Mueve la burra. - 2015 1 4

El aburrimiento no existe.
Dicho de otra forma: es imposible sentirse aburrido en un océano de posibilidades.
Y acá tenemos varios océanos. Varias tierras. Varios mares. Tenemos el aire, el afuera, las cosas, lo impredecible. La calle, sus sorpresas -algunas gratas, otras ingratas-, las personas y sus caras. Sus miradas.
Aburrirse es no pensar. 

¿Cómo es posible llevar la existencia hacia un estado de aburrimiento?
Estoy en cualquier lugar y hay vida y misterio alrededor mío. Y si sumamos a la ecuación los medios de comunicación virtual, las posibilidades se hacen tecnológicamente infinitas. Como ahora, que estoy escribiendo esto porque estoy en un lugar y los misterios se dicen a través del teclado.
Aburrirse no es posible. 
El aburrimiento es una condición de ineptitud ante la vida.
Es no saber qué hacer, no tener inventiva. Es no encontrar una veta de creatividad en la baldosa que estás pisando. Es no encontrar vida o no querer encontrarla.
Es una imposibilidad del ego de ser desprendido de cierta condición de encasillamiento mental.

Me aburro cuando me parece que las posibilidades están agotadas.

Lo que está agotada es tu capacidad de desprenderte de vos y mirar hacia cualquier lugar. Cualquier lugar es un rincón y eso incluye mirarte la conciencia.

No da aburrirse.
No es posible.
¡No sea burro, no se aburra!