A la vista. - 2015 3 5

Me están pasando cosas sin nombre.
Escribo en algún intento de acariciar algo de lo que atravieso.
Algo de lo que me atraviesa.
Hace un año me pasó algo parecido. Me desconecté del Mundo. Me desorienté. Guardé la brújula y me tiré de un salto al mar. Me hundí de a poco y casi me ahogo. Desearía, esta vez, quedar flotando. Estoy más liviano. Es posible; envolverme en la corriente mientras los peces me acicalan la espalda.
El océano no tiene puertas ni ventanas. Es un lugar resbaladizo y salado que aloja botellas con preguntas que no llegan a destino. Es un lugar para dejarse respirar por las nubes. Si las hay. 

No me encuentro. No hago pie. Sé que no es posible hacer pie en aguas profundas. Sé que el agua no es mi elemento. No hago pie. No me encuentro.
Estoy ahí y al lado estás vos. Una marea nos envuelve con preguntas que no conocemos.
No sé qué tan cerca estamos pero nos sentimos lejos.
Y esto es flotar, no vamos a presumir alterar el sentido de la corriente.
Estrechamos nuestras manos y esperamos encontrarnos.
En el mar.
En un océano. Salado.
Sin preguntas.
Sin respuestas.
Con el Sol que ilumina en forma nimia la profundidad de nuestras mentes.
Con el calor que, en retirada, busca alguna promesa.
En camino hacia un horizonte naranja. O verde. O azul. O marrón.