Gráficas pendejas. - 2015 2 8

A la vuelta de mi cuello yo miré y me miraron.
Había un pendejo; era yo mirándome. 
Giré la cabeza docientos cuarenta grados y me vi.
Estaba haciendo cosas que ahora no haría así que procuré fijarme con detención.
Ver con detenimiento cómo llego a este punto de continuidad del Ser.
¿Qué quedó, qué trasciende?
El simbolismo lo vivo de otra forma, eso es una seguridad.
No es que sea una forma mejorada; es otra forma y ya.

Es una forma que trasciende a partir de otra forma. Y quizás esta forma trascienda.
Si algo trasciende, es la trascendencia.
Tras la esencia, el contínuo va dando distintos pasos que conforman un camino que se mantiene en comunión con la idea y memoria de la relación ego-Mundo.
Es un camino que a veces va hacia adelante, a veces hacia atrás, a los costados. Esta direccionalidad ya la usé, ya lo sé. ¡Es que sirve! Tiene detenimientos para observar qué pasa con la forma de caminar.
El paisaje no es una cosa que esté "por fuera", si considero que mi Ser es en el Mundo. 
¿Sería eso trascender el ego? ¿Disociarse de la ilusión de que existe una línea divisoria, una frontera ilusa determinada por los centímetros de separación entre mis órganos y músculos y el aire, mediados por la experiencia de mi piel?

Cuestión que me vi y me bardeé. Me pinté la cabeza y no me gustó. Pero soy yo. ¿Qué le voy a hacer? Ese pendejo fui y soy yo.

¡Pendejo de mierda!