Tout contre mon ránche. - 2015 3 21

El otoño llegó hace menos de veinticuatro horas.
El clima asintió con una bocanada de aire y endulzó el contorno de nuestras pupilas a base de un caramelo que ya endurece.
Las puertas y las ventanas estaban abiertas, expectando sudorar inmundicias y cometer perjurios en nombre de la rotación del planeta. 
Los duendes estuvieron a punto de prenderme fuego el rancho.

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Desde antes de ayer me veo con una llama prendida en medio de los ojos. Es una llama violeta, rosácea, emite un calor que se distribuye equitativamente en derredor de mis pupilas. El contorno de las mismas se ve desdibujado de un soplo. Recuerda la capacidad de sentir lo que le está pasando a mi Cuerpo.
El otoño nos sobrepasa. Hace meses que no estaba para un té.

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Estoy viendo cosas que no sé si me interesan. Prediciendo la vida cotidiana; a su acontecer, no hago más que sonreír.
Puede que sea la sensación de volver a estar conectado a este planeta; volver lleno de souvenirs en cajitas a medio cerrar -y sin moño-.

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Me comí todos los bombones.
Todas. Todas juntas y al revés.