Dos "lo" para guiñar un ojo. - 2015 2 27

Afuera es adentro.
Vos nunca lo entendiste, va de nuevo: afuera es adentro.
La separación de la experiencia de lo sensible es efímera cuando se trata de hacerla a partir de otro elemento que no sea tu piel.
Toda expresión es un microcosmos de verdad y todo microcosmos refiere a un contexto que le concierne. Le compete. Es con él.

El ruido siempre tiene música de fondo.
El barullo que genera tu percepción al vivir la realidad es un eco de una melodía de sala de espera que suena, siempre risueña, en tu cabeza.
Hace mucho tiempo dejaste de escucharla por lo que, para vos, hoy no existe. 

Por lo que [para vos (hoy)] no existe.
Por lo que no existe.
Para vos no existe.
Componer melodías en tu conciencia es un camino que te lleva a oír lo que no querés escuchar. A veces eso es precisamente lo que necesitás. Para cambiar de instrumento, de movimiento, para agregar una nota o modificar un compás.

Do re mi fa sol la si.
Do re mi fa sol lo si.
Lo de mi fa sol lo si.
Lo de mi va solo si.
Solo a condición, aquello que soy propiamente se dirige en forma transparente sobre la Tierra-piel. Y así, sol. Así Sol.

No se sabe. - 2015 2 26

Estamos pasando del aire al agua.
El pasaje no es necesariamente llevadero.
Nuestras ideas vienen mareadas en un vuelo con suficiente altura como para que les falte el aire. No nos sube agua al termotanque y, cuando llega el veintiuno, nos hundimos. La fuerza de lo cósmico nos sumerge en un líquido denso y con suficiente temperatura como para querer abrir la canilla de agua fría. Pero no es posible.
No es posible dilatar el calor. Si tocamos los caños, nos queman.
Estamos pasando del aire al agua y la conciencia no hace pie. La densidad de la cosa hace que no podamos mover los brazos. Los sumergimos en un momento y ahora no podemos sacarlos. Solo podemos mover los pies. Solo podemos mover los dedos de los pies. Pero no hacemos pie.
No hacemos pie y este escrito tampoco.
Es nadar en la Nada.

Mariposa. - 2015 2 25


Para este miércoles gris, el lunes regaló naranja.

Yo ver. - 2015 2 25

Hoy, despertar con el Viento.
Lo gris del día se abalanza con la espontaneidad de lo incólumne. A la tormenta no le interesa dónde estamos. Sin embargo nos avisa. No pretende hacernos daño.
Esta lluvia es esperada.
Le devuelve un aire monocromático a la realidad. Las cosas son reflejadas por un espectro de grises que se combinan contando chistes para hacer reír al Cielo. El Viento dice dónde -y cuándo-.
Lo gris se cierne sobre tu cabeza. 
Tuviste días mejores. Tuviste semanas mejores.
Y lo mejor que te puede pasar después de una semana de haber tenido semanas mejores es que se te llueva la vida sobre la cara.
Dejarte llover, dejarte llorar, sentir cómo la brisa húmeda de la tormenta te apaña el Alma.
Este escrito sucede en la parte profunda de un charco. De un charquito. En una vereda. Con las baldosas rotas.

La dirección de la tormenta. - 2015 2 23

Cada vez que hago un escrito uso un formato de fecha que incorporé hace unos años.
Pongo, en números, el año, el número de mes y el número de día.
En el final de cada título, después del último número, viene el vacío. La nada, el abismo.
Recién escribí el veintitrés y apreté la barra espaciadora. Di un espacio. Luego de escribir el día, di un espacio.
Un espacio es distinto al vacío. El espacio invita a que cosas sucedan en él -sin ni siquiera mencionar al tiempo-. 
El espacio que dejé me dice algo de lo que siento en este momento. Me siento volado y, aún así, me falta un poco de aire. Me siento atosigado.
Puedo engañarme y pensar que es el calor. Puedo pensar que es el ruido. Puedo pensar que soy yo.

Ese espacio lo figuro como el lapso de tiempo que sucede entre que se ve un rayo y se escucha un trueno. El sonido tarda en llegar, viaja lento, menos apresurado. La luz ni lo piensa. El sonido rebota de otra forma y tarda en llegar.
Ese espacio es este espacio.
Estoy tardando en llegar pero la luz está siendo emanada desde temprano. Pero tardo. Es por el curso de mi energía actual. Cuando me tocan el rancho, se pudre todo.
Se me dibuja humo alrededor de las pupilas. Mi mirada se encuadra, se encasilla y se nivela. Edifico una pared delante y otra detrás mío. Solo me puedo mover de costado. 
No sé si estoy en un laberinto pero, de ser así, soy responsable por su existencia. Soy el albañil. Soy el maestro mayor de obra. Soy el arquitecto. Manejo los planos y decido por dónde ir. Y esta es una de esas elecciones de camino, para enfocar la mirada hacia donde quiero que lleguen los truenos. 
...
Esos lugares son tan inocentes como molestos. Por eso vale la pena tronar. Y antes, mucho antes, va a haber llegado la luz.

Tres que no hablan. - 2015 2 22

Hace unos cuantos meses tomé un colectivo; en la primera fila de asientos delanteros -los que miran hacia atrás-, estaba sentada una mujer. Una mujer joven que quizás no llegaba a los veinti-algo. Yo estaba parado en la mitad del colectivo, donde están los cinturones de seguridad para sillas de ruedas.
Jugué a jugarle con la mirada. 
La miré unos segundos y, cuando me miró, mantuve la mirada un par de segundos más, para luego dirigir mis ojos hacia la izquierda con una sutil sonrisa. Quería decirle algo. Quería decirle un par de cosas. Que me parecía muy linda. Que me atraía. Quería decirle eso sin hablarle con palabras, así que la vi y me sonreí. 
Esperé unos segundos más y la volví a ver. Me miró unos segundos y le pasó lo mismo. Sonrió y miró hacia el costado. Fuimos cómplices de nuestros sentidos.
Durante el viaje sucedieron cosas en el colectivo. Cosas que llamaban la atención de nuestros ojos. Era conectar con dichas cosas y luego volver a mirarnos. Sonreírnos. Transmitirnos dulzura. Contemplación. Atracción. Misterio. 
No recuerdo quién bajó primero, si ella o yo. Hubo sonrisa de despedida y una sensación de cosquilleo en la garganta.

...

Necesito que las cosas sigan el curso más conveniente. Todo lo malo puede ser malo por instantes, hasta que comprendemos por qué no existe bajo dicho adjetivo calificativo y procedemos a observarlo en su forma. En su manera de manifestación como fenómeno aparente en nuestro sistema perceptivo. Sin demasiados simbolismos o interpretaciones. Viendo lo que sucede. 
Cuando las cosas siguen su curso se entraman espontáneamente a direcciones que tejen, con sus hilos, ropajes que abrazan al Mundo. Todo acontecer deliberado acobija la existencia. Y si hace calor, la protege del Sol.

...

No sé muy bien cómo funciono pero creo tener una capacidad particular para sentir la energía de las personas. Sentir sus presencias, husmear en sus miradas. Asomarme. Ver hasta dónde se les dilatan las pupilas. O cuánto se contraen. Y me gusta desafiar a las personas a que me den un mordiscón. A ver si duele. A ver hasta dónde muerden. Necesito que las personas me muestren sus dientes. Hace un tiempo decidí que no quiero vivir mi vida con personas que creo no están vivas. Y eso es sumamente subjetivo. Pero, ¡casualidad! Comulga de alguna manera con cierta esfera de Mundo. Encuentra un lugar. Una forma de acobijar y una mirada dulce. Y eso es conveniente.

...

Cuando empecé este escrito, todo lo que sabía era que quería sacarme una sensación de encima. Yo no soy el Sol y me gusta avisarle a las personas que no tengo límites... salvo cuando me encuentro con mis propios bordes.


A pelletier. - 2015 2 20

Hace semanas menos de un año agarré mi cabeza y la transformé en un cepillo.
Fue un proceso lento, tardé un par de horas. Lo hice yo. Quedó imperfecto pero ese cepillo me permitía cepillar.
Mi pelo tiene la cualidad de ir enquilombándose de a poco. Trata de mantener la forma hasta cierto punto, pero cuando te pasás casi doce meses diciéndole que haga la suya, llega un punto en donde se pierde totalmente el control.
Yo ya no tengo el control sobre la forma y actitud de mi pelo. Sí; actitud. Mi pelo ya tiene una personalidad aparte. Me pide mimos durante el día y cada dos por tres se le erizan las canas.
Mi pelo hoy en día es un nido de caranchos. 
Un cajón lleno de lechugas.
Un gato al lado de otro gato.
Un fardo de paja a medio morder por un caballo que no se deja domar.
Mi pelo, hoy en día, es un quilombo. Y esto se tiene que terminar. Quiero que termine. Lo quiero aprolijar.
Esto se tiene que terminar y vengo afilando las uñas. Y las tijeras.
Este pelo no va más.

Hace unos años deliraba que la personalidad que llevo en cada momento tiene que ver ampliamente con la forma en que está crecido mi pelo. Y si "estoy de la cabeza" y me lo corto, ¿qué pasará? ¿Puede ser, acaso, mi talón de Aquiles?

Lo más probable es que me lo corte y aprenda nuevas expresiones. Surque expresividades que quedaban camufladas debajo del matorral. Es probable que mi mirada vuelva a intimidar un poco y que mi presupuesto de shampoo baje drásticamente. Es probable que me vea más flaco y que mi Cuerpo parezca más fornido. Sí, así de selvático lo tengo. Las cosas, al lado de mi pelo, parecen más chicas de lo que realmente son. Parezco menos narigón. Parezco menos boludo.

Mi pelo es una expresión que dura generalmente doce meses y se renueva. Es darme un poco de aire y curar mi horror por las denominadas "chapas". A mis ondas enquilombadas les llegó el momento. Y el placer que siento mientras me cortan el pelo es indescriptible. Hoy, después de mucho tiempo, decido que me lo corten. La próxima vez probablemente lo haga yo. Esta vez, no. Viaja una caricia. 

Ns/nc. - 2015 2 19

¿Qué sabemos?
No sabemos.
No sabemos qué sabemos.
No sabemos que sabemos.
¿Qué, sabemos?
No sabemos.

De pareceres y obnubilaciones. - 2015 2 19

Cuando era chico aprendí que Papá Noel no existe por observar que quien se apareció como tal en una Nochebuena caminaba igual que mi abuelo materno.
Muchas veces mi percepción va de lo complejo a lo simple, como si primero me fijara en ciertos detalles que me llaman la atención del panorama amplio.

Cuando era chico aprendí también que era sonámbulo. Me levantaba a la noche y mi ritual clásico era deambular fuera de mi dormitorio y empezar a hacer como si me fuera a bañar. Por alguna razón nunca se me ocurrió bajar las escaleras de mi casa. 

Cuando era chico yo no sabía que era chico. Crecí aprendiendo que la comida frita y las gaseosas hacen mal, por ende para mí, hoy en día, recurrir a ellas es hacer algo que aprendí está mal. Porque ya no soy chico y aprendí la forma en que el Cuerpo se lleva con esos "alimentos". Y es así, hacen mal.

Cuando era chico aprendí muchas cosas. Cosas que, en general, venían cargadas de disociaciones como bueno/malo, seguro/inseguro, confianza/paranoia y, la más importante de todas, adentro/afuera.

Cuando era chico aprendí que los "adentros" siempre eran más importante que los "afueras". Aprendí a crear una coraza, un borde que me protegía de la realidad exterior como si esta fuera a deglutirme. Aprendí que toda persona no conocida es una posibilidad de peligro y merece mi desconfianza. Aprendí que los amigos son socios estratégicos de la vida. Aprendí que llevarse bien siempre es bueno porque uno no sabe cuándo necesita algo.

Aprendí muchas cosas. Y luego llegó un punto, en donde mi sistema perceptivo empezó a notar irregularidades. No todo lo bueno es todo bueno ni todo lo malo es todo malo. Ni todo lo bueno me parece bueno, ni todo lo malo me parece realmente malo. No todos los desconocidos me quieren hacer daño, no todo el daño viene por parte de los desconocidos. 

Abrí una grieta por donde dejé caer mi sistema. Fue una grieta en una montaña que entraba en erupción. Y mi sistema se licuó en el océano de lava que residía en las profundidades.

En ese contínuo desde "ahí", en esa insignificación atemporal que resultó ese movimiento, empecé de cero. Borrón y cuenta nueva. Guiarme por mi propia experiencia. Investigar, preguntar y dármela en la pera.

A veces la realidad se encierra en sí misma y la percepción sobre el presente obnubila la sensación de Cuerpo. Pierdo la noción de dónde estoy en una oscuridad mental.

Los abismos te permiten conocer si realmente le tenés miedo a las alturas.
El peligro realmente es real cuando abre surcos en tu piel. 
Las nubes son un precipicio, las pupilas te vomitan el iris con angustias que vuelven cada vez que contás hacia atrás con los ojos hacia arriba.
No podés estar más lejos estando cerca.

En ascenso. - 2015 2 19

Cuando no sé muy bien sobre qué escribir, miro el Cielo por la ventana.
El Cielo siempre tiene algo para convidar. Alguna nube con alguna forma. Algún azul o celeste particular. Algún gris, algún negro.
Hoy veo el cielo azul, celeste y blanco. Y ayer estaba negro, negro como la tormenta negra que azotó con aire las paredes de lo vertical.
Las tormentas son una forma de expresividad de las fuerzas físicas que se manifiestan en el Cielo. La forma sutil en que el aire viaja repleto de elementos invisibles que se hacen visibles cuando se combinan entre sí y con otro elemento interesante; el agua.
Hace unos días imaginé algo sobre la relación entre el aire y el agua a través de la tierra.
Es fácil ver cómo el agua cae de arriba hacia abajo. Es un poco más sutil entender cómo sube. Cómo sube el agua.
Cuando el agua baja, lo hace de forma manifiesta. O, dicho en forma más precisa: cae en partículas de un tamaño suficiente como para ser vistas por nuestro ojo. 
En cambio, cuando el agua sube, lo hace de forma gradual. Las partículas que se evaporan por acción del Viento y el Sol son pequeñas, muy pequeñas y se evaporan de a una y sin ningún tipo de apuro. 
Al agua le es más fácil rápido bajar que subir. 
El agua es pancha. Tiene que juntar fuerza de voluntad para presentarse como una fuerza. Una gota de agua no es mucho, pero se asocia con otra, y otra, y otra, y forman una masa de agua. Un río, un mar, un charquito o una laguna. Una tormenta y también una garúa.
El fuego, por comparar, tiene otro comportamiento. Necesita solo un chispazo para entrar en acción. Uno solo y él mismo se encarga del resto, mientras haya socios potenciales cerca.
El agua encuentra su serenidad descendiendo hasta el último huequito. Y cuando hay que subir, sube de a poquito. Si no lo ves, mirá -un rato- un charquito.

Palpatear. - 2015 2 18

Todos los caminos conducen a cualquier lugar.
No hay un lugar preciso; ni un origen ni un destino.
El curso del camino es variable con los ánimos del Viento,
Y es posible desviar el camino unos milímetros con una inesperada brisa. 

Todos los caminos son, 
Y somos todos los caminos.
Somos un camino, o dos, o tres, o cuatro. O seis.
Donde pisamos convergen caminos que son al mismo tiempo, aunque lleven y nos direccionen a lugares distintos. Algunos lugares están más lejos, otros más cerca.
Lo importante es caminar.
Caminar sabiendo que siempre se llega a algún lado. Aunque no lleguemos. Siempre se llega a destino si el destino es caminar. Y si no existe el destino, mejor. Porque, de vuelta, lo importante es el camino.

Somos todos los caminos. No importa dónde estemos, siempre estamos caminando hacia lugares coloridos. Nuestra voz también camina. Nuestros brazos también caminan. Y, mientras caminamos, nuestra mirada vuela. 

Polvolar. - 2015 2 17

La tierra seca se va al aire.
Está libre de humedad y puede volar. Se hace polvo.
La tierra húmeda, por otro lado, se queda donde está. Impregnada y rechoncha de agua, su movilidad se ve reducida. Se la puede trabajar, es más amoldable pero también más pesada.
Es una persona de tamaño interesante que se acomoda en un sillón bajo y bien cómodo. Se acomoda y se deja estar
¿Cómo es esa relación entre el aire y el agua? Si es que la hay.
¿Por qué le pasa esto a la tierra?
Es casi como una relación de tensiones naturales.
Si uno de los elementos abunda en otro, su relación con un tercer elemento se vuelve complicada. Rebuscada. Porfiada. 
Hagamos un juego de elementos.
La tierra surge desde el agua. El aire y el fuego la secan y la vuelan. La tierra vuela e indefectiblemente vuelve al agua. Y esto es solo concentrándonos en lo que pasa con la tierra. Con el agua es mucho más complejo e interesante.
¿De qué nos habla esta relación entre elementos naturales? 
La manera en que cooperan en función de realocar la tierra.
La forma en que se forman formas en el desierto. Las dunas de arena (que no es precisamente tierra).

Un destino del agua es mojar.
Un destino del aire, soplar.
Un destino del fuego, secar.
Y el destino de la Tierra, nunca lo vamos a saber. Se deja mojar, se deja soplar, se deja secar. Deja que el fuego queme hasta la inexistencia los elementos que la componen. Quizás es la tierra ansiando el polvo de cenizas que, finalmente, vuelve a formar parte de la masa llamada tierra.
La tierra disimula y se va. Y la tierra que viene, llega desde distintos lugares de la Tierra.

Inminencia eminente. - 2015 2 16

Los títulos traducidos de películas tienen un efecto que busca ser específico y siempre me lleva a la risa.

Lo ominoso puede ser algo de eso que me lleva a la risa. 
"Ominoso" es una palabra un tanto fuerte. Empieza con la letra "o", una letra que -en lo personal- me habla de algún Ser de tamaño grande y actitud desafiante o bien una cueva fría, húmeda y totalmente oscura. 
Sin embargo, ahí le sigue esa "m". Y todo se pone risueño y espiritual. Jugamos a que meditando estamos haciendo algo y encontramos la iluminación en una bombilla de bajo consumo que emite luz fría. 
"Om", "om", "omelette". Meditar y transmutar el estado de una proteína pura amalgamándola en sí en compañía especiada.
La "i" es un fusible. Y me imagino un fusible saltando. 

Entonces:
Una criatura enorme e intimidatoria despierta de su trance meditativo para prepararnos un omelette que cocinará de a vueltas que le hará dar en el aire.
El resto es muy simple. "Noso" remite a "enfermedad". Quizás el oso -la criatura ominosa- fue a la cueva a reponerse de alguna dolencia o molestia y eligió meditar para curar.
Sabemos que es un oso porque no podría ser otro Ser. Es una cueva y el escrito es ominoso. Es un oso.
Lo sabemos y sin embargo no estamos del todo seguros. Tenemos una premonición del aspecto que se fenomeniza en nuestra imaginación como consecuente. Lo real nunca viene solo.

Bla-poblí. - 2015 2 15

De nuevo una coincidencia.
La experiencia de la calle te arroja nuevamente una coincidencia.
La ciudad está llena de pitufos. 
Los pitufos son parecidos a los duendes mas no pueden elegir el color de su gorra. La elegirían de color azul para combinar con el color de la piel. Pero no pueden elegir el color de su gorra. Es roja. Roja color sangre. Y los pitufos no sangran.

A los pitufos no les gusta la música ni las sonrisas. Descansan cuando la realidad está enrejada y usan cualquier excusa para prenderte fuego el rancho. Eso sí; si los saludás, te saludan. Porque si algo sabe hacer un pitufo, es hacer de cuenta que está todo bien.

Hoy voy a salir a la calle a encontrarme pitufos y decirles que está todo bien. Sonreírles en la cara buscando dos milímetros de oscuridad en sus pupilas. Y cuando lo encuentre, me voy a meter. Me voy a meter en sus pupilas con la boca y les voy a morder el sentido de obsecuencia con la realidad.

¿Quién no conoce, acaso, algún pitufo? Son unas criaturas semi-humanas, molestas, fantásticas. Son del orden de lo imaginable porque están diseñadas para operar dentro de los márgenes y parámetros de la realidad. Los pitufos que hay acá no son los mismos que hay en lugares donde suele hacer más frío. Ahí son aún más azules. 

Eso sí; en el agua no hay pitufos. No son personajes recurrentes en los mares, océanos, lagos, en cualquier formación de agua. Tienen miedo que se les escurra lo poco que les queda de Alma.

El interior de la pupila de un pitufo está llena de recuerdos de osadías nimias por parte de agentes no identificados. Presuntos Natalia-natalias

Y si sos un pitufo y te llamás Natalia, estás hechísimo.

Pampalempín. - 2015 2 14

Uno.
Te amo.
Yo también.

Dos.
Te amo.
Y yo te amo a vos.

Tres.
Te amo.
Yo tampoco.

...

Tres y medio.
Te amo.
Yo te amo más.
No, yo te amo más.
No, yo te amo más.
No, yo te amo más.
Yo no te amo más.
Yo también.

...

En algunos sueños estar amando es encadenarme la existencia a una reja del canil de una plaza.
Si se acercan otros perros les voy a ladrar y voy a asegurarme de mear bien la reja para impregnarle mi olor.
"Esta reja es mía".
Entrar en el canil del amor no es necesariamente relativo a estar enamorado. Y viceversa. 
Yo amo porque sale amar. 
Amar es una semilla. Brota espontáneamente, no necesita que uno vaya y la riegue. Es una existencia suficiente por sí misma.
En ese sentido, el amor no necesita demasiada explicación. Y más: el amor no necesita. 
El amor no necesita enamorar.
Hablo por mí, al menos yo lo vivo así: el enamoramiento como un espejismo que protege al ego de encontrarse con cosas que no lo satisfagan. Y eso es una cualquieregueada.
Yo amo y no me enamoro. No lo hago porque no me resuena. Aprendí que yo no soy a través del enamoramiento. Que es una droga que consume más de lo que brinda. Y el amor tiene que ver con brindar siempre y siempre tener más.
Amor nunca falta.
Amor, nunca me faltes.
Quiero vale cuatro.

La cafet/era. - 2015 2 13

De un pequeño descuido nace una angustia irrepresentable. 
Justamente es una angustia por ser irrepresentable.
Y es una angustia que solo se calma con una taza de café. Que no hay. 
Ayer no había lugar.
Hoy casi no hay café.

Y yo, ¿qué hago sin café?
Sin café mi día no comienza. Mis neuronas siguen durmiendo. Mi atención mengua.
Se acuna y no funciona.
Sin café, puteo por interné.
¡Pero interné tampoco funciona!
Y no solo no funciona.
Hay algo peor; funciona mal.
Porque la cafetera se me rompió y ya está. Está rota. No hay demasiado que hacer. No puedo preparar café en el aire. Pero interné anda mal y anda pero no anda. Avanza dos pasos y retrocede tres. Anda sin sentido y sin coherencia. 

Las angustias son exageradas y aprovechamos la situación para exagerar. Para jugar a ser un poco caos. Llorar las nimiedades. El Mundo sigue en su lugar. Nadie se murió. Tampoco me atravesaron una daga en el corazón. Es una exageración. Pero, por unos segundos, pensé que hoy no iba a poder desayunar café. Y se me paró el Mundo. Más que "se me paró"; se me paralizó. Se me horripintalizó. Se me descalabró. Se me descafeinó el Mundo.

...

Igual ya está. Ya pasó.

Ya hay café.
Llamen al INADI;
Ya hay café.

Devolver. - 2015 2 12

"Volver" es imposible. No existe "volver".
Cuando era más pendejo y miraba televisión, hacía zapping a los pedos. Me quedaba con la primera imagen que venía de cada canal, automáticamente pasaba al siguiente y -en el lapso que mi televisor tardaba en cambiar de canal- procesaba la imagen que había visto y decidía si valía la pena "volver" o cambiar de canal ni bien enfocara la primera imagen del que venía. Era un juego peligroso.
"Volver" nunca era volver a la misma imagen. Era volver y quizás encontrarte con que, en realidad, lo que habías visto ya no estaba. Por variadas razones.

Bueno, "volver" es imposible. No se puede volver hacia atrás en las cosas. Menos que menos en el Mundo. La trascendencia no tiene un tiempo determinado. La realidad solo existe en el presente. Lo que viene después es relativo a otra consideración fuera del tiempo. Justamente, trascender.

No ha lugar.

No podés volver atrás de las cosas que conforman tu Mundo.
Las cosas son, cada vez, más crípticas. 
Vienen cifradas en lenguajes que no entendés.
Y no hay por qué entender.
Cuanto más alto saltes desde las alturas, más tonos de azul vas a conocer.
El verde existe en el mar; las olas olean, imposible volver.

La-te, no-la. - 2015 2 11

Cuando te hartes de estar al servicio de la Naturaleza, chequeá tu reló, tu smarfón; chequeá tu sentido de la existencia por fuera del Espacio.
Hay una autopista de información que trasciende los caminos de baldosas y no se detiene en los semáforos. No pregunta quién es porque es posible "no ser" a través de su infinitud.
No pide mucho a cambio y tiene mucho para dar. Y te hace adicto.
Es, un poco, otra adicción. Es relativa al acceso a información; a la posibilidad de escuchar cualquier canción. De expresar lo que siento a través de un emoticón.

La tecnología es un camino de ida. Yo lo sé porque construí un "saberlo" desde el "no querer saber". Tardé muchos años en aceptar usar una pantalla táctil de celular. Y ahora soy otro pelotudo más. Chequeando, de a ratos, si mi existencia es un poquito más superflua. Pero está bien. No está mal. Lo importante es el cómo. Y no me la paso compartiendo proverbios chinos.

El día que la tecnología no esté, nos vemos las caras con preocupación. Las distracciones se quedan cortas y no tenemos excusas para evitar mirarnos a los ojos. Pensamos de qué hablar, atinamos a mirar al piso y nos sonrojamos. ¿Qué es esto de existir en el presente? Mi mano hábil está libre de pecados. Y no hay piedras a la vista. Hay momento.

El día que la tecnología no está, sos un poquito más conciente sobre el uso de tu tiempo. Sobre su uso, su desuso, su abuso. Y está bien. Cada uno hace lo que quiere. La invitación es una formalidad. Una muestra de cariño de lo Real. De lo que sucede sin sentido ni coherencia en un Mundo donde la coherencia y la lógica imperan en la pirámide. 

El día que la tecnología no estuvo, nos comunicamos con señales de afecto y caricias en vivo y en directo. Ese día es es hoy, si apagás el televisor. Si ponés el smarfón en silencio. Sin vibrador. Si te sacás las excusas y alzás la vista relajando tu entrecejo. Es hoy.

Nunca "lo". - 2015 2 11



Escribir es complicado.
No es que sea difícil. Escribir es caminar y todo camino te puede llevar a lugares que no querés conocer.
A palabras que no querés. A frases que no querés. A construcciones que no querés.
Escribir sin pretensiones es aún más complicado. No hay necesidad ni intención de transmitir un algo específico que sirva o que sea concretamente útil para la vida cotidiana. No hay intención de aleccionar con moralejas o proverbios sagrados de lo alto de Monte Culo.
Escribir es decir algo sin pretensiones. Sin que alguien tome tus palabras como forma de vida. Sin que pretendas decir "la gran verdad". Podés decir una, que puede estar al lado de otra, que puede también ser otra verdad. Nunca "la" verdad. Quizás "verdades".
Nunca "la" y nunca "lo". Las palabras que elegís te condimentan la ensalada, quizás sin darte cuenta hasta que mordés la lechuga y notás una textura alterada. 
Las palabras son relativas al lenguaje y el lenguaje es algo pícaro. Tiene recursos fáciles y baratos para decir boludeces haciendo de cuenta que son importantes. 
Hacernos decir o compartir o sonreírle a cosas que no tienen sentido más que el de ser reproducidas como mantras insonorizadores de nuestra vida cotidiana.
Sobre las cosas que supuestamente hay que hacer.
Sobre las cosas que supuestamente no hay que hacer.
Sobre cómo es la vida y los Seres que habitamos la Tierra.
Qué se yo. No se sabe. No sabés. No sabés cómo hay que vivir. Por eso quizás es tan cómodo aferrarse. "¿Que qué cosa dijo quién? Compro". Comprar. Comprar ideología. Ni empedo. Es gilada.

Cuatro minutos después del Viento. - 2015 2 11



Sopla una ventisca y la temperatura cuenta cuentos de otoño.
Seguimos en verano; el calor está, la ausencia de ropa también.

Se detienen los ojos y los relojes se apagan. Existe una contemplación del vapor de agua que exhalan nuestras pupilas al respirar.

No da abotonarse la panza.
Reiteramos; no da abotonarse la panza.

Las pupilas que se dilatan cuando entrecerrás los párpados; son los relojes que se apagan.
Todos se van a dormir menos tu pelo y tus uñas.
Todos nos vamos a dormir. Quedan escasos momentos para actitudes heroicas y lo hecho, hecho está. Con "h" de heroico. Con "h" de "droguita".
Las drogas nunca dicen la verdad. Por eso les creemos.
Y una droga puede ser cualquier cosa.
En mi caso, una droga posible es la sensación de abundancia. Que las cosas rebalsen rechonchas.

No me siento un jeque árabe. Es que me gusta que haya, siempre. Siempre que se pueda. Siempre que estemos a salvo de la medianoche. Siempre que los relojes se mantengan en lo alto del carajo.

Del carajo. 
Este escrito cayó de la estratósfera.

Crónica TVerso. - 2015

Tengo un gato durmiendo, cerca del teclado
Quiero ser cauto, voy a escribir con cuidado
Ayer me junté con unos amigos, comimos bicho asado
Nos la re dimos en la pera, hoy desperté explotado

Tomé bastante líquido hoy, me gusta estar hidratado
Tengo tanta agua adentro que podría hospedar a un pescado
Lo imagino nadando por mis venas, confuso y medio enredado
Reptando en la oscuridad rojiza, atento como un soldado

La semana empieza; ¡qué pereza!
El gato bosteza.
También se estira; me mira
Con paz él suspira.

La semana empieza lenta.
Le falta magia y canción.
Hoy no escuché música, eso es muy raro.
Pero logré levantarme temprano. Siete y media. Eso es algo.
Me bañé en sudor, agua y espinas. Tengo la mitad del cuerpo marcado.
Me subí a una jungla pequeña y espinosa y la viví de costado.

Teo, el gato, se despereza.
Su lunes es una flojeza.
Esta semana que no empieza... ¿y esto cómo termina?
...
Con una rima.

Gráficas pendejas. - 2015 2 8

A la vuelta de mi cuello yo miré y me miraron.
Había un pendejo; era yo mirándome. 
Giré la cabeza docientos cuarenta grados y me vi.
Estaba haciendo cosas que ahora no haría así que procuré fijarme con detención.
Ver con detenimiento cómo llego a este punto de continuidad del Ser.
¿Qué quedó, qué trasciende?
El simbolismo lo vivo de otra forma, eso es una seguridad.
No es que sea una forma mejorada; es otra forma y ya.

Es una forma que trasciende a partir de otra forma. Y quizás esta forma trascienda.
Si algo trasciende, es la trascendencia.
Tras la esencia, el contínuo va dando distintos pasos que conforman un camino que se mantiene en comunión con la idea y memoria de la relación ego-Mundo.
Es un camino que a veces va hacia adelante, a veces hacia atrás, a los costados. Esta direccionalidad ya la usé, ya lo sé. ¡Es que sirve! Tiene detenimientos para observar qué pasa con la forma de caminar.
El paisaje no es una cosa que esté "por fuera", si considero que mi Ser es en el Mundo. 
¿Sería eso trascender el ego? ¿Disociarse de la ilusión de que existe una línea divisoria, una frontera ilusa determinada por los centímetros de separación entre mis órganos y músculos y el aire, mediados por la experiencia de mi piel?

Cuestión que me vi y me bardeé. Me pinté la cabeza y no me gustó. Pero soy yo. ¿Qué le voy a hacer? Ese pendejo fui y soy yo.

¡Pendejo de mierda!

Circular protocolar. - 2015 2 8

La circularidad te acompaña.
Los círculos te brindan la posibilidad de estar viéndonos siempre a la cara.
Y eso es bueno.
Hay una particularidad que atañe al círculo que lo hace también una forma intrincada.
Para agregar un elemento al círculo, el mismo se tiene que expandir hacia afuera para dar lugar. No se puede simplemente agregar un elemento a su costado o perdería la forma. Y no se puede anexar un elemento sin que el diámetro y circunferencia del círculo cambie. 
Es decir, el círculo está bueno y es siempre un fenómeno expansivo.
Esto en términos terrestres puede ser poco práctico porque requiere tener la Tierra al servicio de tus pies. Y eso no es realista.

Si quiero mantener el contacto visual y -lo más importante- no configurar el espacio a modo jerárquico, ¿qué alternativas tengo?

La forma de ubicarnos en el espacio es siempre parte nuestra. Siempre habla, de la misma forma que siempre hablamos -aunque no estemos hablando-.
Los lugares que nos gustan viajando en transporte público. 
Los rincones que nos gustan en la biblioteca, en el aula, en la cocina, en la mesa, en la cama.
La forma en que pensamos el lugar y nos reubicamos cuando el mismo cambia de manera inesperada.
La forma en que nos sentamos.
Todo habla. ¿Qué mejor que ser transparentes e ir, uno, siempre?

...

Habrá que pensar otras formas.
Otras formas. La idea es cuidar el espacio. El círculo tiene un elemento de abundancia que conviene usar a conciencia. El espacio que queda en el interior del círculo está libre, lleno de aire y la idea es que permanezca de dicha manera. En ese sentido, a medida que se ensancha y se agranda el círculo, se va abarcando cada vez más aire y energía. De mismo modo, se va requiriendo cada vez más plasticidad para que los rostros que se miran se mantenga interconectados.

La Tierra es circular. La Naturaleza crece de forma circular, espiralada. 
Los círculos te hablan de un fluir y de cosas que no tienen comienzo ni fin.
Los círculos son la conciencia.

Juego. - 2015 2 7



No quieras.
No quieras atarte a algún ego. Los egos son juguetes sumamente pícaros.
Son chiches y pertenecen al orden de lo lúdico. Cuantas más reglas pongas en dicho juego, más lo vas a aprisionar.

No quieras.
No quieras desbordarme con palabras. Las palabras son herramientas que amalgaman y construyen realidad. La experiencia del Mundo desborda por encima, por abajo y hacia los costados. Hacia adentro y hacia afuera. Las palabras están buenas pero no son todo. No quieras desbordarme con palabras.

No quieras.
No quieras que tu razón sea a cuestas de la mía. Podemos ambos tener razón estando equivocados. La razón es una re gilada

No quieras.
No quieras que te quiera solo a vos. Ni quieras quererme solo a mí. Es una falacia y no hay por qué reprimir un deseo libre. Al fin de cuentas, el deseo es como un pájaro; lo metés en una jaula y se le muere el Alma. No quieras que te quiera solo a vos. A vos te voy a querer solo como a vos te quiera. Como a cada una.

No quieras.
No quieras que el amor se entremezcle con Poder. Dejá el Poder para los lugares inevitables. A mi ego y al tuyo les chupa un huevo quién lleva los pantalones. O las polleras. O los boxers. O las tangas.

No quieras.
No quieras guiarte por mis reglas. Por estas reglas de "no quieras". No quieras subyugarte a mi deseo ni a mi voluntad. No quieras seguir mis "no quieras seguir mis 'no quieras'".

No quieras. No querés. No querés y no lo hacés.
Es por eso, en parte, que te quiero. Que te quiero, porque no querés. 
Que te quiero tanto. Porque querés.

"Ah, che". - 2015 2 7

¿Qué es no poder perenigrar con el silencio?
El silencio es la absolutez de la intuición.
Es manejar la realidad con los ojos cerrados.
Es posar la mano por donde te parece va a salir la boca del cocodrilo.
El silencio, en este escrito, no es la hoja en blanco.
Es más bien una producción sin intenciones, contemplativa y emergente.
Es una producción que puede fenomenizarse en este espacio, si me animo a dejar un surco en blanco que ponga a la persona lectora en una situación de riesgo.
¿Te animás? Acá vamos;






























¿Y? ¿Qué tal? Porque estábamos ahí, los dos.
Estábamos ahí, sentados en sillones que no se pueden mover, con inefable necesidad de mirarnos a los ojos sin decir una palabra. Y no estábamos jugando a ver quién reía primero. Y si alguien reía primero nadie perdía. 
El silencio es una instancia que no está ni antes, ni en el medio, ni después de la comunicación.
Es una línea constante que surca cualquier frecuencia emisora/receptora de un mensaje y es parte siempre de él, como el silencio siempre es parte de la música.
Pensalo: la música es a partir del silencio con que se juega, que acompaña en todo momento, haciéndose presente y ausente según lo crean necesario los intérpretes y compositores.
Bueno, con el silencio del que hablamos hay intérpretes, compositores y también espectadores.
Porque si hay algo ominoso, es que el silencio habla de las cosas que no querés que se digan en silencio.
El silencio es permitirle lugares a todo lo que no querés darle protagonismo. Son lugares que pueden incomodar si no son aceptados como tales. Como intentar luchar contra la percepción de una sensación o emoción que vive dentro tuyo. No podés negarla. O, mejor dicho, podés negarla, pero no es efectivo. Tampoco es eficiente. Implica un gasto de energía desconsiderado y constante.
Los lugares a donde no quieras viajar son, entre otras cosas, tus destinos.

Entredaderas. - 2015 2 5

Cuando tengas la conciencia nublada, imaginate que los pensamientos reptan por las paredes de tus neuronas.
Las neuronas son unos pasillos que hacen las veces de autopista de dos carriles. Están resguardados por paredes, no muy altas, por donde a veces -en sus bases- las ideas dejan germinando alguna semilla.
De esas semillas crecen plantas; suelen ser plantas que crecen hacia arriba, amigándose y queriéndose con la pared. Enredadas.
Eso sí; a las plantas hay que regarlas... y esto apareja una situación.

Si riego las plantas y la neurona estaba siendo transitada en actividad, ¿hay chance de que se resbalen los elementos psíquicos que por allí transitan? ¿Qué pasaría en dicho caso?

Este escrito se trata sobre la forma en que tu cabeza crea un jardín interno en las alturas.
Las enredaderas siempre sobrepasan los muros. Buscan el Sol, el centro de la cuestión lumínica que les atrae y sirve de sostén vital. 
En este caso, el Sol está en donde residen las ideas. Y dicho lugar es intercambiable todo el tiempo.
¿Qué hacen las enredaderas al respecto? Lo que mejor saben hacer: invitarse a otras neuronas, amigándose con ellas, extendiendo sus brazos y formando una red neuronal redundante.
Por los canales ordinarios, los elementos transitan en forma medianamente pautada. Hay ciertas reglas. Por las alturas, las enredaderas se manejan de forma totalmente arbitraria. Se interconectan ayudadas por el soplo del Viento de la percepción y la memoria. Cruzan las veredas agarradas de los semáforos. Tienden puentes naturales entre distintos barrios mentales.

Las enredaderas entran en tu conciencia a partir de la semilla que germinan tus ideas. Regarlas es cosa de todos los días y, con un poco de tiempo, podés vislumbrar que dicha actividad consiste nítidamente en dejar que tu conciencia mire hacia abajo y permita llover.
Los elementos no se corrompen y tampoco se resbalan. No hay conflicto. Todo ese menjunje se proclama -en los augurios de la boca de los lobos que aúllan en las noches de luna llena- parte verde expansiva de la capacidad que tiene tu conciencia para trascenderse a ella misma.

Los lobos aúllan y las enredaderas descansan. Nos despertamos y sale el Sol en todos nuestros barrios. Las enredaderas vuelven a reptar. Etcétera.

Mañana a la mañana. - 2015 2 4

Presumir volver a saludar al Sol.

Los días vienen más esféricos. La forma en que la luz surca el espacio vislumbra oportunidades que, de otra manera, pasaríamos por alto.

La mañana es un momento muy especial del día.
La vida que conocemos como vida despierta por la mañana.
Los Seres que necesitamos Sol para mantenernos existentes; los animales, las plantas, todos despertamos un poco a la mañana. Aunque sigamos durmiendo.
La mañana es la invitación formal de la Tierra a que comencemos el día. 
La Tierra se lo toma con mucha calma y sin ningún tipo de apuro. Va despertando, muy de a poco, a todos los seres que la habitan, en forma gradual y amena.
La forma en la que nos asomamos al Sol, la forma en que el Sol se hace presente. Los tonos de casi oscuro (para quienes vivimos rodeados de luces artificiales y para quienes gozan enteramente de la luminosidad de la Luna) son germinados por la luz, por acción de la Tierra, que los manda a despertar. La luz en el espacio se despierta y comienza a abrir los ojos, irradiándose en el amanecer.
Todo el planeta nos invita a despertarnos por la mañana. Bien temprano, tanto como sea posible. Practicar observar el amanecer. Amanecer con el amanecer. Fluir con el movimiento de la Tierra y dejar que el Sol y la luz nos abracen.
La mañana es un acontecer prístino de la Naturaleza. Nos cuenta cosas sobre el día que adviene, nos invita a respirar el aire más puro y fresco, nos insta a acariciar a las plantas hacia un nuevo día. Nos invita a vivir el día.

Del bonete. - 2015 2 3



Los duendes que viven en mi casa están sonrientes. 
Ayer se fueron a dormir con los bonetes levemente torcidos en la punta, como si los mismos hubieran tocado el techo de algún lugar.
Yo no los medí, yo solo los vi; quizás están creciendo en altura (sus cuerpos o sus bonetes).
La próxima vez que los vea -espero que así sea- les voy a preguntar; si lo que le pasa a sus bonetes es de algún orden místico o tiene una razón regular.
¿Será una razón singular? Sería justo incursionar; a lo mejor el Viento les apunó el rosquete, a lo mejor fue solo un chiflete.

La bonetidad del bonete te habla de distintas cosas. Su base circular te invita a flashear; un bonete es un círculo en ascenso, cada vez más angosto. Cada vez más, cada vez más, hasta que -imaginariamente- ese círculo se convierte en un punto. El último pixel del bonete. La punta. 

Los bonetes les vi doblados; estaban desprolijos, como machacados.
Les pregunté si fue por el viento; "No te miento", me dijo uno, "La condición de nuestra bonetidad escapa a mi discernimiento".
Me puse a jugar, a tratar de observar sus gorros desde otra perspectiva angular.
Encontré poco, o nada, pero ante todo vale ser paciente; al fin y al cabo, los duendes están sonrientes.

...

Los bonetes están colgados. Por eso se doblaron un poco. Los duendes los colgaron del perchero para ventilar sus cabezas. Es difícil ser un duende en estos días; hace calor y las posibilidades son limitadas. El bonete es parte esencial del duende, casi tanto como su capa. Y hace calor.
Mejor que preguntarles qué le pasó a los bonetes, va a ser esperar. Permitirles que se tomen el tiempo para refrescarse. 
Al fin y al cabo, no se precisa un bonete para que chifle el moño.
No se precisa un bonete para estar del bonete.
Pero si hay bonete e impera descansar, los bonetes hemos de colgar.

Las hormigas. - 2015 2 2



El silencio de una hoja es una invitación a las hormigas.
Las hormigas muchas veces se comunican entre sí emitiendo y segregando hormonas y feromonas. Si lo pensamos a través de un juego de palabras, casi que suena lógico. 

Horm igas/onas.

Al fin y al cabo los hormigueros tienen cierta reminiscencia a una horma de queso con agujeros y canales que escapan a la visibilidad de la superficie.
Me fui.
...
Vuelvo.
El silencio de una hoja es de color blanco. El silencio es blanco. A mí, por lo menos, se me viene esa imagen. No podría ser un color oscuro porque lo oscuro remite a otra cosa. La blancura te está diciendo que "hay algo" pero que está vacante. En este caso es la atmósfera de lo auditivo que está vacante. Está presta a ser incursionada por vibraciones rítmicas y antojadizas.

El silencio es blanco como una hoja virgen. Como una hoja, como un pétalo blanco. Y acá vienen las hormigas. Acá vinieron las hormigas.
Acá están las hormigas. Son muchas y son predominantemente negras. Son negras porque es su antojo estándar. En el mundo de la moda y estilística hormigueril, el color negro suele ser elegido como un estandarte de "lo que va" en el momento, sea cual fuere el momento. La oscuridad, en este caso, es distinta a aquella blancura. Hasta se podría decir que la oscuridad viene a llenar esa hoja.
Pero es una oscuridad risueña, que nada tiene de malvada (como nos quieren hacer creer generalmente sobre "lo oscuro" y las cosas "ocultas"). Es una oscuridad parecida a la de la noche. Son hormigas que buscan ensanchar el Universo de lo palpable. Son hormigas con buenas intenciones y caminos que, a veces, pueden ser un poco turbios. Difíciles de transitar. Las hormigas pueden caminar por paredes y techos y nosotros no. 
Cuando tengo la hoja en blanco, llamo hormonalmente a las hormigas. Les dejo la hoja. Ellas se encargan. Pasan por mi Ser, transitan mi cabeza, se meten en mis oídos. Caminan por mi cráneo, patas arriba, boca abajo, exploran, le toman el gustito a mis neuronas, salen y se mandan. Se mandan a esta hoja. Se mandan a escribir sobre las cosas que profieren mis ideas y sensaciones.
Acá están. Son ellas. Somos ellas.
Somos nosotras.

Anti-aéreo. - 2015 2 1



El Cielo está claro y nadie podría sospechar que, tras esa ensalada de tonalidades oceánicas, haya una criatura esperando para entrar en escena.
El Sol está llegando a su punto cúlmine; es casi el mediodía, las alas de los pájaros están radiantes y los mismos dedican las horas del preciso momento de este día para observar sus relojes y esperar.

Los pájaros te miran de reojo. El Cielo brama un eructo malintencionado. Algo surge de entre telones azules. Tiene una forma conocida y llena de tumultos. Casi como por ósmosis, se va filtrando en la fina capa de Cielo una presencia juguetona. Es una nube. Una nube densa y burbujeante. En el medio de un océano de claridades.
...

Estamos al comienzo del segundo mes de un año que comienza. Las cosas todavía no comienzan. Las personas todavía no empiezan. Las nubes esperan directivas mientras el Sol está ahí porque no sabe hacer otra cosa. 

Los pájaros siguen esperando. Aletean en desazón, como si estuvieran aguardando la intervención del Cielo mediante un objeto contundente que se suspenda a suficiente altura como para ser desafiado por la gravedad. Y en ese momento volarían como máquinas de batalla a pellizcarlo, a destrozarlo y -quizás- a desasnarlo. A enseñarle a ser otra cosa que no surque los aires de manera antojadiza como una nube esponjosa. 

Están esperando y la espera va a ser larga. Vivir esperando la espera. 
Me parece que conviene volar.