Aguas frescas. - 2015 1 2

Ayer no me pasó, hoy sí.
Se me chanfleó un "2014" sobre el teclado.
¿Dónde estamos? ¿Qué día es hoy?
¿Hay algún momento que sea inoportuno para jugar con números?

Quince. Dos. Cero, cero.
"Agente cero cero quince."

La primera vez que tomás agua de pozo ("de bomba") puede ser una experiencia un poco rara. Puede que tenga un sutil gusto a tierra.
Puede que no quieras consumir un poco de tierra porque la tierra se asocia generalmente a suciedad.
¡Pero es tierra! Qué se yo, es un poco de tierra. No es un sorete fluorescente. 

De todos modos, con tierra y todo, esa agua está fresca. Está fresca como muchas otras que no necesariamente yacen durmientes en las profundidades inhóspitas de lo inalcanzable por la raza.

Todo es de distintas formas. El agua te puede gustar en la vida y también en una botella que se vende por litro. 

A mí no me gusta comprar agua. No me gusta tratar al agua como un producto de un mercado humano. Es un producto demasiado natural para ello. No me gusta tratar al agua como mercancía.
No me gusta el agua embotellada. Sí, ya sé. Hay lugares donde el agua embotellada es la única chance de potabilidad. Todo bien con eso. Yo hablo de los contextos en donde es perfectamente saludable meter el hocico abajo de la canilla.

Si está en movimiento, es agua fresca.
El agua embotellada es la ilusión de querer tomar algo "puro"; un engaño rotundo y no por ello inaceptable. Agua con menos pureza puede ser también, para cada quien, agua más "pura".

Para mí la pureza tiene que ver con lo que es de la manera que es, "sin aditivos ni conservantes". Lo que es de la manera más cercana a la forma en que existe en el Mundo. 

Las cosas y las personas que existen en movimiento siempre están frescas.