Tépsticos. - 2015 9 17

Los peligros de asomarse a un vacío.
Los peligros de asomarse a un vacío radican en distintas cosas.
Un vacío es un no lugar. Un espacio desplazado.
Un colador cuyos agujeros son tan grandes que ya ni siquiera funciona como tal.
"Vacío es no tener fuerzas para seguir".
Yo no lo dije. Lo acabo de escuchar.

El vacío puede estar lleno. Y ese puede ser uno de los peligros del vacío. 
Uno se tira, pensando que su recorrido dispone, como mínimo, de algún tramo de incertidumbre previa al supuesto rebote que lo impulsa (en caso que la pileta esté llena -o los globos, bien inflados-).
Pocas cosas des-preparan más que un vacío que está lleno.
Un bostezo a medio camino. Con un dedo en la boca.
Un estornudo sin ganas.

Escribir, es, en cierta medida, asomarse al vacío que yace acá abajo, en esta hoja que nunca termina; que no bosteza; que no camina.
Esta hoja que está acá, por siempre, porque -por más que la llene- mañana amanece vacía.
Cuando escriba demasiado rápido, seguramente no se me entienda la letra. Ni el significado.
Como ahora.