O este. - 2015 3 25

Mirar este Sol de otoño, mantener los párpados abiertos dejándonos atravesar por la luz y el calor radiantes que suspiran en las horas después del mediodía. Bancarla, dejar que se empiecen a tostar las pupilas. Que queden crujientes por fuera y tiernas por dentro.
Mirando este Sol de otoño dejamos caer lágrimas por los Mundos, lágrimas que cambian de lugar. Nos buscamos en distintas esquinas y, luego de dar vueltas y vueltas, caemos en la cuenta que hay calles que nunca se cruzan. Caminos que no nos llevan, ideas que no comulgan, formas que se quedan en sus formas.

Hay formas que se quedan en su molde. No pueden salirse de sí; nada personal, es una cuestión de forma. De cosas que no se entrelazan plásticamente, aunque sus soles lo deseen.

Mi Sol quema cuando lo miro de costado. En este otoño lo tengo de frente y me abrazo a sus rayos. Le pido que me encandile la mirada y me muestre lo que no quise en el tiempo para, al menos una vez, decir que sí y atravesar un eclipse. Y estoy atravesándolo con una sonrisa, algo que no supe hacer en otro momento. 

Mantenerme de frente, dejarme dorar. Voy unos días y seguramente pueda hacerlo mejor. Llevar el Sol hacia el norte y sonreír a su atardecer. Formar un triángulo con el este. Permitir que se vaya a dormir a otro lugar; sin fuerza, cambiando de lugar su Mundo.