Aguas saladas. - 2015 3 11

El lugar está oscuro y para percibir el paso del tiempo es necesario contraer la mente.
Achinar los ojos y desenfocar la mirada; mirar algo haciendo de cuenta que se mira lo de al lado. Lo de al lado.
La oscuridad está compleja pero hacer un poco de esfuerzo viene bien.
Estos ojos van a doler mañana.

De una vela que casi se apaga brota un suspiro que se transforma en un chirrido agudo. El fuego se impacienta, mis pulmones también. Me estoy quemando desde afuera al compás del recorrido por tu piel. Hay cosas que prefiero salgan como yo prefiero. Para lo demás, un ademán -o un suspiro- bastan.

Me hago amigo de lo indecible; en un suspiro -o un ademán- apago el fuego, desdoblo el Cuerpo en cuatro manos y observo desde las alturas esta danza.

En el agua de mi océano caen las agujas de un reloj, se desarma el concepto de continuidad, oigo unas campanillas a la distancia y la piel resbala en movimiento.

Mar adentro el horizonte es infinito, el eco no existe, Cielo y mar son un mismo azul.
Los pliegues que forman las olas al acariciar el aire generan sonrisas en tu mente.
Mar adentro no hay puertas ni ventanas, la oscuridad se ilumina y tu piel es rociada con cristales de sal. Es un ademán -y un suspiro-; soy yo, que no lo puedo evitar.