Cuatro horas y lo que quede del Sol en tu ventana. - 2015 4 23

En el piso todos bailamos. 
¿Qué importa a cuánto centímetros del suelo?
Estas palabras brotan desde una existencia calesística.
Una Mente menta vueltas inventando viajes aventureros neuronales.

Hoy me caigo y me levanto al compás del ritmo.
Hoy los oídos sirven para escuchar las cosas que no podemos ver.
Y mañana también.

El sonido es algo perezoso; nomás rebota un par de veces y ya pierde el rumbo; como nosotros, que nos la damos en la pera cada vez que salimos a preguntarle cosas a nuestro interior.
El atardecer se está haciendo eco en esta melodía climatológica.
Suben los eclipses y se enfilan en cadencias recalculadas de imprevisto.
El Sol se va en el último eco de un trombón.
El otro día fueron tres "yace". Hoy "eco" hace eco. Cuatro.
Las ventanas de mi cabeza están abiertas, oxigenándome la mirada.
Soplando las nubes que me corren por derecha y por izquierda en actitud tiránica, con el ceño fruncido, con las piernas en forma de patadas.
El sonido se está yendo con el Sol y la conciencia despega a lugares donde no sabés cómo se llama el Mundo.

Hace muchos años tenía la costumbre de anunciar mi retirada en forma pronosticada. "Creo que en un rato me voy yendo". 
Innecesariedad y redundancia.
Antes de apagarte, apagá la luz.