De las presiones y los moños. - 2015 1 8



De pequeños suele encontrarse como práctica habitual en y para nuestras vidas cotidianas construir la habilidad de tomar nuestros cordones y ensalsarlos y revolearlos en formas vinculantes. Nos enseñan a hacer nudos y moños. Quizás haya algo para decir sobre esos moños.

Algo como, por ejemplo, que nos enseñan a hacer moños luego de hacer nudos. O, dicho de otro modo: nos enseñan que los moños se hacen bajo un procedimiento que -en casi todos los casos- implica la presencia anterior de algún tipo de nudo.

Ahora, tengamos en cuenta una de las significaciones sociales de la palabra "moño". Está del moño. Y sumémosle que ese moño es antecedido por la presencia de un nudo que se formó en algún lugar.
Una consulta posible al Universo puede ser: ¿el moño se formó en el mismo lugar que el nudo? ¿En un mismo tiempo y espacio? 

¿Con qué tipo de espacio entre las existencias puede aparecer un moño después de un nudo?

Mi hipótesis es que los nudos te brindan la posibilidad espiritual de agarrar algo de la locura de "la" (y "tu" vida) y hacer algo creativo con ello. Hete ahí la existencia de los moños. Hete ahí que el moño trasciende como elemento de "alistamiento" del nudo y pasa a formar parte de cierta etiqueta de indumentaria, como un elemento más, independiente de función y casi hasta imprescindible dentro de esa configuración estética.

Los moños chiflan porque son antecedidos por nudos que, cuando se desatan, hacen girar al moño en distintas direcciones. Pensá, si no, qué pasa cuando te desatás los cordones. Tenés que desandar distintas vueltas y eso hace que los cordones, en sí, giren, den vueltas. El moño es una forma de aceptar que los cordones dan vueltas y permitirte hacerlo con cierta gracia y caricia ante la vida.

Los moños son una forma de acariciar y hacer algo (lo que se pueda) con nuestros nudos. Y cuando desatamos estos últimos es casi inevitable que los primeros den algunas vueltas. Algunas más, algunas menos, como mínimo una vuelta. Fuentes de suma confiabilidad científica informan que la cantidad e intensidad de las vueltas está directamente (casi que proporcionalmente) vinculada con el tipo de presión y tenacidad que haya sido atado el nudo.