Cuatro minutos después del Viento. - 2015 2 11



Sopla una ventisca y la temperatura cuenta cuentos de otoño.
Seguimos en verano; el calor está, la ausencia de ropa también.

Se detienen los ojos y los relojes se apagan. Existe una contemplación del vapor de agua que exhalan nuestras pupilas al respirar.

No da abotonarse la panza.
Reiteramos; no da abotonarse la panza.

Las pupilas que se dilatan cuando entrecerrás los párpados; son los relojes que se apagan.
Todos se van a dormir menos tu pelo y tus uñas.
Todos nos vamos a dormir. Quedan escasos momentos para actitudes heroicas y lo hecho, hecho está. Con "h" de heroico. Con "h" de "droguita".
Las drogas nunca dicen la verdad. Por eso les creemos.
Y una droga puede ser cualquier cosa.
En mi caso, una droga posible es la sensación de abundancia. Que las cosas rebalsen rechonchas.

No me siento un jeque árabe. Es que me gusta que haya, siempre. Siempre que se pueda. Siempre que estemos a salvo de la medianoche. Siempre que los relojes se mantengan en lo alto del carajo.

Del carajo. 
Este escrito cayó de la estratósfera.