Seis peéme. - 2015 4 27

Este mes está quedando corto.
Corta temprano, baja la persiana de metal.
El horario de atención se ve interrumpido por fuerzas que se desentienden de las responsabilidades cotidianas.
El Sol pega fuerte y derrite las neuronas.
Empezar una semana sintiendo que uno ya terminó.
Ya terminó la existencia, en un ciclo de morir y revivir cada ocho horas.
Despertar y saber que uno sigue dormido; entre paréntesis, acobijado, con la almohada pegada al botón de pausa. Sin conocer la melodía.
Algo bueno es saber que los días comienzan y terminan cuando uno quiere. 
Aún con la luz a media asta y las expectativas puestas en el futuro medianamente cercano.
Un sentido ante la vida es, siempre, sentir que uno está vivo.
Todo lo demás se puede ver en el camino.
Y nada mejor -para eso- que sentir que uno muere a cada rato.
Seis y dos.