Abrir. - 2015 4 1

Uno.
Tomar conciencia sobre el paso del tiempo.
Anidar los hechos de la vida cotidiana en árboles que se suceden, formando hileras, formando tejidos verdes.
La memoria como un bosque perenne; cada hoja es una imagen, cada árbol, un recuerdo.
En un abrir y cerrar de ojos nos dimos cuenta que somos sin saber.
Acá estamos hoy, en este bosque; a la sombra, cebando misterios espiralados.

Dos.
Tomamos nuestras manos.
Vos las apoyaste sobre el corazón. Yo, sobre la espalda.
Un agujero en un árbol es materia de interpretación.
Hoy no estamos, se te fue la mano. Me agarraste el codo.
Un agujero no siempre busca algo.

Tres.
Nunca vamos a entender por qué
Nos pusimos de acuerdo en mirarnos a los ojos.
Yo deseo una sola cosa; reír con vos.
Dejar que nuestros puntos de encaje floten, fluyan, elonguen y bailen.

Cuatro.
Llegó abril cuando pensé que marzo no se iba.
Llegó abril cuando pensé que vos te ibas.
Se fue marzo y pensé que yo me iba.
Y me fui.
Me fui a pensar en movimiento. A sobrevolar las hojas.

A preguntarle a las perennes si necesitan algo.
A asistir a las hojas que cierran los ojos.
A ver cómo se abre el horizonte visual ahora que el bosque está más flaco.
La realidad recrudece al frío. Y prolifera cierta libertad mental: la de saber que las cosas son de determinado modo. Dejar que las hojas que quieren caer caigan. No atajarlas con la mano. Que se apelmacen sobre el piso. Que generen un colchón de imágenes. Ya no son más recuerdos. 
Lo Real se afianza en el tejido granulado de la Tierra. Cuerpo que se sumerge en el Cuerpo. Superficie naranja. Abrazarse con la Muerte y preguntarle si quiere algo antes de partir. 
La Muerte sonríe y acepta. Té.

Morir no fue tan grave.
Marzo tampoco.