Mbita Terelho. - 2015 1 3

Una vieja en una plaza se dedica a quemarle la cabeza a todos sus transeúntes.
Un transeúnte es una persona o ser que atraviesa, pasa por un lugar.
La vieja va y les carcome la vizcacha. Les rostiza la hamburguesa. Les taladra la olla.
Les quema el paty.

Yo avisé que iba a hablar del paty.
El paty es un concepto atravesado por la transeuntidad. Es un sinónimo de algo relativo a la cabeza. Testa. Téte.
El paty se puede hacer a la plancha, se puede tirar en la parrilla.
Su nivel de cocción depende, en buena medida, de la cantidad de calor y fuego que tenga a su alrededor.
Obviamente si el nivel de calor y fuego es excesivo, el paty comienza a pasar su nivel de cocción. Se quema. Se rostiza.
Tu paty se puede quemar en cuestión de segundos. Solo se precisa encontrar el mecanismo para elevarle la temperatura. Y eso se consigue probando todos los botones y moviendo todas las perillas. 

"Quemar el paty" es una institución relativa a los mecanismos de adhesión a la jocosidad en forma beligerante y amorosa. Una agresividad inocua, que no tiene pólvora en sus balas. Más bien dispara chorros de agua que molestan por el solo hecho de estar vestido y no tener ganas de mover el punto de encaje.
"Quemar el paty" encaja dentro del orden del Universo de la Quemapatyada.
Te tomás el expreso a Quemapátyland y en cuestión de unos minutos estás ahí.