Anti-aéreo. - 2015 2 1



El Cielo está claro y nadie podría sospechar que, tras esa ensalada de tonalidades oceánicas, haya una criatura esperando para entrar en escena.
El Sol está llegando a su punto cúlmine; es casi el mediodía, las alas de los pájaros están radiantes y los mismos dedican las horas del preciso momento de este día para observar sus relojes y esperar.

Los pájaros te miran de reojo. El Cielo brama un eructo malintencionado. Algo surge de entre telones azules. Tiene una forma conocida y llena de tumultos. Casi como por ósmosis, se va filtrando en la fina capa de Cielo una presencia juguetona. Es una nube. Una nube densa y burbujeante. En el medio de un océano de claridades.
...

Estamos al comienzo del segundo mes de un año que comienza. Las cosas todavía no comienzan. Las personas todavía no empiezan. Las nubes esperan directivas mientras el Sol está ahí porque no sabe hacer otra cosa. 

Los pájaros siguen esperando. Aletean en desazón, como si estuvieran aguardando la intervención del Cielo mediante un objeto contundente que se suspenda a suficiente altura como para ser desafiado por la gravedad. Y en ese momento volarían como máquinas de batalla a pellizcarlo, a destrozarlo y -quizás- a desasnarlo. A enseñarle a ser otra cosa que no surque los aires de manera antojadiza como una nube esponjosa. 

Están esperando y la espera va a ser larga. Vivir esperando la espera. 
Me parece que conviene volar.