El ancestro de la segunda mala vuelta. - 2015 1 10

Una de las ventajas de ser viejo es que "viejo" se escribe con "v" de "ventaja".
También se escribe con "v" de "ventana" y las ventanas están buenas, las podés abrir y podés tirar cosas a través de ellas (lo cual no está tan bueno, ¡pero bueno!).

Ser una persona de avanzada edad te brinda cierto halo de advenimiento ante el futuro.
Sabés que te vas a morir, viejo.
Y cuando tus enemigos viven esta particularidad, es muy fácil amigarse con ellos y poder pincharlos en lugares interesantes. A lo mejor los pinchás y se desinflan.

Que quede claro: está todo bien con los viejos. No estoy hablando de las personas viejas. Estoy hablando de los viejos de mierda. Y yo conozco al menos uno. Está bárbaro conocerlo.
Su nombre tiene dos nombres y le cabe más el bigote que a mí la fruta.
Sale a caminar por el barrio con la cara colorada. Sin embargo no toma alcohol. Es un borracho innato, se pone del orto con el cantar de los pájaros. Les pone la música al mango para que salgan volando. Música de mierda, claro. Música berreta, música sin Alma. Es que el viejo no tiene. No tiene Alma.

El viejo de mierda no tiene Alma. 
Y no es su culpa. Es su condición. Él probablemente no eligió ser así. Pero es así... y todos nos regocijamos.

Tener enemigos difíciles te permite encontrarle nuevos pelos al huevo. Si es que el huevo tiene pelo, porque quizás está medio viejo. Como el viejo.

¡Cómo me voy a divertir este verano con vos, viejo!