Estás leyendo con la voz de tu conciencia. - 2015 4 30

Esferas harináceas. - 2015 4 30

Amanecer, redondeles y ojos que hacen zoom.

El aire descansa de un sacudón. Las voces, inquietas, debaten cómo lidiar con toda esta energía en este espacio semi-cuadrado. 
¿Salirse de esta estructura? ¿Cómo elegir algo que no conviene?
Los músculos mantienen su temperamento al ver que todo recircula y que -por ahora- no hay pérdidas innecesarias. 
Se cayó algo dentro del salero. Ahora no sale. Y el salero ya no sala.
Algo se metió hasta las rodillas y aspiró. Hablar sobre los últimos soles, que son párpados, que son siesta, que son gris y marrón.

A este descenso,
-Frío-
Otoñizarlo.

Seis peéme. Los colores de las cosas. - 2015 4 30

El sábado me pareció que mi Cuerpo se movía más allá de mí.
Lo noté, lo notamos, vi las hojas de una planta aledaña riéndose del Sol y entredije, en voz baja, que el aire es invisible y que hay misterios del Mundo que no se cocinan al horno.
Un bloqueo en la escritura te paraliza frente a la inmensidad blanca. El blanco representa la potencialidad del espacio, la espesura y profundidad de la Nada que te envuelve.
Un veneno que te paraliza por un rato y, si lográs escaparle y sobrevivir al tiempo en que perdura su efecto, el vacío que se va rellenando de negro. De hormigas. De letras y formas que suplantan otras formas.
¿Entendés? El vacío se va mientras se rellenando. Deja de existir en la medida que algo lo comienza a habitar. 
Los últimos tres soles me amanecieron seco. Implicada la humedad en la lluvia que sabía hecha en distintos sueños, las figuras de los mismos tuvieron bordes brillantes y me dejaron sabor a sonrisa. 
¿Cuántas veces te despertaste riendo?
En un halo algo violeta, algo rosa. Unos ojos que te miran despertando y vos a la espera de cinco minutos más para engañarte y volver por horas.

Yo no soy un soñador,
En el Mundo me hago Mundo
Yo no soy un soñador.
 

Seis aéme. Crónica farreta. - 2015 4 28

Once y cuarenta y dos. 
El plan es perfecto. Me plancho y eventualmente la quedo.
Cierro los ojos y dibujo pensamientos hasta que el sueño llegue.
Es una costumbre sana y tengo Alma de gato; me echo en cualquier lugar y hay altas probabilidades de que termine dormido.
Me acerco a la cama deshecha, me río de mí mismo por décimoalguna vez en la semana que recién empieza y me meto.
"Meterme" en mi cama es complejo porque no se requiere una acción concreta de quedar bajo las sábanas. Con echarse está perfecto; luego, entre el edredón mal acomodado y la sábana hecha un ovillo, más o menos la careteo.
Empiezo a pensar. 
"Evitá pensar", me recomiendan. Yo no. A mí pensar me conduce. No me enrosca, me libera. Me hace darme cuenta de las cosas. De que, al fin y al cabo, siempre está la garantía de poder saber todos los abismos posibles y saber que, aún con eso, quedan mil infiernos sin pensar. Que no puedo abarcar todo y, por ende, hay aristas o ejes de los asuntos que me competen que escapan medianamente a mi responsabilidad.
Me duermo.

Cuatro y veinticuatro.
Sabía que iba a amanecer de noche. Me despierto y no tengo sueño. No voy a hacer la misma de siempre; no voy a mirar el reloj para acunarme. Espero un rato y miro hacia adentro. ¿Realmente estoy despierto? ¿Realmente no tengo sueño? 
El tiempo pasa con acento y tilde. Me contemplo y accedo a ver el reloj. Es demasiado temprano para empezar a vivir. Las cosas todavía están oscuras. Misteriosamente, yo no tengo sueño.
Sé exactamente por qué no tengo sueño. Ayer me fui a dormir en paz.
No tuve una caída incidental, elegí irme a morir vivo, entero. 
Descansé bien; estaba cansado, el Cuerpo me pedía entretiempo. 
No tengo sueño. Dormir, en este momento, no opera como opción -ni como plan de escape-. 
Espero.

Cinco y cincuenta. 
El reloj todavía no me habla, yo quiero estar perpendicular al suelo. La cama no va más. No voy a lograr dormirme. Miro los números y me siento complaciente. 
La rutina es en tanto que la mantengo como tal. Hoy es en una oscuridad que no recorría hace meses. Es todo raro. Levantar en la oscuridad es raro. No tener sueño es demasiado raro. Despertarme con la conciencia limpia también. Ayer no maté a alguien. 
El baño sucede.
El café sucede. 
Y mientras todo esto sucede, algo me hace esperar. La oscuridad todavía me envuelve. No puedo moverme del todo cómodo en esta espesura visual. Necesito una garantía, aunque sea a medio asta. A medias. Cincuenta por ciento. Así que me echo. Grave error. Pero no me equivoco. Me echo y sucedo, como en la cama, con el café cohabitando fantasmagóricamente el aire que exhalo.
Me echo y no me duermo. Y cuando es la hora, activo. 
Son las siete. Tiene que ser de día.
Pero no.
Esto no está funcionando.
Y subo nuevamente a la cama. Ahí viene el broche de oro: no es el Sol, es mi gato. Una sentencia peluda y ronroneante a derretirme en los resortes del colchón. Se sube a mi cama, sugerente. 
A mí me pinta un rato más. 
La puta que te parió, Teo. A mí también.
Así que me dejo caer levemente, sabiendo que la caída va a durar horas. Que mi día empezó pero no empieza todavía. Que voy a quedarme dormido porque actúo como un pelotudo ante la presencia cálida y reconfortante de un gato que disfruta dormir a mi lado. Porque tengo Alma de gato.
Caigo, pero con una sonrisa. Sé que estoy decidiendo caer. No me está ganando el sueño. Al sueño lo estoy llamando yo. Hoy tampoco va a poder ser, invoco al sueño y el sueño viene sin apuro. Tiempo me sobra. Quería empezar a volver a empezar a existir temprano. Hoy no va a poder ser. 
A las seis es, ahora, demasiado temprano. Reconfiguro mi existir. Voy a tener que readecuarme a la forma en que el planeta gira alrededor del Sol en otoño e invierno. Y levantarme una hora más tarde. ¡Qué calamidad! Mi casa, una hora más tarde, es una orquesta de sonidos indeseados. Ruido a lluvia, a zapateo, a conversaciones que no quiero escuchar.
Si pretendo existir a la par del Mundo, tendré que respetar la hora a la cual el Mundo se levanta. O rogar que me crezcan orejas de murciélago.

Eco. - 2015 4 27

Los caminos, a cualquier lugar
Agua somos
Y ascendemos con el Sol.

Seis peéme. - 2015 4 27

Este mes está quedando corto.
Corta temprano, baja la persiana de metal.
El horario de atención se ve interrumpido por fuerzas que se desentienden de las responsabilidades cotidianas.
El Sol pega fuerte y derrite las neuronas.
Empezar una semana sintiendo que uno ya terminó.
Ya terminó la existencia, en un ciclo de morir y revivir cada ocho horas.
Despertar y saber que uno sigue dormido; entre paréntesis, acobijado, con la almohada pegada al botón de pausa. Sin conocer la melodía.
Algo bueno es saber que los días comienzan y terminan cuando uno quiere. 
Aún con la luz a media asta y las expectativas puestas en el futuro medianamente cercano.
Un sentido ante la vida es, siempre, sentir que uno está vivo.
Todo lo demás se puede ver en el camino.
Y nada mejor -para eso- que sentir que uno muere a cada rato.
Seis y dos.

Gracias, paso. - 2015 4 26

El rol del Estado es insuficiente e inevitable.
Nuestra existencia está adscrita al funcionamiento de un ente creado para mantenernos dentro de ciertos parámetros de decisiones.
Es difícil no existir para el Estado.
Existir sin credenciales.
Ser sin documentación.
Hay que identificar a esta persona.
Crear un estofado con las decisiones que uno tomar para elegir a quienes quiere que vayan a tomar decisiones que afectan a una gran población de personas exentas de la posibilidad de tomar una decisión.
Elegir, en mi caso, está completamente por fuera de lo que me conviene. La conveniencia, a mi criterio, crea la ridiculez de remar hacia los costados, haciendo que el bote rote en su lugar. 
Yo no quiero converger ni convenir; quiero lo que creo es mejor para la mayor parte de la población que tiene las necesidades más inminentes. Es decir, alguien que trabaje desde necesidades insatisfechas hacia arriba. Y, por supuesto, alguien que levante, porque siempre pueden traerte pescado fresco a cambio de quedarte quieto.
Una sincronía con la ilusión de querer crear un estado de equilibrio de fuerzas que pugnan para salirse, siempre, con la suya. 
En la mesa a la que fui a votar cumplían su trabajo dos autoridades de mesa que resaltaban, en sus planillas, los nombres de los votantes, cada una con su resaltador: uno amarillo, el otro celeste. 
Las estrategias de adhesividad se inmiscuyen en forma siniestra y perversa -y se nos escapa, siempre, la mayor parte-. Adhesividad, porque es atornillarte un concepto en la cabeza. Una idea de un plano de construcción de algo cuya forma y funcionalidad todavía desconocés. Y quizás nunca conozcas. 
Elegir en sincronía es una opción. O no elegir. O elegir sin elegir. 
Gracias, paso.

A las napas. - 2015 4 23

Evitá ponerte a fumar en las profundidades.
El agua y el humo se llevan espeluznantemente densos.

Una densidad que le inyecta burbujas de plástico a tus ojos.
Rellena el espacio entre iris y pupila, se hincha y te bloquea la visión.
No vas a ponerte a pinchar esas burbujas con los dedos.
Hoy es jueves y empezaste a mover los brazos tarde.
Te acostaste tarde.
Despertaste más tarde aún.
Alguien se preguntó si seguías ahí. No te lo preguntó a vos.
No te lo preguntan, si estás o te fuiste a algún lado.
No pudiste evitar prenderte un pucho, guardar toda la nicotina que puedas en el agujero que generan tus ojeras. Abrirte las bolsas, ponerles cierre, cerrarlas con agujas, abotonarlas. Que tus ojos se vayan a la mierda. Y no vuelvan.

El día te despertó y vos soñaste que te habías ido. Soñaste con cosas que iban a pasar -y están pasando- pero no necesitás develar ningún misterio. No sabés adivinar el futuro. Algunas cosas te llegan de manera anticipada, las ves navegar en tu conciencia y -si bien no hacés foco- sabés que son plausibles de ser. Ayer te pasó. Hoy también. Mañana no sabés. Quizás no vuelvas. 

El Cuerpo se te está acostumbrando a morir cada jueves por la noche. ¿Qué le vas a hacer? Estás ahí y todo el mundo garpa. Y vos no podés culparte de ser un agente de la inmundicia. Quizás no vuelvas.

Cuatro horas y lo que quede del Sol en tu ventana. - 2015 4 23

En el piso todos bailamos. 
¿Qué importa a cuánto centímetros del suelo?
Estas palabras brotan desde una existencia calesística.
Una Mente menta vueltas inventando viajes aventureros neuronales.

Hoy me caigo y me levanto al compás del ritmo.
Hoy los oídos sirven para escuchar las cosas que no podemos ver.
Y mañana también.

El sonido es algo perezoso; nomás rebota un par de veces y ya pierde el rumbo; como nosotros, que nos la damos en la pera cada vez que salimos a preguntarle cosas a nuestro interior.
El atardecer se está haciendo eco en esta melodía climatológica.
Suben los eclipses y se enfilan en cadencias recalculadas de imprevisto.
El Sol se va en el último eco de un trombón.
El otro día fueron tres "yace". Hoy "eco" hace eco. Cuatro.
Las ventanas de mi cabeza están abiertas, oxigenándome la mirada.
Soplando las nubes que me corren por derecha y por izquierda en actitud tiránica, con el ceño fruncido, con las piernas en forma de patadas.
El sonido se está yendo con el Sol y la conciencia despega a lugares donde no sabés cómo se llama el Mundo.

Hace muchos años tenía la costumbre de anunciar mi retirada en forma pronosticada. "Creo que en un rato me voy yendo". 
Innecesariedad y redundancia.
Antes de apagarte, apagá la luz.

Otra taza tiene té. - 2015 4 21

La puerta de salida está en cualquier rincón.
¿Cómo escribir despersonalizadamente?
El agua cambia de estado; humeante, una particularidad del vapor es que se pegotea a cualquier superficie.
Humedece los rincones donde potencialmente yacen todas las puertas. Humedece la madera de las puertas que nacieron con los árboles que mueren.
Un lápiz gigante lleno de protuberancias cae en el medio del bosque. Asciende, por otro lado, la territorialización de la promesa ingenua del espacio habitable. Los habitáculos.
Entre cada ambiente, que separa cada puerta -en cada rincón- yace una mesa con una taza y agua caliente. El agua no necesariamente está dentro de la taza. Quizás está en estado de vapor, vagando por un rincón sin puerta, implorándole al marco de la ventana que yace a escasos metros que sea de madera.
En este escrito usé tres veces ya "yace". Ya sé.

De un té a un mate hay menos de cinco minutos.

Tradesciende. - 2015 4 19

Sobre días que nunca empiezan por temor a que nos queme el Sol
Por la incertidumbre de quebrar, a cada paso, el camino
Estar quieto no es Ser y alguno de los caminos llega al abismo.

Veo las letras y tienen un brillo amarillo cremoso a su alrededor
Nos estamos comunicando con sombras involuntarias
Ayer mi comida no tuvo sabor, fue un rejunte de plásticos y sal.

Esto es un proceso de terremoto mental
Y el temblor le llega a cada uno como a cada quien
A mí me llega subtitulado en un lenguaje fuera de mí
Y lo atravieso enterrando mi mano hábil bajo la piel
¿Cómo predecís tu amanecer?
Irte a la cama y saber que, en tal momento, vas a despertar
Y que suceda,
Pero no entender bien qué.

¿Estás asociado con el tiempo?
¿El tiempo te está usando de aguja?
¿Cuántos minutos entran en tu conciencia?
¿Cuándo termina la tormenta?
¿Cuándo?

Ver en otoño. - 2015 4 16

Hace casi un mes de otoño
Las hojas caen sin real apuro.
No puedo dejarlas sin escritos, aún con la tinta opacándose en un telón resfriado.
Aunque los días terminen cortos y no haya luz que haga de norte,
Ver siempre es verde -en silencio- en otoño.

Porquerías. - 2015 4 16

La gula te devora la administración del hambre.
Está el portero, que hace poco y nada. No tiene demasiadas ganas de trabajar. La del segundo "b" no recuerda la última vez que lo vio de uniforme. No tiene ganas de trabajar. No tiene ganas de pensar. Deja la puerta del edificio abierta, por más que el cartel implora: "Sr/a. Inquilino/a: por seguridad de todos, por favor constatar que la puerta de entrada al edificio quede debidamente cerrada. Atentamente, la Administración".

La Administración no sirve. Administrar existe pero las cúpulas siempre se queman al Sol. 
El portero no quiere trabajar. Y aunque actúe casi como marioneta de las personas que manejan los hilos de tu conciencia, no puede evitar comerse una "h". 

Los inquilinos y los dueños son una ensalada descomunal. Nadie tiene real derecho a algo más allá de lo que convenga un libreto que se escribió en sus ausencias. Y si no fuera porque el portero es el acceso directo a las facturas que nunca revisan y a las cartas que nunca leen, este estaría encerrado, maniatado, encadenado a la caldera. Quemado vivo. 

¿La caldera? No se sabe dónde está. El edificio no tiene sótano. Quizás está en lo alto. Cerca de la terraza técnica. Cerca de las antenas. Cerca del espagueti eléctrico que le da de comer a nuestros ojos.

La gula es un deseo que no existe y se sobreimprime infinitamente. Querer llenar algo que no se llena con lo que pretendemos, llevar al Cuerpo a un estado de inconducibilidad, a una quietud excesivamente físiológica que hace que pensemos más despacio -y menos articuladamente-. 

En el edificio nadie piensa, salvo cuando está roto el ascensor. Ahí, de repente, nos acordamos que estamos vivos. No nos queremos, por eso no nos miramos a los ojos.
La gula es un poco odio al propio Cuerpo. Pero un odio particular, el de querer inmovilizarlo sin matarlo -aunque acercándolo, lenta-sigilosa-rápidamente, hacia su muerte-.

La gula es poner tres adjetivos y buscar el quinto. Ya está. Ya quedó claro. No hace falta seguir.
Gula es seguir sin querer saber dónde se está.

Las papas. - 2015 4 15

Las papas; si algo, no son cuestión de minutos. Llevan su tiempo en la espesura granulada de la Tierra y, de mismo modo, se toman su tiempo con el fuego y el agua. Con el aire no tienen demasiado trato -será porque permanecen buena parte de sus vidas bajo tierra-. La fina capa de piel y tierra las mantiene aisladas en indiferencia.

¿Cómo una cosa tan dura puede llegar a ser algo tan tierno?

Agua, calor y sal.
Y quizás, después, un poco de aceite.
Las cosas que crecen por debajo del nivel del suelo saben acoger el paladar sin demasiado esfuerzo.
Crecen y nacen haciéndose lugar minuciosamente. Consumen la tierra y los minerales en forma noble y aprovechadora. 

Las papas son fáciles. Son cuestión de enterrar cuestiones y dejarlas Ser durante un tiempo. Y las cosas que son fáciles están hechas -o siempre pueden ser acompañadas- de papa. 

La papa con cáscara es una experiencia singular.
Experimentar el gusto del suelo; su cáscara y sus nutrientes. Su piel, capa protectora que la separó y la nutrió de realidad. La capa de la papa como sistema perceptivo. 
El ego pasado por agua caliente y salada también se ablanda. Como mínimo, se relaja. Deja ir algún que otro nódulo tensional. Se desprende de algún brote que comenzaba a gritar "¡Guerra!" de manera apresurada.
Eso; en agua caliente, un rato. Y quizás, después, un poco de aceite.





Las pepas. - 2015 4 14

La gama de colores que estás percibiendo resalta su significación.
Los brillos brillan con menos necesidad y más presencia.
Las luces hacen ruido y sentís sus voltaje en cómo los haces rebotan contra tu piel.
Algo de la luz te penetra en las pupilas; las expande, las hace bailar.
Tus pupilas se vuelven rojas y pegajosas. 
Se te llena de fruta azucarada la memoria.
Todos los recuerdos te sobresaltan.
Todas las miradas te rememoran;
A un Cuerpo permeable a la sensación de Mundo
A una burbuja que estalla, llenando de membrillo el espacio.

La piel se te reseca
La risa se vuelve imprescindible
Los duendes te miran de reojo
El agua nunca estuvo tan cerca.

Las pipas. - 2015 4 13

Hay algo en el flujo de la energía por el Cuerpo durante la elongación.
No hablo necesariamente del yoga si no de la elongación en sí y por sí. Sobretodo de la cadera para abajo.
¿Qué me pasa cuando elongo las piernas?
La existencia se me estira cual chicle masticado.
Elongo y las cosas siguen estando en el mismo lugar que ayer, pero se recorren distintas.
Cambiamos levemente el medio de locomoción. Casi como aceitarlo. 
No sé con qué puedo lidiar menos: si con el olor a aceite o con el olor a nafta.
Las dos cosas se prenden fuego, son peligrosas y -si bien son útiles- no son imprescindibles. A menos que vivamos en un Mundo como hoy.

A una cueva me voy a elongar
No quiero que me vean, prefiero estar en mí
Prefiero que me dejen espaciar, masticar el chicle hasta su punto caramelo
Si tengo cortinas a mano, las cierro. Si tenés párpados te los cierro.
Vas a poder sentir cómo elongo luego de haber elongado, eso te lo prometo.
Si no, mirame las rodillas, mirá cómo se alejan del suelo.
Es que elongué. Y yo también me voy.
Me fui.

Las hojas del Viento. - 2015 4 11

Esta hoja en la que escribo no existe en alguna parte -si bien la saco, siempre, desde el mismo lugar-.
En el momento que deja de acompañarse en el montón y sus hojas amigas le sueltan la mano, pasa a ser parte del patrimonio de lo que pasa a ser representado sustancialmente en su piel.
Es decir: el contenido va a pasar a apropiarse del espacio en sí; de su espacio y su posibilidad de existir aisladamente en materia de mensaje vil, anodino, a lo imperativo que le sea dictado -impuesto- a través de las palabras que se tatúen en su memoria.
Acá están y acá estamos, escribiendo la historia de las cosas que pasan cuando usamos el lenguaje. Yo, acá, siendo el que dice qué y vos, ahí, fijándote cómo.
¿Cómo son estos lugares? ¿Acaso nos separan?
Si esos lugares actuaran como separadores, sería difícil que alguien pueda verse en algo de sí que me representa.

Reconocer algo que se inmiscuya por fuera del sentido ridículo y antojadizo que embebe aquello que estoy significando en este preciso momento; elemento -o conjunto de elementos- que no existe, que es creado con finos caminos e hilos sintéticos, artificiales en su método -que escapa fantásticamente a su sentido de lo abstracto tras ser representado por el alfabeto- y transparentes en la forma en que enroscan el aire que asciende por el calor del humo que exhalo al pensar qué se sucede, minuto a minuto, qué pasa en esta montaña rusa que no termina de acabar, por amor a un estallido final y temor a un abrazo que le parta el Alma.

Escribir fuera de mí es poder surcar lo que creo no ser, con un abrazo, con un abrazo que me parte el Alma, que me parte al medio en mitades asimétricas. Las semillas a la espera de un amanecer que las conduzca hacia la sequedad, para ser germinadas nuevamente.

Lluvia. - 2015 4 10

La lluvia nos recuerda 
Que hasta el Cielo llora cada tanto.
¿De tristeza? ¿De alegría?
No lo sabe
No contesta
...
¡Lluvia!
...
Lluvia.

Hipoasústido. - 2015 4 10

Entrada la mañana, las pupilas se dilatan buscando al Sol.
Comienzan los barullos de la gente en la calle; los motores, principalmente, estallan en bramidos y puteadas.
Todos llegan tarde todo el tiempo.
En ese oleaje desequilibrante la música de los pájaros pasa totalmente desapercibida. 
Los ecos que reverberan en las paredes de tu conciencia retumban en una atmósfera apocalíptica que no te deja dormir ni despertar.
Estás ahí, atrapada, atrapado y tus brazos no se mueven. Tus abrazos no te llegan.
Entraste en sueños con las extremidades retorcidas en tu Ser; un camino de hormigas te visitó cerca de la madrugada y se tomó toda tu sangre.
Querer despertar de un abismo y saber que uno no da más y recién comienza la jornada.
Querés encontrar a los pájaros; con verles el color de las alas te bastaría... y no hay caso.
Sos vos quien está en esta jaula y son tus extremidades las que te imposibilitan abrir la puerta -sin traba-. 
Arriba de tu frente levita un espejo por donde contemplás el estado de tus pupilas.
El Sol ya se levantó y pega en todos tus espejos. 
Los autos te tiran con adoquines. Tenés que activar antes que el reloj comience a marcar de a dos dígitos.
¿Por qué, hace medio año, te resultaba una tarea casi divertida y hoy sencillamente no podés?
Te cuesta mantenerte en vigilia y te cuesta despertar. Como si el sueño te estuviera remontando a cierta necesidad regresiva en donde escudarte de algo que te asustó.
Cuando logres revertir ese número nueve hacia un seis, haciéndolo rotar sigilosamente, sin que se despierte, quizás vuelvas a acariciar el pasto en silencio. Antes que las pupilas se dilaten. 
Y conversar esos minutos con los pájaros. Y reírte de lo plástico que es el tiempo, aún siendo el reloj no analógico.

Ultrajado. - 2015 4 9

¿Estamos en el cinco, todavía?
El reloj está marcando cualquier hora.
¿No estaremos en el circo?
Debería volver a levantarme a las seis de la mañana. A esa hora todavía es de noche.
¿Cuántas naranjas se necesitan para llenar un vaso de jugo?
Las agujas de un reloj pueden desplazarse en tic-tac o como el agua.
¿Qué pasa si tomo más líquido del que necesito?
Mi conciencia tiene un límite, cruzarlo es hacerme fruncir el ceño y hacer descender levemente mi comisura derecha.
¿Qué me pasa con tantas preguntas?
Esta jornada fue una batalla campal atrás de otra. Una seguidilla de puteadas. Cuando escucho el ruido de la puerta corrediza haciendo de las suyas, espero con los dientes afilados. Pongo cara de psicópata. Me desentiendo de Todo y todos. Me desentiendo de vos y tus cosas. Me mando a mudar a un lugar al cual nadie puede llegar y, desde ahí, mando una señal de humo, cada tanto, para hacer de cuenta que existo.

Dos en menos de diez minutos. - 2015 4 9

Caminar con las manos libres;
Las cosas en los bolsillos,
Los mambos en la cabeza.
¿Qué tal si nos miramos y nos preguntamos por qué? Preguntame tu pregunta y quizás conteste algo que te pertenezca. ¿Qué es verme en vos?
Ayer compartimos una siesta en distintas camas.

>Timbre<

Caminemos proyectando algo que tenga que ver con nosotros. No necesariamente con lo que anhelamos, si no con la forma en que nos gusta caminar. Que tiene que ver con caminos que llegan hacia sus destinos cruzándose entre sí. No se interponen. Hay puentes y pasos bajo nivel. No hay semáforos y nadie puede ir a contramano. No hay siquiera autos y tampoco es un camino de tierra. El gusto está en acompañarnos de la mano. Con las manos libres.

>Timbre<

Conocemos nuestros mambos en las cosas más simples. Y nos reímos.
Sabemos que estamos mal y -por ahora- que vamos bien.

>Timbre<

¡Ya va!

Estás sobrevolando. Las personas te señalan y se preguntan si tenés alas. 
Las cosas están yendo en tu dirección para acompañar la migración de tu conciencia hacia una zona liberada. Libre de promesas, libre de planteos reticulares.
Tu deseo no se construye en red.
Por más que todos los caminos converjan a tus ojos. Aún sin responder con tu mirada.
Las cosas te miran.
El Mundo te energiza.
Sonriámosle al Sol mientras nos dore las narices.

Liebre. - 2015 4 8

De amores huidizos es un tanto complejo discutir.
A los animales en la noche les encandilan las luces fuertes; muchos se paralizan por el efecto de las mismas.
Un reflector, una linterna, un efecto de luz sobre tu conciencia paraliza tus movimientos neuronales. 
La atención se concentra en mantenernos lo más quieto posibles, para pasar desapercibidos. 
Si te movés -o respondés- se te puede venir la noche -en la noche-.
Se te pueden cerrar los ojos en la oscuridad y podés perderte por tiempo indefinido.
No hace falta ser un corderito ni haber caminado durante días por el desierto.
El amor que aterra no es amor y es complejo de discutir.
Las luces que queman no iluminan.
Y este brillo no fue luz.
Fue una chispa. Una malversación de fondos. Intereses incompatibles.
Y también fue amor.

Dos minutos. - 2015 4 7

Dos minutos pasan rápido.
Llegás a la parada diez segundos después que pasó el colectivo.
Ya pasó uno.

Son unos pasos. Unos pares de abrir y cerrar de ojos.
Mirás al Cielo y, en dos minutos, todo cambia de luz.
Te entregás a algo y, en dos minutos, no existís.

Ya pasaron dos minutos.
Escribir no es haber leído y dos minutos de película no son dos minutos de publicidad.

La luna, hace unos días, se tiñó de rojo.
Fue cuestión de unos minutos.
Unos pares de abrir y cerrar de Cosmos.

Las hojas de abril son Sol naranja. - 2015 4 6

Desordecitado. - 2015 4 6

La conciencia es un cuerpo en movimiento.
La acción de apoyar cada pie, en forma alternada, sobre el suelo, activa distintos mapas neuronales.
Necesito estar en movimiento.
Y necesito mantener los pies al aire libre.

Necesito que me garanticen libertad.
No soy un árbol; menos que menos una enredadera.
Si me enrosco es para morir, necesito mirar el Sol desde distintos ángulos.
No me puedo quedar quieto y a veces necesito saltar por amor al abismo. A la incompletud. A saber que no estoy lleno y que preciso no estarlo. 

Amor a quedar con un poco de hambre.
Es sano, es saludable. Es la anti-glotonería de mi deseo. Sé que no puedo satisfacerme por completo sentado en una mesa. ¿Para qué engañarme?
No me gusta -generalmente- que me sirvan.
No me gusta que el trabajo de otra persona sea satisfacerme.
No comulgo con esa dinámica.
Prefiero desordenar los protocolos e igual dejar propina.

Soy el tipo de cliente a quien le gusta hacerle la vida más amena a los empleados. Hacerles saber que no los requiero, que no necesito que trabajen para mí, que "cualquier cosa les pregunto". Las cosas generalmente las elijo en silencio.

Soy un cliente exigente. Pero no soy demandante.
Y no me gusta que me demanden. Ni que me digan que soy necesario.
No soy necesario. Esto no es necesario. 
Necesidad de Otro es agujero en el Ser.
(Y, saltando a un vacío, repito: "no soy necesario".)

Casi cincuenta minutos. - 2015 4 5

Hoy la distancia me recorre
Estoy lejos de todo
Estoy en mi casa y no me siento en un hogar
Me duele seguir sintiéndote en mi ropa, en mi piel

La energía va a llegar, eso me es inevitable
Tanto como que ayer volví a cero
Y no puedo parar de escribir sobre lo que pasó
Estoy dando vueltas en círculos; si me quedo quieto, me mareo

Ayer hubo un respiro
Seguís usando los dedos para comunicarte con el Mundo
Eso me trae algo de paz
Aunque no esperanza

En este domingo tengo que salir a caminar
Pero primero, aprolijar mi rancho
Aprolijar mis chakras, cachetearme la voluntad
Prender las hornallas, volver a mi eje

No sé si lo que siento es más dolor que resignación
A esa sensación de mierda que es sentir que no existís
Yo no puedo seguir; tanto aire me dificulta respirar
Aire que vuela la Tierra, Tierra que vuelve a la casa, casa que no es un hogar.

De presiones descendentes . - 2015 4 4

Hace mucho tiempo conocí a alguien que disfrutaba sentirse mal.
"Nadie me conoce", "nadie entiende lo que me pasa".
Algo me quedó de ese vínculo: es muy difícil ser feliz con alguien que sentís no quiere serlo.
Y lo más difícil no es intentarlo: es sentir eso, que la otra persona tiene un agujero inconciente que la lleva hacia un abismo del cual no puede -ni quiere- salir.
Y vos no la podés sacar.
Primero, porque no sos quién.
Segundo, porque no tenés las herramientas.
Tercero, porque para sacarla te tenés que enterrar vos.

A mí me pasa eso.
No pretendo sacar a alguien de algún lado.
Pero sí me gusta empujar un poquito, tratar de generar algo que sea distinto.
No soy quién. Y tampoco lo puedo evitar. 
Tengo que aprender que soy demasiado permeable a la energía de los demás.
Que es inevitable tener puntos ciegos.
Tengo que aprender lo tercero. Que no puedo evitar enterrarme.
Que la tristeza me hace mal.
Que desear la Muerte no es para mí.
Que no quiero que el Mundo desaparezca.

No sé dónde queda la próxima parada.
Cuando me reconozca en alguna esquina de la ciudad voy a bajar a preguntarme qué me tomo desde ahí.

Estoy rogando que el abismo no la deje ciega
Y que, si se va, se vaya a algún lado y no a ningún lugar.

No más precipitaciones. - 2015 4 4

Hoy no vas a estar
Y no sé cómo explicarte
Que eso me destruye

El puente que nos cruza se desvanece
No puedo más
Sería más simple si me dejara eclipsar hasta el amanecer

Abril ya está en curso
Ayer me quedé ciego
Hoy me tiré al piso
Mañana quizás me levante.

Los (ref.)lectores. - 2015 4 2

En tu cabeza existen dos artefactos de suma precisión y detallismo antojadizo.
Dije dos, por no decir uno, por no decir un par, porque a veces funcionan por separado.

Las condiciones en las cuales hago este escrito son deplorables.
En ojotas y remera, a las doce de la noche, con una pierna sobre el escritorio y un gato sobre la cabeza.
Si quiero ser real, necesito aparecer.
No es cuestión de hacer fuerza, a veces todo lo contrario.
Cuando vea que remen hacia tal lugar, no remar en sentido opuesto. Remar hacia un lugar disonante.
Marear a la marea. Decirles que el lugar está en otro lado.
Prender dos faros y hacerlos brillar al unísono.
Provocar atención, miradas y risa. La gente ya no sabe a dónde ir.

Cuando quieras ir a un lugar, andá a cualquier lado. Como estés. Preferentemente con ropa y lenguaje.
Cuando llegues, comentás. Desde dónde venís, qué te encontraste en el camino.
Sacarte la ropa es confiar en el aire que te rodea.
La hacés un bollo, los puños en rodete. 
Mirás aquellos faros a través de un espejo. Todavía brillan.
Caés en la cuenta:
Sos vos 
Y estás acá.

Abrir. - 2015 4 1

Uno.
Tomar conciencia sobre el paso del tiempo.
Anidar los hechos de la vida cotidiana en árboles que se suceden, formando hileras, formando tejidos verdes.
La memoria como un bosque perenne; cada hoja es una imagen, cada árbol, un recuerdo.
En un abrir y cerrar de ojos nos dimos cuenta que somos sin saber.
Acá estamos hoy, en este bosque; a la sombra, cebando misterios espiralados.

Dos.
Tomamos nuestras manos.
Vos las apoyaste sobre el corazón. Yo, sobre la espalda.
Un agujero en un árbol es materia de interpretación.
Hoy no estamos, se te fue la mano. Me agarraste el codo.
Un agujero no siempre busca algo.

Tres.
Nunca vamos a entender por qué
Nos pusimos de acuerdo en mirarnos a los ojos.
Yo deseo una sola cosa; reír con vos.
Dejar que nuestros puntos de encaje floten, fluyan, elonguen y bailen.

Cuatro.
Llegó abril cuando pensé que marzo no se iba.
Llegó abril cuando pensé que vos te ibas.
Se fue marzo y pensé que yo me iba.
Y me fui.
Me fui a pensar en movimiento. A sobrevolar las hojas.

A preguntarle a las perennes si necesitan algo.
A asistir a las hojas que cierran los ojos.
A ver cómo se abre el horizonte visual ahora que el bosque está más flaco.
La realidad recrudece al frío. Y prolifera cierta libertad mental: la de saber que las cosas son de determinado modo. Dejar que las hojas que quieren caer caigan. No atajarlas con la mano. Que se apelmacen sobre el piso. Que generen un colchón de imágenes. Ya no son más recuerdos. 
Lo Real se afianza en el tejido granulado de la Tierra. Cuerpo que se sumerge en el Cuerpo. Superficie naranja. Abrazarse con la Muerte y preguntarle si quiere algo antes de partir. 
La Muerte sonríe y acepta. Té.

Morir no fue tan grave.
Marzo tampoco.