A pelletier. - 2015 2 20

Hace semanas menos de un año agarré mi cabeza y la transformé en un cepillo.
Fue un proceso lento, tardé un par de horas. Lo hice yo. Quedó imperfecto pero ese cepillo me permitía cepillar.
Mi pelo tiene la cualidad de ir enquilombándose de a poco. Trata de mantener la forma hasta cierto punto, pero cuando te pasás casi doce meses diciéndole que haga la suya, llega un punto en donde se pierde totalmente el control.
Yo ya no tengo el control sobre la forma y actitud de mi pelo. Sí; actitud. Mi pelo ya tiene una personalidad aparte. Me pide mimos durante el día y cada dos por tres se le erizan las canas.
Mi pelo hoy en día es un nido de caranchos. 
Un cajón lleno de lechugas.
Un gato al lado de otro gato.
Un fardo de paja a medio morder por un caballo que no se deja domar.
Mi pelo, hoy en día, es un quilombo. Y esto se tiene que terminar. Quiero que termine. Lo quiero aprolijar.
Esto se tiene que terminar y vengo afilando las uñas. Y las tijeras.
Este pelo no va más.

Hace unos años deliraba que la personalidad que llevo en cada momento tiene que ver ampliamente con la forma en que está crecido mi pelo. Y si "estoy de la cabeza" y me lo corto, ¿qué pasará? ¿Puede ser, acaso, mi talón de Aquiles?

Lo más probable es que me lo corte y aprenda nuevas expresiones. Surque expresividades que quedaban camufladas debajo del matorral. Es probable que mi mirada vuelva a intimidar un poco y que mi presupuesto de shampoo baje drásticamente. Es probable que me vea más flaco y que mi Cuerpo parezca más fornido. Sí, así de selvático lo tengo. Las cosas, al lado de mi pelo, parecen más chicas de lo que realmente son. Parezco menos narigón. Parezco menos boludo.

Mi pelo es una expresión que dura generalmente doce meses y se renueva. Es darme un poco de aire y curar mi horror por las denominadas "chapas". A mis ondas enquilombadas les llegó el momento. Y el placer que siento mientras me cortan el pelo es indescriptible. Hoy, después de mucho tiempo, decido que me lo corten. La próxima vez probablemente lo haga yo. Esta vez, no. Viaja una caricia.