Allá es mejor. - 2015 3 19

La idea era absorverme en los alrededores de mi rancho.
Emanar ondas radiales que pudieran ser sintonizadas en consonancia con el alcance de mis pasos.
No lo pude evitar y fracasé, lo cual no significa que haya perdido algo.
Es que no lo pude evitar.
Hubo o hay o habrá algo que también me hace valorar la distancia; algo práctico, efímero, egocéntricamente conveniente. 

¿Por qué ir, cada vez, más lejos? Yo pensé que quería amar a la vuelta de mi casa. Y lo hice. Y se dio. 
Sin embargo ahora me veo en una hipocresía. Quería estar cerca de donde latiera mi corazón y me encuentro, de norte a sur, de este a oeste, atravesado por el espacio. 
No es que esté mal.
No puedo cuestionar una conexión existencial por su distancia física.
No quiero ser Buenos Aires. 
La conveniencia va por el lado de uno de estos mambos que arrastro inconcientemente; que un par de horas de distancia siempre actúan de mediadores de la inmediatez, factor al cual le tuve miedo durante mucho tiempo (al estar "ahí" en forma instantánea -sin saber decir que no-).
La distancia ahora me corre; cree que estoy mejor, así que me da un respiro de algo que aprendí a respirar sin saber cómo.
En la distancia se dibujan los bordes de un camino que es un viaje a otras formas de existir.
Soy un poco camaleónico; absorvo rápido, me dejo impregnar y reflejo. Siempre algo mío va en el camino. Soy distintos yos.
vos.