Gracias, paso. - 2015 4 26

El rol del Estado es insuficiente e inevitable.
Nuestra existencia está adscrita al funcionamiento de un ente creado para mantenernos dentro de ciertos parámetros de decisiones.
Es difícil no existir para el Estado.
Existir sin credenciales.
Ser sin documentación.
Hay que identificar a esta persona.
Crear un estofado con las decisiones que uno tomar para elegir a quienes quiere que vayan a tomar decisiones que afectan a una gran población de personas exentas de la posibilidad de tomar una decisión.
Elegir, en mi caso, está completamente por fuera de lo que me conviene. La conveniencia, a mi criterio, crea la ridiculez de remar hacia los costados, haciendo que el bote rote en su lugar. 
Yo no quiero converger ni convenir; quiero lo que creo es mejor para la mayor parte de la población que tiene las necesidades más inminentes. Es decir, alguien que trabaje desde necesidades insatisfechas hacia arriba. Y, por supuesto, alguien que levante, porque siempre pueden traerte pescado fresco a cambio de quedarte quieto.
Una sincronía con la ilusión de querer crear un estado de equilibrio de fuerzas que pugnan para salirse, siempre, con la suya. 
En la mesa a la que fui a votar cumplían su trabajo dos autoridades de mesa que resaltaban, en sus planillas, los nombres de los votantes, cada una con su resaltador: uno amarillo, el otro celeste. 
Las estrategias de adhesividad se inmiscuyen en forma siniestra y perversa -y se nos escapa, siempre, la mayor parte-. Adhesividad, porque es atornillarte un concepto en la cabeza. Una idea de un plano de construcción de algo cuya forma y funcionalidad todavía desconocés. Y quizás nunca conozcas. 
Elegir en sincronía es una opción. O no elegir. O elegir sin elegir. 
Gracias, paso.