De pareceres y obnubilaciones. - 2015 2 19

Cuando era chico aprendí que Papá Noel no existe por observar que quien se apareció como tal en una Nochebuena caminaba igual que mi abuelo materno.
Muchas veces mi percepción va de lo complejo a lo simple, como si primero me fijara en ciertos detalles que me llaman la atención del panorama amplio.

Cuando era chico aprendí también que era sonámbulo. Me levantaba a la noche y mi ritual clásico era deambular fuera de mi dormitorio y empezar a hacer como si me fuera a bañar. Por alguna razón nunca se me ocurrió bajar las escaleras de mi casa. 

Cuando era chico yo no sabía que era chico. Crecí aprendiendo que la comida frita y las gaseosas hacen mal, por ende para mí, hoy en día, recurrir a ellas es hacer algo que aprendí está mal. Porque ya no soy chico y aprendí la forma en que el Cuerpo se lleva con esos "alimentos". Y es así, hacen mal.

Cuando era chico aprendí muchas cosas. Cosas que, en general, venían cargadas de disociaciones como bueno/malo, seguro/inseguro, confianza/paranoia y, la más importante de todas, adentro/afuera.

Cuando era chico aprendí que los "adentros" siempre eran más importante que los "afueras". Aprendí a crear una coraza, un borde que me protegía de la realidad exterior como si esta fuera a deglutirme. Aprendí que toda persona no conocida es una posibilidad de peligro y merece mi desconfianza. Aprendí que los amigos son socios estratégicos de la vida. Aprendí que llevarse bien siempre es bueno porque uno no sabe cuándo necesita algo.

Aprendí muchas cosas. Y luego llegó un punto, en donde mi sistema perceptivo empezó a notar irregularidades. No todo lo bueno es todo bueno ni todo lo malo es todo malo. Ni todo lo bueno me parece bueno, ni todo lo malo me parece realmente malo. No todos los desconocidos me quieren hacer daño, no todo el daño viene por parte de los desconocidos. 

Abrí una grieta por donde dejé caer mi sistema. Fue una grieta en una montaña que entraba en erupción. Y mi sistema se licuó en el océano de lava que residía en las profundidades.

En ese contínuo desde "ahí", en esa insignificación atemporal que resultó ese movimiento, empecé de cero. Borrón y cuenta nueva. Guiarme por mi propia experiencia. Investigar, preguntar y dármela en la pera.

A veces la realidad se encierra en sí misma y la percepción sobre el presente obnubila la sensación de Cuerpo. Pierdo la noción de dónde estoy en una oscuridad mental.

Los abismos te permiten conocer si realmente le tenés miedo a las alturas.
El peligro realmente es real cuando abre surcos en tu piel. 
Las nubes son un precipicio, las pupilas te vomitan el iris con angustias que vuelven cada vez que contás hacia atrás con los ojos hacia arriba.
No podés estar más lejos estando cerca.