Cas Lanas. - 2015 1 8



Un escrito que comienza a la medianoche.
Pasaron tres minutos de las doce y me parece que hay algo que me quedó por decir en el día de hoy.
Es que no tuve tiempo.
No tuve tiempo de tener tiempo.
Mentira; si quería, tenía tiempo. Pero no tenía tiempo para hacerme tiempo para tener tiempo. No tuve tiempo.

Hace un tiempo me veía tratando de ver cómo ordenar la variable "tiempo". Creo que algo logré y es esquematizar el tiempo como una variable siempre divisible en micro-momentos.
Hoy dormí una siesta y eso fue un micro-momento. Y está bueno porque al tener la posibilidad que una máquina te despierte a tal hora te permite olvidar la noción de tiempo y permite que tu Cuerpo se desbalancee hacia el infinito.

La siesta.
La siesta es un lugar al cual vamos para mimarnos en un descanso. Es una caricia en algún momento del día, quizás a la mitad, quizás después de comer, ¿qué importa? Es una caricia que nos damos, con las sábanas o tendidos de piel contra el techo con un ventilador abanicándonos la porosidad.

La siesta es un lugar para ir y volver sonriente, para ser un Ser durmiente, para nadar en contra de la corriente. 
Algo de la idea de fraccionar el tiempo y algo de la idea de brindarme un espacio de siesta me está insinuando algo de idea sobre cómo puedo construir una idea de vida que se basa enteramente en buscar un bienestar equilibrado. Y los excesos solo serán en términos de positividad.

De las siestas suelo levantarme y mirarme el pelo. Ver qué pasó con la siesta. Si se arremolinó, si brotaron más canas, si se desaprolijaron; qué sucedió.

Cuando vuelva el frío voy a volver a las lanas. Este escrito termina acá.