A las napas. - 2015 4 23

Evitá ponerte a fumar en las profundidades.
El agua y el humo se llevan espeluznantemente densos.

Una densidad que le inyecta burbujas de plástico a tus ojos.
Rellena el espacio entre iris y pupila, se hincha y te bloquea la visión.
No vas a ponerte a pinchar esas burbujas con los dedos.
Hoy es jueves y empezaste a mover los brazos tarde.
Te acostaste tarde.
Despertaste más tarde aún.
Alguien se preguntó si seguías ahí. No te lo preguntó a vos.
No te lo preguntan, si estás o te fuiste a algún lado.
No pudiste evitar prenderte un pucho, guardar toda la nicotina que puedas en el agujero que generan tus ojeras. Abrirte las bolsas, ponerles cierre, cerrarlas con agujas, abotonarlas. Que tus ojos se vayan a la mierda. Y no vuelvan.

El día te despertó y vos soñaste que te habías ido. Soñaste con cosas que iban a pasar -y están pasando- pero no necesitás develar ningún misterio. No sabés adivinar el futuro. Algunas cosas te llegan de manera anticipada, las ves navegar en tu conciencia y -si bien no hacés foco- sabés que son plausibles de ser. Ayer te pasó. Hoy también. Mañana no sabés. Quizás no vuelvas. 

El Cuerpo se te está acostumbrando a morir cada jueves por la noche. ¿Qué le vas a hacer? Estás ahí y todo el mundo garpa. Y vos no podés culparte de ser un agente de la inmundicia. Quizás no vuelvas.