Bla-poblí. - 2015 2 15

De nuevo una coincidencia.
La experiencia de la calle te arroja nuevamente una coincidencia.
La ciudad está llena de pitufos. 
Los pitufos son parecidos a los duendes mas no pueden elegir el color de su gorra. La elegirían de color azul para combinar con el color de la piel. Pero no pueden elegir el color de su gorra. Es roja. Roja color sangre. Y los pitufos no sangran.

A los pitufos no les gusta la música ni las sonrisas. Descansan cuando la realidad está enrejada y usan cualquier excusa para prenderte fuego el rancho. Eso sí; si los saludás, te saludan. Porque si algo sabe hacer un pitufo, es hacer de cuenta que está todo bien.

Hoy voy a salir a la calle a encontrarme pitufos y decirles que está todo bien. Sonreírles en la cara buscando dos milímetros de oscuridad en sus pupilas. Y cuando lo encuentre, me voy a meter. Me voy a meter en sus pupilas con la boca y les voy a morder el sentido de obsecuencia con la realidad.

¿Quién no conoce, acaso, algún pitufo? Son unas criaturas semi-humanas, molestas, fantásticas. Son del orden de lo imaginable porque están diseñadas para operar dentro de los márgenes y parámetros de la realidad. Los pitufos que hay acá no son los mismos que hay en lugares donde suele hacer más frío. Ahí son aún más azules. 

Eso sí; en el agua no hay pitufos. No son personajes recurrentes en los mares, océanos, lagos, en cualquier formación de agua. Tienen miedo que se les escurra lo poco que les queda de Alma.

El interior de la pupila de un pitufo está llena de recuerdos de osadías nimias por parte de agentes no identificados. Presuntos Natalia-natalias

Y si sos un pitufo y te llamás Natalia, estás hechísimo.