La-te, no-la. - 2015 2 11

Cuando te hartes de estar al servicio de la Naturaleza, chequeá tu reló, tu smarfón; chequeá tu sentido de la existencia por fuera del Espacio.
Hay una autopista de información que trasciende los caminos de baldosas y no se detiene en los semáforos. No pregunta quién es porque es posible "no ser" a través de su infinitud.
No pide mucho a cambio y tiene mucho para dar. Y te hace adicto.
Es, un poco, otra adicción. Es relativa al acceso a información; a la posibilidad de escuchar cualquier canción. De expresar lo que siento a través de un emoticón.

La tecnología es un camino de ida. Yo lo sé porque construí un "saberlo" desde el "no querer saber". Tardé muchos años en aceptar usar una pantalla táctil de celular. Y ahora soy otro pelotudo más. Chequeando, de a ratos, si mi existencia es un poquito más superflua. Pero está bien. No está mal. Lo importante es el cómo. Y no me la paso compartiendo proverbios chinos.

El día que la tecnología no esté, nos vemos las caras con preocupación. Las distracciones se quedan cortas y no tenemos excusas para evitar mirarnos a los ojos. Pensamos de qué hablar, atinamos a mirar al piso y nos sonrojamos. ¿Qué es esto de existir en el presente? Mi mano hábil está libre de pecados. Y no hay piedras a la vista. Hay momento.

El día que la tecnología no está, sos un poquito más conciente sobre el uso de tu tiempo. Sobre su uso, su desuso, su abuso. Y está bien. Cada uno hace lo que quiere. La invitación es una formalidad. Una muestra de cariño de lo Real. De lo que sucede sin sentido ni coherencia en un Mundo donde la coherencia y la lógica imperan en la pirámide. 

El día que la tecnología no estuvo, nos comunicamos con señales de afecto y caricias en vivo y en directo. Ese día es es hoy, si apagás el televisor. Si ponés el smarfón en silencio. Sin vibrador. Si te sacás las excusas y alzás la vista relajando tu entrecejo. Es hoy.