La cafet/era. - 2015 2 13

De un pequeño descuido nace una angustia irrepresentable. 
Justamente es una angustia por ser irrepresentable.
Y es una angustia que solo se calma con una taza de café. Que no hay. 
Ayer no había lugar.
Hoy casi no hay café.

Y yo, ¿qué hago sin café?
Sin café mi día no comienza. Mis neuronas siguen durmiendo. Mi atención mengua.
Se acuna y no funciona.
Sin café, puteo por interné.
¡Pero interné tampoco funciona!
Y no solo no funciona.
Hay algo peor; funciona mal.
Porque la cafetera se me rompió y ya está. Está rota. No hay demasiado que hacer. No puedo preparar café en el aire. Pero interné anda mal y anda pero no anda. Avanza dos pasos y retrocede tres. Anda sin sentido y sin coherencia. 

Las angustias son exageradas y aprovechamos la situación para exagerar. Para jugar a ser un poco caos. Llorar las nimiedades. El Mundo sigue en su lugar. Nadie se murió. Tampoco me atravesaron una daga en el corazón. Es una exageración. Pero, por unos segundos, pensé que hoy no iba a poder desayunar café. Y se me paró el Mundo. Más que "se me paró"; se me paralizó. Se me horripintalizó. Se me descalabró. Se me descafeinó el Mundo.

...

Igual ya está. Ya pasó.

Ya hay café.
Llamen al INADI;
Ya hay café.