Circular protocolar. - 2015 2 8

La circularidad te acompaña.
Los círculos te brindan la posibilidad de estar viéndonos siempre a la cara.
Y eso es bueno.
Hay una particularidad que atañe al círculo que lo hace también una forma intrincada.
Para agregar un elemento al círculo, el mismo se tiene que expandir hacia afuera para dar lugar. No se puede simplemente agregar un elemento a su costado o perdería la forma. Y no se puede anexar un elemento sin que el diámetro y circunferencia del círculo cambie. 
Es decir, el círculo está bueno y es siempre un fenómeno expansivo.
Esto en términos terrestres puede ser poco práctico porque requiere tener la Tierra al servicio de tus pies. Y eso no es realista.

Si quiero mantener el contacto visual y -lo más importante- no configurar el espacio a modo jerárquico, ¿qué alternativas tengo?

La forma de ubicarnos en el espacio es siempre parte nuestra. Siempre habla, de la misma forma que siempre hablamos -aunque no estemos hablando-.
Los lugares que nos gustan viajando en transporte público. 
Los rincones que nos gustan en la biblioteca, en el aula, en la cocina, en la mesa, en la cama.
La forma en que pensamos el lugar y nos reubicamos cuando el mismo cambia de manera inesperada.
La forma en que nos sentamos.
Todo habla. ¿Qué mejor que ser transparentes e ir, uno, siempre?

...

Habrá que pensar otras formas.
Otras formas. La idea es cuidar el espacio. El círculo tiene un elemento de abundancia que conviene usar a conciencia. El espacio que queda en el interior del círculo está libre, lleno de aire y la idea es que permanezca de dicha manera. En ese sentido, a medida que se ensancha y se agranda el círculo, se va abarcando cada vez más aire y energía. De mismo modo, se va requiriendo cada vez más plasticidad para que los rostros que se miran se mantenga interconectados.

La Tierra es circular. La Naturaleza crece de forma circular, espiralada. 
Los círculos te hablan de un fluir y de cosas que no tienen comienzo ni fin.
Los círculos son la conciencia.