De presiones descendentes . - 2015 4 4

Hace mucho tiempo conocí a alguien que disfrutaba sentirse mal.
"Nadie me conoce", "nadie entiende lo que me pasa".
Algo me quedó de ese vínculo: es muy difícil ser feliz con alguien que sentís no quiere serlo.
Y lo más difícil no es intentarlo: es sentir eso, que la otra persona tiene un agujero inconciente que la lleva hacia un abismo del cual no puede -ni quiere- salir.
Y vos no la podés sacar.
Primero, porque no sos quién.
Segundo, porque no tenés las herramientas.
Tercero, porque para sacarla te tenés que enterrar vos.

A mí me pasa eso.
No pretendo sacar a alguien de algún lado.
Pero sí me gusta empujar un poquito, tratar de generar algo que sea distinto.
No soy quién. Y tampoco lo puedo evitar. 
Tengo que aprender que soy demasiado permeable a la energía de los demás.
Que es inevitable tener puntos ciegos.
Tengo que aprender lo tercero. Que no puedo evitar enterrarme.
Que la tristeza me hace mal.
Que desear la Muerte no es para mí.
Que no quiero que el Mundo desaparezca.

No sé dónde queda la próxima parada.
Cuando me reconozca en alguna esquina de la ciudad voy a bajar a preguntarme qué me tomo desde ahí.

Estoy rogando que el abismo no la deje ciega
Y que, si se va, se vaya a algún lado y no a ningún lugar.