Ápers and dáuners for the cláuners. - 2015 1 3

Escribir "2015" ya no cuesta más.
Hacer masajes tampoco.
Nunca costó.
Nunca costó energía.
Así y todo hay un proceso energético que atraviesa cada masaje. En forma única e irrepetible.
Un masaje es algo que no está dicho hasta que se ponen las manos en la masa.

Hoy tengo los brazos hechos trizas.
Ayer brindé una práctica de yoga y luego dediqué mi Cuerpo y Alma a brindar un masaje. A la una de la mañana. Porque daba. Porque aposté y ganó. Porque siempre es lindo un masaje. Porque dio.

Me hice trizas. Olvidé elongar las manos. Hoy están que chillan de lo sensibles. ¡Están bien! Solo que chillan. Para colmo hoy toqué percusión.

Che, ¿alguien le dice al pendejo este que esto no es un diario íntimo?

Un masaje es algo que no está dicho hasta que se ponen las manos en la masa.
A la masa hay que amasarla y amarla.
Amasar la masa, salarla y sanarla.
Amasar tiene que ver con dobleces. Con darle giros a la realidad. Encontrar cosas nuevas y ensanchar los horizontes de lo palpable y experimentable por el ojo y tacto humanos.

 Dar un masaje tiene que ver con un recorrido de energía que es inabarcable con la conciencia. Es agarrar el Cuerpo y proyectarlo como una herramienta al servicio de otro Cuerpo y el Universo. Es hacer de medio, de intermediario entre energías. Es dejarse sanguchear por la voluntad de recibir y la voluntad de dar. Y dar siempre es bueno. Aunque no sea del todo bueno comer mucha harina.

¿Qué siente un Cuerpo cuando recibe un masaje?
Eso es algo que no se puede escribir. No se puede decir.
Quizás ni siquiera se puede saber en el momento. O después. Aún habiéndolo experimentado.
Las cosas que pasan durante un masaje tienen que ver con el destino del Cosmos. 
... y el Cosmos es inabarcable. Como el masaje. Como el sánguche de existencia.

Amar la trama.
Amasar la masa.