sonrisas y vaivenes.
De acordes que te miran desde el techo, de lugares a los que vamos sin caminar.

Ser Sol. - 2016 4 19

Hoy me encontré con el Sol en la mirada.
Hace unas nubes que me vengo viendo,
Sereno, observando cómo, tras la tormenta, mantengo cierto brillo
Honestamente, no sé cómo ni de dónde viene.
Ser se siente bien.

Té. - 2016 4 19

Soñar con vos y despertar.
No te alarmes, no estás en mí, pero tengo que contarte
Que hoy a la mañana te vi
Tomando té de zanahoria bajo la frazada;
Cantando las notas que rechina tu cama.
No te preocupes
No quiero algo
Tomate el té
Con eso alcanza.

Y alcanza. - 2016 4 19

Cuesta abajo de mi montaña,
Mantengo el brillo de la mirada
Un enigma, mantener la temple
Con estas nubes.

Alcanza. - 2016 4 19

La sonrisa, su sonrisa
Y el diálogo sutil entre sus miradas
Esos abrazos, de Cuerpo a Cuerpo
Esa energía, a la distancia
Alcanza.

Doula. - 2016 4 18/9

Este escrito es para un "vos" que ya no está,
De un "mí" que no quería que volviera.
Vos no lo vas a leer, porque "vos" ya no volvés,
Y porque el "mí" que ahora soy yo enloquece frente a este espejo,
Ahogándose entre notas y miradas.

Este río; no distingo su color.
Alguna vez fue rosa, fluorescente; alguna vez fue la luna y nos iluminó a través de tus cortinas.

Yo me fui y vos te fuiste y después volvimos, para volver a irnos. Te fuiste vos y yo me quedé; 
Sentado en la estación, desorbitado, implorando no añorar.
Dejé pasar el siguiente tren y me tomé otro ramal, porque no pude no desear... y olvidé sacar boleto.

Hace poco nos leí y me sentí amargo; el Universo siempre es hacia adelante.
Sentí dolor y responsabilidad; sentí ganas de abrazarte y decirte que te quiero, pero estás en otro lugar. 
Y a ese lugar, hoy, este "mí", que soy yo, lo siente inalcanzable.

Instrucciones de tres pasos para abrir la puerta de un espejo. - 2016 4 5

Abril y el Sol;
Esa yema aún cremosa, que en un mes se habrá hecho arena.
¿Por qué, en estos años, este interludio?
Para colmo, sin tablero de ajedrez.
(Rotar el Mundo de norte a oeste; preparación).

La nada estalla y en sus ojos sobresalen nubes grises
Te miran -y las cortinas te abrazan-.
Te atás al Viento
Y te vas.
(Resignación).

Los atardeceres son la noche, 
Las virtudes de anteayer están en vilo.
Desconocen dónde existen.
(Confusión).

Los sueños alargan mis distancias
Al despertar me desentiendo y me vuelvo a dormir
Ya no sé.

Nada por acá. - 2016 3 31


¿Qué sucede en este otoño?
¿Cómo caen las alas sobre esta Tierra?
La ventisca y la piel charlan breve.
Los árboles se amuchan y cuchichean entre sí.
Los bosques, en otoño, son un misterio.
Los bosques, en sí, son un misterio.
Nosotros -y nuestras alas- somos un misterio
Y volar en otoño son esas hojas, que se caen y ya no dicen.
Volemos por los bosques mientras el frío deshoja este follaje.
Aterrizar en cualquier lugar y convertirse en árbol.
"Amuchar" es amar mucho.
Las alas vuelven a la Tierra
Y eso también es amor.


(Bosque de álamos. Malargüe, Mendoza, 2009).

Mil docientos. - 2016 3 29

Ayer a las cinco de la tarde llegué a Buenos Aires desde Malargüe. Viajé a dedo. Mil docientos kilómetros en algo así como una docena y media de dedos. 
Veintisiete horas. Pensé iban a ser menos. También, en algún momento, pensé que no llegaba. Llegué.
Hacer dedo es hablar un lenguaje existencial. En total soledad, en la ruta, a la deriva de la voluntad de un alguien. Un alguien que nunca se sabe quién es hasta que aparece. Ese lapso de desconocimiento total, exactamente eso es el dedo. La nada misma. El tiempo. El Sol. De vuelta, la nada. Y de vuelta, el Sol. Nada puede remarcar lo incisiva que es la presencia del Sol en la Tierra estando totalmente solo, al lado de una ruta descampada, sin ningún tipo de esperanza.
Hay mucho para escribir sobre hacer dedo. No era la primera vez que hacía pero sí fue la segunda vez que hice este exacto recorrido. La primera fue en el 2008. Algo de esta aventura buscaba rememorar y reeditar ese dedo histórico -llegué casi en el tiempo que hubiera tardado tomándome un micro-.  
Este dedo no fue mágico, fue un total misterio. Me sentí perdido dos o tres veces. "Perdido" es el momento donde ya no hay posibilidad de plan B. Una vez que entré en provincia de Buenos Aires, la cosa se puso densa en serio. Dedos que te dejan en lugares de mierda pero que aceptás gustoso porque no tenés otra. Caminar seis kilómetros una ciudad en donde sabés que realmente pueden no levantarte nunca. Con el Sol ladrándote en la cara y el incipiente delirio de que las decenas de autos que pasan y no te levantan se ríen de vos. 
Dedos de 350km, dedos de 1km. 
Dedos inversos. Esa sí que no me había pasado. Estar descansando en una estación de servicio a la una de la mañana y que un camionero venga a ofrecer llevarme a cambio de unos mates y horas de charla. Sí, por favor.
Los más gloriosos fueron el primero y el último. El primero fueron dos flacos músicos que me llevaron de Malargüe a San Rafael. Golazo de media cancha. El último fue en una situación crítica. 
Eran las once de la mañana de ayer, me habían dejado en la entrada a un pueblo llamado Tres Sargentos, ya en provincia de Buenos Aires. Era la completa nada, no había árboles, solo una curva filosa a un kilómetro que era toda mi esperanza. El Sol ya se había empachado de mí y venía de una seguidilla de dedos cortos donde estaba más tiempo esperando y saboreando ripio que viajando. Por lo tanto, mi mente estaba obstinada en que al Gran Buenos Aires no llegaba nunca más. Que cada dedo iba a ser más corto y me iba a dejar en lugares cada vez más de mierda. Fue interesante ver cómo con todos esos delirios encima, mi existencia desembocaba en que, de todos modos, tenía que estar ahí. Que había decidido estar ahí. Que quería estar ahí, viviendo esa pequeña locura rutera. Cuestión que para el último dedo paró un camión. Los camiones no suelen parar en la ruta. Se abre la puerta, me pregunta a donde voy. "A Carmen de Areco, a Luján, a Mercedes, a Buenos Aires, a donde sea que vayas". Se sonríe de mi desesperación, me mira y me dice "voy a Buenos Aires, subí". Gloria. El viaje fue un tedio. El chabón no paraba de hablar y su ideología existencial y política me dieron cáncer de oreja, al punto de pensar en bajarme antes para dejar de fumármelo. Pero seguí, por supuesto que seguí. 
El peor fue el dedo que hice a Junín. En el libro sobre hacer dedo en Argentina debería haber un capítulo escrito con tinta roja dedicado a ilustrar las bondades de NO hacer dedo en Junín. En el 2008 zafé. Esta vez no. Nunca más. En Lincoln me levantó un camión que iba literalmente a 40km/h. Hay que ser agradecido de todos los dedos pero, por un malentedido, en el momento que me subí sabía que había tomado una mala decisión. El camión me iba a dejar en un lugar pésimo e iba a tener que caminar muchísimo para llegar a un lugar donde seguramente ni siquiera me iban a a levantar. El hecho de que fuera a paso de tortuga empeoraba todo. Ver docenas de autos y camiones pasándonos. Pero faltaba la frutilla del postre: a mitad de camino le explotó una rueda. Yo, dicotomizado: "debería quedarme a ayudarlo para cambiar la rueda, al fin y al cabo él me levantó, pero me quiero ir a la reverenda mierda y que me levante un auto que vaya a 150km/h". Para mi suerte, el desenlace fue mucho peor: "seguimos con la rueda pinchada". ¿Qué es más tedioso que ir a 40km/h? Ir a 30km/h. Fue eterno. Y llegar a destino fue una patada en el culo. "Acabo de invertir dos horas de mi viaje para hacer 60km y que me dejen en un lugar donde voy a tener que caminar otra hora para seguramente esperar un par de horas más hasta que alguien se digne a levantarme en un lugar donde está prohibido parar". Y, de vuelta, lo bueno de no tener otro plan es que toda esa locura que uno vive se diluye y sedimenta en la inevitable decisión de mantenerse despierto, erguido, con el brazo y el pulgar en alto.
Y el mejor dedo fue de General Alvear a Realicó. El trayecto que hay de Alvear a Realicó es tierra de nadie, son más de 300km, se estaba avecinando la noche y cualquier dedo corto era una condena al infierno. Todas mis fichas estaban puestas en que me levantara alguien que fuera a Realicó. Para mi suerte, el primer auto que paró iba para allá. Un señor que gustaba tanto de la velocidad como de la comida. Me bajé con dos litros de mate encima y consejos para hacer conservas de tomates. Rechoncho.
De todas las experiencias de dedo se aprenden cosas. Esta fue, hasta hoy, la experiencia más tediosa. Pero honestamente, si me preguntan: lo volvería a hacer.
La foto es en Lincoln, ayer a las siete de la mañana. Estaba desayunando tierra y, sin saberlo, le saqué una foto al bendito camión de los 30km/h que me dejó en las puertas del infierno. 

Enarbolado. - 2016 3 23

En tanto veo y escucho la llanura, el silencio del valle, la transparencia del aire, cualquier cosa es algo que baila con ello. Cualquier línea, sonido, cualquier gesto o movimiento. 
En tanto estoy en dicha "nada", relajarme sabiendo que cualquier cosa va a empezar a "ser" per se. Un par de gotas no inundan el desierto pero pueden ser suficientes para hacer germinar una semilla.
Esa semilla puede no ser la semilla definitiva; lo importante es que ya es "algo" y ese algo ramifica.
Cuando el tallo haya ramificado y crecido lo suficiente, voy a tener un árbol. Cada vez que pienso e imagino, lo estoy regando.
Ese árbol podrá dar frutos o flores en segundos, días o años. Puede pasar un invierno eterno echado en un sillón. Nunca hay apuro.
Este camino es uno de los caminos posibles para crear cualquier cosa.
Entre otras cosas, este camino me gusta porque anda sin apuros, porque puedo cultivar todos los árboles que quiera; porque los árboles me esperan y, si un día decido hacerlos leña, me sonríen y se dejan hacer fuego. 
Todo esto juega y fomenta justamente eso; el desarrollo de mi capacidad de salir a caminar por el desierto, mirar la llanura y plantar árboles con cada parpadeo, respiro a respiro, silencio tras silencio.

SHIN. - 2016 3 9

Prejuicios babosos. 
Me pongo enfrente mío para mirarme sin espejos.
Los párpados se caen en armonía con las hojas de este árbol que no piensa.
Mira cosas; no las observa. No las ve. Las nota sin anotarlas. 
Nunca usaría una bermuda de jean.
No sé bien qué tienen, además de un cartel enorme que, en mi cabeza, pide que no.
Y si bien no soy un wachiturro, tengo alma de cabeza.
... Y cero miedo de atar las cosas con alambre.
Así, un día, casi me clavo una semicorchea en el ojo.
Todavía no aprendo a verlas.
Se me va el pulso por la barranca y -aunque confluya hacia el desagüe pluvial- los árboles crecen con hojas de color raro.
No es el otoño y no hay arroz con pimentón.
Hay algo de amor -aún-.

Respirar otoño. - 2016 3 1

Respirar otoño.
Hondo, húmedo y gris; las nubes filtran algo de estos rayos. Del Sol, que reflecta otros hacia sí. Y reflexiona.
Hay algo de luz en este asfalto semi derretido.
Las hojas meditan mientras nosotros todavía no nos vimos.
En lo que fue febrero lo intentamos; ahora los árboles tejen sus abrigos.
Vino marzo, quizás venga abril.
Todavía no nos vimos.
Toda la vida no nos vimos, hasta ayer.

Cuestión de marcos. - 2016 2 24

Cualquier lugar. Empezar por cualquier lugar. 
El enredo no tiene filo, ni principio, ni final. 
Son los rulos que se atan entre sí.
Entre los días de la semana, a través de las horas; de estos minutos y segundos que se prestan como excusa para encadenarse, enarbolados, a la oda a lo infinito.
Entre los dedos de la sombra, que te busca a través del eco que genera el agujero que provoca callar a la luna.
Entre enredos y en cualquier lugar; te subiste al 60, ramal Möbius... y no supiste más.
Para cambiar la situación, diste un salto adelante desde una pintura, enmarcada, que dormía una siesta, sana y salva, sobre el piso.
Estos marcos; estos marcos y estas cintas; estas dimensiones. Estos días y estas noches que se solapan. Y esta pintura que se empieza a secar.

Canas van, canas vienen. - 2016 2 10

Hace unos días viniste a mi puerta.
No me dijiste algo, pero algo me dijiste
Y es que no ibas
A venir
Más.

En ese momento yo no supe demasiado. No es necesario saber qué hay detrás de una ausencia.
Ni tampoco necesariamente importante. 

El timbre no andaba. Yo tampoco.
Me pegué con cinta scotch el oído a la pared.
Del otro lado
Ruido a agua
Platos sucios.

No es que no importe. Ni que no extrañe tu presencia. Es que todo estuvo claro desde el primer día y, de esa manera, no hay por qué saber. Preguntarme sí.

En una pregunta con un signo de apertura y nada más. 
El resto lo tiene un aire
Que no se escucha
Porque el timbre no anda
Y vos también.

¿Estás

Bien. - 2016 2 6

El Viento es mi aliado.
El Viento es mi aliado inconmensurable. No puedo decir cuánto es pero puedo decir a dónde va; a dónde me lleva, a qué me incita.

El Viento es mi aliado sigiloso. No puedo -ni quiero- controlarlo, más bien fluir a través de él como un ave. Acobijarme honrado en su tempestad -a veces sigilosa-, agradecerle el viaje y que me lleve a donde le pinte.

El Viento no es mío pero es parte amorosa de este Fuego que hierve en mí. Lo cuida, lo avala, lo honra, lo protege, lo alienta y también lo apaga.

El Viento no me pide permiso. Yo le pido permiso al Viento para viajar en él.
Para moverme en el Mundo desde un suspiro, 
Para nada(r) en particular; para volar, en este Viento. 

Dentro de las columnas. - 2016 2 3

Las cosas existen en movimiento.
Estas letras existen porque se mueven, en algo que se mueve, en otra cosa que se mueve. Enfrente tuyo, que te movés. Aunque estés en la quietud.

El otro día alguien decía, con una mueca, que el tiempo no existe. Y tiene razón. Lo que existe es el movimiento y la memoria. Y eso configura algo que es, en cierta medida, un devenir.
Una inscripción mnémica. Algo en la conciencia que data un "sucedió".
¿Qué es el presente, en ese sentido?

Puede ser el "acá" (lo cual implica, inevitablemente, un "ahora"). 
El presente, entonces, como espacialidad.
El espacio en tanto textura atómica danzante (porque, de nuevo, las cosas existen en movimiento).

¿Y qué es moverse? Es estar "un poco más acá que allá".
¿Y dónde es allá? En esa espacialidad donde reside relativamente más distante a mí que otro punto que convengo más próximo. Esa espacialidad es el Mundo.

Presente es Mundo, Mundo es tierra y tierra es textura sedimentada.
Pero no nos hagamos demasiado los piolas, porque también existe el Viento.
Y el Viento viene (y va -de "acá" a "allá"-), en una letra de Manu Chao, llevando tierra. Llevando Tierra. Llevando a la Tierra de "acá" a "allá".

El presente se mueve -como estos átomos que se mueven- para sostener la existencia en nuestra conciencia de este tejido llamado Mundo.

Nueve días no hacen falta. - 2016 1 21

Estás donde menos te ves.
En el lugar más recóndito -y si es posible, en el sótano-.
Un curso que te enseñe a lidiar con quien menos podés.
Una ofrenda, unos binoculares curvos, un espejo atado a otro espejo.

Mañana. ¿Quién vas a ser mientras te bañes?
Mediodía. Los viernes todo vale.
Tarde. Pasadas las cuatro, la gota de sudor se llena de sal. De Sol. De sal.
Noche. Llegó la noche.
Y pasan los días.

...

Pasan los días y, admitámoslo; no hay mucho que haga falta. 
Una palabra, o dos, o tres. ¿Una coma? Puede ser, quizás, tal vez.
¿Una rima? Ocasional, esporádica, ya lo ves.
¿Cómo terminar esta cuestión sin algo?
Volviendo al inicio, en ausencia de final; nueves días no hacen falta.

Triple-pé. - 2016 1 12

Sánguches de miga. Casi la segunda quincena de enero y no vi un solo sánguche de miga.
No hay derecho. Hay necesidad. No hay apego. Hay deseo.
Pero no los veo.
Miro al Cielo y veo fetas voladoras de jamón. Llueven cubos. De esos cubos que encontrás en las bandejas de telgopor de cualquier 'chino'. ¿Esas que te generan desconfianza? Sí, esas.
Yo no quiero cubos de jamón. Quiero, como mínimo, la feta. Y si puede ser el pedazo entero, mejor.
El agua es queso. aMarillo.
Tantos juegos de palabras posibles.
A mar.
Amar.
A la mar.
Amarillo.
Amar y yo.
Resulta que el queso es la declaración de una temática sobre la cual, presuntamente, hay cosas para elaborar sobre la forma en que me relaciono con la acción de amar. 
... Y yo que tan solo quería jamón y queso.

El pan es lo de menos pero, si no está, no hay sánguche.
Y ese pan, esa espumosa miga, ese terciopelo al paladar, es único.
Único, como los sánguches de miga.

Nadie hablando sobre un sánguche de miga.
Yo tampoco.
Estoy escribiendo sobre ellos, mas no estoy hablando sobre ellos.
Estoy diciendo sobre ellos, pero... ¿¡Para qué tanto!? 
Todo esto habla de vos.