Agarrate. - 2015 1 22



La propuesta es tomar los rayos del Sol, estirarlos hacia el nivel del suelo, atarlos a estacas y clavar estas a la Tierra.
Va a haber que bancarse que los rayos estén calientes. Muy calientes.
También va a haber que pensar qué hacer cuando al Sol no se le permita ver.
¿Sería posible que el Sol deje algo de su rastro en la Tierra aún cuando esta se le esconde?
Quizás es justamente lo que el Sol añora.
Ver algo de la esencia de la oscuridad que no puede conocer (que tampoco puede contarle precisamente la Luna).
Ver y sentir algo bajo sus propios términos, en sus propios brazos.
Solo un par de brazos.

El Sol nunca se va, es la Tierra que busca algo. Busca algo que no puede evitar y es dar vueltas, en sí y, en el acto, mantener al planeta un poco más fresco. Lo hace un poco más soportable (al Sol). De yapa, contribuye al ciclo que la vida aprendió a hacer ciclo para mantenerse viva.

Cuando la yema del Sol se esconda, sus brazos nos van a agarrar fuerte. Nos dejan caricias que arderían si fueran eternas. No lo son y eso nos brinda cierta calidez. Cierto sabor a fuego a medida que vivimos con la Luna.

El Sol es en nuestros brazos. En nuestros brazos. Agarrándonos un poco a la Tierra, mientras ella hace lo que sabe hacer: girar.