Vacío institucional. - 2015 5 15

Difícil volver atrás el tiempo y, ante todo, ¿para qué dar vuelta los sucesos?
En este manicomio mental las barreras son de cartón.
Salimos a buscarlo a partir del mediodía, para que el Sol nos pegue más y mejor en la pelada.
Tenemos un orden jerárquico que se resquebraja a cada instante.
Cantamos en inglés y susurramos en español.
Y quemamos las paredes para intoxicarnos con el humo. Eso sí, la gente que viene a visitar siempre tiene tiempo de salir sana y salva.
Borramos los bordes y quedamos expuestos a la insignificancia.
Sin márgenes que contengan el derrotero de nuestros delirios.
Todo se hace posible y, teniendo en cuenta que esta ensalada no usa solo vegetales de estación, el guión que encamina nuestras acciones se difumina y se convierte en sal. 
Difícil agarrarnos de algún lazo o cable o soga náutica; no hay mar, los cables nos van a cagar a patadas y corremos el estúpido riesgo de anudar los lazos a nuestras extremidades -o cuello- y no poder más con nuestras vidas.
Las ideas se nos acaban porque una idea es algo que tiene algo de sentido y estructura.
Y a nosotros nos está pintando despertarnos a cualquier hora y mover la única estructura más o menos confiable en nuestras vidas en márgenes medianamente aceptables para unos pocos.
No sabemos existir. No significa que no queramos hacerlo.
Estamos asumiendo el asunto con cantidades industriales de soda.
Los pliegues de la empanada no cierran así que hacemos lo que podemos.
Jugamos con los dobleces y el relleno queda corto.
Eso sí, salen bien cocinadas. Y están ricas.
Pero sabemos que falta.
Falta repulgue.
Faltan cosas.