La manija del vasito. - 2015 1 11



El vasito es un vasito súper especial.
"Como todos los demás vasitos", pensó el vasito durante muchos años.
Pero no. Este vasito tiene algo.
"¿Qué tendrá el vasito?"

El vasito tiene rock. Y tiene una manija súper amiga de la vida y sus recovecos.
La manija permite llevar al vasito por donde se quiera con el simple accionar de dos dedos (o uno, para quienes nos gusta vivir al límite).
Agarrás el vasito, le enrollás un dedo por la manija y voilá, tenés jodita para rato largo.
El vasito es de metal, lo cual no hace si no reafirmar sus características energéticas.
Si le das calor, el vasito se calienta.
Si le das frío, el vasito se enfría.
Y mantiene la temperatura, sea cual sea que le ofrezcas, por rato largo. Como la jodita que te permite tener.

El vasito es amor porque no es un vaso; es un vasito. Tiene el tamaño ideal para ser considerado un elemento útil y también cariñoso, tierno. Es de esos hallazgos en la vida que te permiten condecorar una situación en base al adoramiento de un objeto. Sea cual fuere, por amor al chirimbolo.

El vasito es un chirimbolo de aquellos. Es miembro vitalicio del Club de la Chicheada y regala momentos frescos los domingos.

El vasito sabe muy bien que hay dos elementos que conforman su gracia y acción en el plano dimensional de lo telúrico. Uno, su manija. Su manija es vital y esencial. El vasito sin manija podría no ser el mismo vasito. Dos, su material de construcción y su capacidad térmica. Este segundo elemento está íntimamente relacionado con el primero, la manija, en sentido de mantener parte del chirimbolo al alcance de un dedo que pueda enrollarse sobre la antes mencionada manija sin ser ni congelado de frío ni quemado por el calor.

El vasito tiene rock, amor y osadía.
Y va a ser un vasito heavy metal durante todo el verano.