Entredaderas. - 2015 2 5

Cuando tengas la conciencia nublada, imaginate que los pensamientos reptan por las paredes de tus neuronas.
Las neuronas son unos pasillos que hacen las veces de autopista de dos carriles. Están resguardados por paredes, no muy altas, por donde a veces -en sus bases- las ideas dejan germinando alguna semilla.
De esas semillas crecen plantas; suelen ser plantas que crecen hacia arriba, amigándose y queriéndose con la pared. Enredadas.
Eso sí; a las plantas hay que regarlas... y esto apareja una situación.

Si riego las plantas y la neurona estaba siendo transitada en actividad, ¿hay chance de que se resbalen los elementos psíquicos que por allí transitan? ¿Qué pasaría en dicho caso?

Este escrito se trata sobre la forma en que tu cabeza crea un jardín interno en las alturas.
Las enredaderas siempre sobrepasan los muros. Buscan el Sol, el centro de la cuestión lumínica que les atrae y sirve de sostén vital. 
En este caso, el Sol está en donde residen las ideas. Y dicho lugar es intercambiable todo el tiempo.
¿Qué hacen las enredaderas al respecto? Lo que mejor saben hacer: invitarse a otras neuronas, amigándose con ellas, extendiendo sus brazos y formando una red neuronal redundante.
Por los canales ordinarios, los elementos transitan en forma medianamente pautada. Hay ciertas reglas. Por las alturas, las enredaderas se manejan de forma totalmente arbitraria. Se interconectan ayudadas por el soplo del Viento de la percepción y la memoria. Cruzan las veredas agarradas de los semáforos. Tienden puentes naturales entre distintos barrios mentales.

Las enredaderas entran en tu conciencia a partir de la semilla que germinan tus ideas. Regarlas es cosa de todos los días y, con un poco de tiempo, podés vislumbrar que dicha actividad consiste nítidamente en dejar que tu conciencia mire hacia abajo y permita llover.
Los elementos no se corrompen y tampoco se resbalan. No hay conflicto. Todo ese menjunje se proclama -en los augurios de la boca de los lobos que aúllan en las noches de luna llena- parte verde expansiva de la capacidad que tiene tu conciencia para trascenderse a ella misma.

Los lobos aúllan y las enredaderas descansan. Nos despertamos y sale el Sol en todos nuestros barrios. Las enredaderas vuelven a reptar. Etcétera.