Del bonete. - 2015 2 3



Los duendes que viven en mi casa están sonrientes. 
Ayer se fueron a dormir con los bonetes levemente torcidos en la punta, como si los mismos hubieran tocado el techo de algún lugar.
Yo no los medí, yo solo los vi; quizás están creciendo en altura (sus cuerpos o sus bonetes).
La próxima vez que los vea -espero que así sea- les voy a preguntar; si lo que le pasa a sus bonetes es de algún orden místico o tiene una razón regular.
¿Será una razón singular? Sería justo incursionar; a lo mejor el Viento les apunó el rosquete, a lo mejor fue solo un chiflete.

La bonetidad del bonete te habla de distintas cosas. Su base circular te invita a flashear; un bonete es un círculo en ascenso, cada vez más angosto. Cada vez más, cada vez más, hasta que -imaginariamente- ese círculo se convierte en un punto. El último pixel del bonete. La punta. 

Los bonetes les vi doblados; estaban desprolijos, como machacados.
Les pregunté si fue por el viento; "No te miento", me dijo uno, "La condición de nuestra bonetidad escapa a mi discernimiento".
Me puse a jugar, a tratar de observar sus gorros desde otra perspectiva angular.
Encontré poco, o nada, pero ante todo vale ser paciente; al fin y al cabo, los duendes están sonrientes.

...

Los bonetes están colgados. Por eso se doblaron un poco. Los duendes los colgaron del perchero para ventilar sus cabezas. Es difícil ser un duende en estos días; hace calor y las posibilidades son limitadas. El bonete es parte esencial del duende, casi tanto como su capa. Y hace calor.
Mejor que preguntarles qué le pasó a los bonetes, va a ser esperar. Permitirles que se tomen el tiempo para refrescarse. 
Al fin y al cabo, no se precisa un bonete para que chifle el moño.
No se precisa un bonete para estar del bonete.
Pero si hay bonete e impera descansar, los bonetes hemos de colgar.