Ranchear ranchos. - 2015 1 2

Volví a "fechar" un escrito empezando con "2014".
El año empezó y le tengo que avisar a mi memoria física que le avise a mis manos que ahora hay que apretar mecánicamente el dedo en otra tecla, lo cual está bueno porque, como recién empieza este año, me quedan cientas y cientas de oportunidades para acostumbrarme. O no.

¿Qué es un rancho?
Un rancho es una pocilga. Una choza. Un lugar humilde y cariñoso.
Un rancho son cuatro paredes y a veces ni tanto. Y si tiene techo, alto rancho. Y si el techo es de material de construcción, alto rancho. Y si el techo es de paja, de barro o no hay techo, también es un rancho propiamente dicho.

El rancho es tu conciencia, es tu cabeza, es tu capacidad de existir por fuera de sí misma. Por eso el techo no es tan importante.
Si llueve, nos mojamos.
Si hay un Sol de la puta madre, nos insolamos o buscamos refugio bajo un árbol. Tampoco está mal conceptualizar el lugar de rancho como un espacio medianamente privado para observar y amar al Cielo y las estrellas.
Si cae granizo nos granizamos. Nunca comí helado de paty granizado. Y "el paty" probablemente sea uno de los próximos escritos.
Si hay Viento, vemos cómo se vuelan las cosas por encima de nuestras cabezas. Y quizás se nos vuela la peluca. O la existencia. O los suspiros. O las palabras.

El rancho existe y está perfecto ranchearlo a la manera que nace. Nace una manera de ranchear y nace un rancho. Y ese rancho ranchea a otros ranchos, significando dicha acción y mecanismo efectos y dinámicas de lo más variados. Como cuando el rancho no tiene techo -o como cuando el techo es el aire, el Cielo y el Universo palpable-.

Los ranchos existen para ser rancheados.
Un rancho rancheado puede ser un ralancho.
Ralancheame el rancho.