Las papas. - 2015 4 15

Las papas; si algo, no son cuestión de minutos. Llevan su tiempo en la espesura granulada de la Tierra y, de mismo modo, se toman su tiempo con el fuego y el agua. Con el aire no tienen demasiado trato -será porque permanecen buena parte de sus vidas bajo tierra-. La fina capa de piel y tierra las mantiene aisladas en indiferencia.

¿Cómo una cosa tan dura puede llegar a ser algo tan tierno?

Agua, calor y sal.
Y quizás, después, un poco de aceite.
Las cosas que crecen por debajo del nivel del suelo saben acoger el paladar sin demasiado esfuerzo.
Crecen y nacen haciéndose lugar minuciosamente. Consumen la tierra y los minerales en forma noble y aprovechadora. 

Las papas son fáciles. Son cuestión de enterrar cuestiones y dejarlas Ser durante un tiempo. Y las cosas que son fáciles están hechas -o siempre pueden ser acompañadas- de papa. 

La papa con cáscara es una experiencia singular.
Experimentar el gusto del suelo; su cáscara y sus nutrientes. Su piel, capa protectora que la separó y la nutrió de realidad. La capa de la papa como sistema perceptivo. 
El ego pasado por agua caliente y salada también se ablanda. Como mínimo, se relaja. Deja ir algún que otro nódulo tensional. Se desprende de algún brote que comenzaba a gritar "¡Guerra!" de manera apresurada.
Eso; en agua caliente, un rato. Y quizás, después, un poco de aceite.