Dorólarev. - 2015 1 6

Hagamos de cuenta que la vida es una obra de teatro.
La obra está escrita por una o más personas, seres, entes, cosas.
O no está escrita. Y se escribe a medida que se representa.
Se representa a través de distintos escenarios que, en general, implican la relación entre distintos seres. 
Esos seres tienen distintos papeles.

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En las obras hay papeles particulares. Es normal que haya algún ser con un papel que implique algún grado de conflictividad. Puede que su papel sea algo así como de color negro, gris, medio oscuro. Un color turbio. Son papeles que generan molestia en las personas que coexisten y comparten escenario y embeben a los seres en dichos papeles.
Los seres eligen los papeles y los papeles eligen a los seres.

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Hay otros papeles que son de distintos colores. Tienen grados de color de acuerdo a cómo se va representando tal o cual escenario, de acuerdo a la forma en que corren los Vientos, de acuerdo a cómo -a qué nivel y a qué altura- brilla el Sol. Son papeles multicolor.

Dentro de los papeles multicolor hay algunos seres que optan por el color verde. Son papeles que quizás acostumbran a vestir distintos colores en la vida cotidiana y, como mínimo, una vez al mes deciden existir de manera esperanzadora. Se visten de verde, el tono no importa, ¡es verde! Se entiende. Se visten de verde y salen verdes por la vida. Y los brazos se les ponen marrones.

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A veces el color verde combina bastante bien con el color negro. Algo bueno de dicha combinación es, por ejemplo, que si uno quiere escribir en negro sobre algo de color verde -salvo que el verde sea realmente demasiado oscuro- dicha escritura suele ser notoria, clara, precisa. Y, en general, los papeles de color verde se sacan a la vida cotidiana por lapsos cortos de tiempo (ya lo mencionamos, en general una vez al mes) por lo que su color es siempre fresco y está presto para el pasaje de mano en mano.