El destino del presente. - 2015 1 28



Propongo un ejercicio: cortar el paso del tiempo con la lluvia y centrarnos en el 'hoy'.
La idea es agarrar la realidad y tomarla como el transcurso de una serie de secuencias que, en términos generales -y por cómo se mueven las cosas de y en nuestro Mundo- migran de manera horizontal de lugar en lugar. Hacer foco en la calle y la vereda; ver cómo se suceden ruedas y personas.

Sentamos la base. La realidad cotidiana transcurre de manera horizontal.
¿Cómo podemos interpretar la lluvia en este acontecer? Tomando la horizontalidad de la realidad como una línea. 
Hacemos de cuenta que las gotas de lluvia son guiones, rayas, líneas, puntos.
Son partículas que -si bien no cien por ciento perpendiculares- designan que el piso es el destino de la gravedad. Son microelementos, cada gota siendo parte de este movimiento descendente; acarician el aire y las cabelleras risueñas.
Son designaciones de tiempo, tildes en el asfalto, concepciones de ritmo constante e intencionado.
La lluvia nos recuerda el eje vertical que posibilita pensar en diagonal.
La lluvia es un deseo. El termómetro baja y des-invita al calor. Le dice que vuelva más tarde, que ahora no. Y el calor asiente con una sonrisa abrazadora.
Ser con la lluvia es una oda a la fenomenología del movimiento. Las cosas se mueven más lento. Las personas, más rápido. Las miradas duran inexplicables y las ventanas se empañan. Una sucesión infinita y definida de elementos húmedos nos propone vivir la horizontalidad con ruedas más grandes, las cuales -por dinámica de su tracción y composición urbana de nuestras calles y avenidas- permiten que el paso del tiempo sea amigo de lo eterno y cristalice, con esta lluvia, la sensación de inevitabilidad de la Naturaleza.