K(no)w. - 2015 8 26

Un pájaro vuela de un ventanal a una ventana.
Va y viene, idas y vueltas, vino y se fue. 
Reconstruye el nido en otro lugar; no muy distante -ni muy extraño-.
Cruzó la vereda, esa ventana es más pequeña pero recibe más Sol.
Y el pájaro elige. Y anida.

El amor se condimenta. Donde no aparece, quizás igual está. O sigue. En otra ventana.
Lo que no terminó no puede volver porque nunca se fue.
Y si volviera, no sabría dónde está, porque nunca se fue.
Y aunque vuelva, nunca se fue y es imposible saber dónde está.

Este amor está entre paréntesis, en un lugar que existe y por ahora no aparece.
El pájaro se fue a volar; los pájaros vuelan sin tiempo.
Un mínimo de esfuerzo por burlar la (realidad de la) gravedad es suficiente para saber que el Mundo sigue ahí, aún cuando uno se cree por fuera del mismo (sabiendo que está dentro, bien adentro).

Los nidos cambian de lugar, el amor también
Y no sabemos dónde está -porque nunca se fue-.