Tres. - 2015 3 3



Vuelvo a escribir con los ojos cerrados.
No estoy mirando por la ventana.
No esoty mirando al Cielo.
No estoy miurando el teclado.
No estoy viendo si lo eque escribo está bien escrito. Acabo de poner una tilde y no sé si está bien puesta. Si salió bien.

No sé si las cosas están saliendo bien. Pero tampoco tengo miedo.
Estoy atravesando una parte mía que es bastante desconocida. No por formar o no formar parte del Universo de mi palpable -está bastante expuesta, o considero que algo advierto- si no porque hay una profundidad en mí que existe y se tergiversa hacia determinados caminos.

Yo aprendí que hay que huir de la tormenta. Aprendí eso y lo desaprendí.
Me desaprehendí de la idea de huida. Lo hice de a poco. Con traspiés.
Dejé muchos caminos en ese camino. Dejé docenas de caminos que no caminaron.
Caminos que caminé con un solo pie. Caminos en donde, en determinado punto, como ahora, me propuse cerrar los ojos y soltar mi mano izquierda.
Me propuse caminar hasta que no me dieran los pies. Y una vez que estuviera ahí, suelto, en el desierto, sofocado por el calor, abrirlos y morirme deshidratado.

Esos caminos son parte del camino que recorren mis venas para hacer que la sangre fluya por mi Cuerpo.

Llegó un punto en donde me di vuelta y vi algo.
Era un árbol ed caminos pero cuyas ramas no llegaban a alguna parte. 
No brotaban hojas de sus tallos.
Era un árbol cuyas raíces se mantenían algo desprendidas del suelo. No 

Era un árbol sin frutos. Vi todas esas ramas y me pregunté algo. Algo que tenía que ver con la forma en que estaba caminando. La forma en que dejaba que el árbol crezca. Cómo, hasta dónde, hasta qué punto. Cuál era el punto de inflexión.

A medida que me pregunté eso, ese árbol no dejaba de crecer. Decidí transpirarlo con mi pensamiento y esa agua salada le nutrió las raíces. Me miré una docena de veces fallando en el intento de resguardarlo del Sol. 
Un día decidí que, si lo abrazaba y me dejaba abrasar por el Sol hasta transpirar completamente, por lo menos lo iba a nutrir de alguna manera. Con el agua de mi Cuerpo. Con mi Cuerpo.

El árbol empezó a largar brotes nuevos. Yo no estaba caminando, o sí, no me acuerdo. No estaba caminando y lo vi brotar. Algo me hizo alguna chispa. 
Creo que aprendí una forma de construir un camino que no me lleva hacia el desierto.
Pero es un camino; es una forma. Es una forma que neesita agua y otros elementos.
Y mantuve esa forma en la fórmula de dichos elementos.
En que el Sol pegara de tal manera. En brindarle unpoco de sombra a dicho árbol.
El árbol está creciendo y yo me estoy preguntando qué pasa con los árboles aledaños que parecen tan distintos.
Me pregunto si mi árbol puede relacionarse con ellos. Parecen más antiguos que el mío. Tienen otra forma de crecer y tejer sus raíces. Tienen otra forma de enredar sus ramas hacia el Cielo.

Y yo me pregunto: ¿es posible?
¿Puedo caminar un camino que no conozco?
Todas las veces que cerré los ojos fue para caminar un camino con las manos sueltas. Hacia ningún lugar. Alejándome. Disparando. Ausentándome del Mundo con excusas sobre mi locura. 
Ahora estoy transpirando. No sé lo que escribo y eso me genera angustia.
No sé lo que vivo y eso es otro camino.
Estoy tratando de dejarme caminar y contrastar, tan solo un poco, mi fórmula. No sé a dónde voy. Sé que algunos elementos están. Sé qAcerca de los otros, no lo sé. Es justamente lo que pretendo averiguar.
Voy a abrir los ojos. 
Voy a abrirlos luego de escribir esta oración.

Ya está. Están abiertos. Y yo todavía no sé. Pero sigo acá. En este camino de caminos. Abrazando este árbol. Que se amiga con otros árboles. Pareciera que, al menos, no estoy en el desierto.