Des *cri-cri* bir. - 2015 1 31

Me gusta mi voz y me gusta escribir. ¿Y si describo cómo escribo?

Y uno. - 2015 1 30

... Y uno.
Tengo el cuello hecho una estatua.
Duro como una roca, ayer me desperté hecho una gárgola y pensé: "quizás deba dejar de hacer las cosas que me hacen mal".
Y debo dejar de hacerlas. Al menos por un rato más. 
Así que acá va "un rato más".
Acá va uno más. Un escrito más
Un escrito más proclamando el fin de las cosas.
Unas palabras que hablan intentando velar por la salubridad de mi Cuerpo.

Este no es el espacio para contar nintimiedades. Así que voy a ir al núcleo de las cosas y batir una sola frase: el Cielo no existe.

Cuarenta. - 2015 1 29

A este mes le quedan dos oportunidades más y ya llegué a los cuarenta.
Fue un trabajo un tanto raro; para cualquier persona que corre una carrera o maratón, el último tramo es el más complicado y el que más esfuerzo y energía requiere. 
Es normal que, llegando a destino el Cuerpo, este empiece a relajarse en augurio de que "ya está, ya llego" y ese es, precisamente, el momento más crítico a la hora de competir junto a otras personas. Es el momento donde más impulso conviene dar, donde hay que apretar el acelerador y quemar los últimos mililitros de combustible sanguíneo.

Hay que llegar. Hay que llegar y con cuanto más potencia, mejor.
Hay que llegar y deshacerse.
Hay que llegar y no hace falta entender.

Bueno. Llegué. Acá estoy. Terminé ese mini-objetivo inservible que me pongo todos los meses. Llegué y pasé el objetivo. Este era llegar a los treinta. Y estoy casi llegando a los treinta pero llegué a los cuarenta. Llegué a los cuarenta casi sin darme cuenta que todavía no llego a los treinta. Pero quizás parezco más de cuarenta que de treinta.

Llegué a los cuarenta y todavía no llego a los treinta.
Cuarenta; treinta.
40; 30.
4, 0, 3, 0.
4 + 0 + 3 + 0 = 7.
4 - 0 - 3 - 0  = 1
4 + 7 + 3 + 1 = 15
2015


Las estadísticas son fáciles. Podemos manipularlas.
Yo llegué a los cuarenta sin haber llegado a los treinta y de repente eso se transforma en el "ahora"; en el "acá", en el "esto". En estar haciendo cuentas matemáticas que tienen un lugar de destino insoluble en cualquier líquido. Es que los números son cosa sólida. No se mezclan ni con agua ni con aceite. No son propensos a la chusma. Son números y, si bien son fáciles, tienen también el carácter de lo rotundo. 

Una carrera es una carrera. Podés llegar en primer, segundo, tercer, penúltimo, último lugar. Y es eso. Es ese momento. Es haber llegado a eso ahí, de la forma que llegaste. De la forma que llegaste al final de la carrera. De la forma que llegaste al inicio de la carrera.

Este escrito es frío y seco. Bajó la temperatura y las neuronas están pensando qué hacer ahora que pueden moverse sin transpirar tanto. Están un tanto quietas y piden que se les facilite algún tipo de guía práctica para entrar en calor. Un ejercicio matemático puede llegar a ser esa exacta y precisa opción.

Diecinueve otra vez. - 2015 1 28

Diecinueve grados, horas de lluvia y una brisa amena.
Energías que van, brazos que vienen, olor a verde mojado.
Esta tercera línea tiene efecto de choque, como este miércoles
súper-pancho.

El destino del presente. - 2015 1 28



Propongo un ejercicio: cortar el paso del tiempo con la lluvia y centrarnos en el 'hoy'.
La idea es agarrar la realidad y tomarla como el transcurso de una serie de secuencias que, en términos generales -y por cómo se mueven las cosas de y en nuestro Mundo- migran de manera horizontal de lugar en lugar. Hacer foco en la calle y la vereda; ver cómo se suceden ruedas y personas.

Sentamos la base. La realidad cotidiana transcurre de manera horizontal.
¿Cómo podemos interpretar la lluvia en este acontecer? Tomando la horizontalidad de la realidad como una línea. 
Hacemos de cuenta que las gotas de lluvia son guiones, rayas, líneas, puntos.
Son partículas que -si bien no cien por ciento perpendiculares- designan que el piso es el destino de la gravedad. Son microelementos, cada gota siendo parte de este movimiento descendente; acarician el aire y las cabelleras risueñas.
Son designaciones de tiempo, tildes en el asfalto, concepciones de ritmo constante e intencionado.
La lluvia nos recuerda el eje vertical que posibilita pensar en diagonal.
La lluvia es un deseo. El termómetro baja y des-invita al calor. Le dice que vuelva más tarde, que ahora no. Y el calor asiente con una sonrisa abrazadora.
Ser con la lluvia es una oda a la fenomenología del movimiento. Las cosas se mueven más lento. Las personas, más rápido. Las miradas duran inexplicables y las ventanas se empañan. Una sucesión infinita y definida de elementos húmedos nos propone vivir la horizontalidad con ruedas más grandes, las cuales -por dinámica de su tracción y composición urbana de nuestras calles y avenidas- permiten que el paso del tiempo sea amigo de lo eterno y cristalice, con esta lluvia, la sensación de inevitabilidad de la Naturaleza.

OMnom. 2015 1 27



Trascender puede ser entendido como "ser por fuera del espacio y tiempo".
Digamos; salirse o asomarse por el borde. Una pregunta posible es: ¿qué hay por fuera del borde? ¿Puede que pase algo parecido a lo que pasa con los márgenes?
Y otra pregunta es: ¿qué es el borde?
En el caso de los márgenes, el borde era la conciencia, la percepción, la piel. Aquello que nos sirve como diferenciador psíquico. La idea de que lo que ocurre en mi conciencia (mi Mente) es cosa mía y nadie tiene por qué enterarse. La idea de que, a puertas cerradas, yo soy dueño de mi piel. Y a puertas abiertas también.

¿Y con los bordes? Los bordes en la trascendencia pueden estar hablando de algo parecido. Trascender el tiempo es, para mí, que la variable tiempo es un aditivo en la existencia. Es real, en sentido que vivimos el, en y con el tiempo. Tenemos edad, cumplimos años. Pero pongamos el tiempo como una variable dentro de la esfera social. El tiempo como ordenador de situaciones y vínculos. Ahí. Ahí mi propuesta es trascender. Entender que, si bien el tiempo "es", se puede ser por fuera de él. Que el tiempo en un vínculo, por ejemplo, es una variable más. Una variable que puede ser propuesta como indispensable.

Eh, puto, ¿dónde te metiste? Hace mil años que no te veíamos la cara. Alto fantasma, gato.

Con el espacio el desafío es más abstracto porque el espacio es más concreto. Desafiarlo implica algún tipo distinto de movimiento. Hay cierta necesidad de surcar el espacio pero ¿podríamos abstraernos del mismo para sentir que estamos en cualquier otro lugar? La meditación propone algo de eso. Algo de la idea de salirse del presente. La yapa es que incluye espacio y tiempo. ¡Un golazo! Dos por uno. Una ganga. 
Y meditar es un tema de por sí. Hay meditaciones activas, meditaciones pasivas, hay meditaciones y meditaciOMes. 

Entonces: trascender. Trascender el lugar, irse, meditar, jugar a y en otro lado (o a ninguno). Cerrar los ojos y regar la conciencia con acceso irrestricto a las raíces de las cosas. Subir por las raíces hasta la copa de todos los árboles, mirar el Cielo y salir volando.

Reinterpretaciones sí(s)micas. - 2015 1 26



Ayer fue un día con ensalada mixta, papas y batatas fritas.
Hoy es un lunes hermoso.
Hace mucho calor y tengo el culo más chivado que un taxista.
Salí un rato a la realidad y volví hecho un salero aguado -que encima pierde-.

Las versiones de la vida contadas por terceros siempre deben ser tomadas por reales.
Si lo estás viviendo, ¿para qué darle una vuelta desprovista de emociones? Es real. Tiene algo que ver con vos.
Sin embargo, todo lo que digamos puede ser (y será) usado en nuestra contra.
Por ende, conviene escuchar, pensar e interpretar. Interpretar qué es lo que está pasando alrededor tuyo. Tratar de captarle el sabor a las palabras y darte, al menos, una mínima idea de si lo que te están diciendo te sacude el esqueleto. Si hay sismo, algo pasa

Hace un tiempo tuve una conversación sobre el amor y su opuesto.
Fueron dos líneas de conversación.
Una se centró en que lo opuesto al amor es el miedo. Que el amor es entrega, devoción, confianza, bondad, generosidad. Que el miedo es angustia, extralimitación, inseguridad, incapacidad de dar
Otra se centró en que lo opuesto al amor es la indiferencia. Que el amor es "algo me pasa" y la indiferencia es "me pasa nada". Que el odio también es amor y es un "me pasa algo porque me pasa algo". Indiferencia es ver morir y que no se te mueva un pelo.

Sea amor, sea miedo, sea odio, sea indiferencia, las versiones de realidad producen pequeños sismos que, en el mejor de los casos, te hacen decir "que sí". 

Que sí, que no, que caiga un chaparrón. Como este clima de hoy, que se llueve, que se esclarece. Que se nubla, se da todo para que vuelva a llover y, de repente, se vuelve a esclarecer. 

Los monos no hablan. ¿O sí? Al fin de cuentas, ¿qué es hablar si no decir Algo?
Quizás hablar, contar versiones de Mundo, es contra-restar un poco eso: el miedo a la entrega y la indiferencia ante la Vida y la Muerte.
Pongámosle que sí. Reinterpretemos. 
El sismo no es terremoto. Es solo una sacudida de tu esqueleto, es una joda, es un sifón.

Jodobongo. - 2015 1 25

Hoy es "25 del 1 del 2015". Me es prácticamente imposible no jugar al respecto.
Vine y ni siquiera quería escribir.
¡Ni siquiera quiero escribir! Pero está ahí, esa casualidad, y qué se yo; en realidad siempre está bueno jugar. ¿Por qué no habríamos de hacerlo?

Los juegos te mantienen suculenta la existencia.
Jugar es "hacer de cuenta que". Es hermoso. Jugar es un juego.
Jugar puede ser de a uno y puede ser de a dos. Y si es de a dos -o más-, jugar es más divertido.
Es que jugar tiene algo y es que uno es a través del juego, sin excusas y a propósito. Uno es a través del juego que juega, o de aquello con lo que esté jugando, y manifiesta. Manifiesta algo relativo a su Ser (en el 'es a través del juego').

¿Qué pasa con las personas que no pueden o no quieren jugar? Bueno, la realidad es que no lo sabemos. No sabemos por qué hay personas que quieren o no quieren jugar. Pero podemos atisbar cosas sobre las personas para quienes jugar nos resulta una actividad vital.

Jugar, en cierto sentido, nos es solapar complejidades y simplezas. Agarrar distintas capas de yo, de ego, de Real, de Simbólico, agarrar el deseo y todos los mambos y quilombos y decirles que está todo más que bien con ser como les pinte, de la forma que les pinte.

Jugar es un poco eso; desatarse el ego, ¡pero ojo! Desatarlo para que pueda dar vueltas, con todas sus giladas. Para que pueda corretear por el jardín y hacer que los animales lo miren con cara de "¿¡Y este qué onda!?".
Jugar tiene el beneficio de la convención número uno acerca de la dinámica de un juego: que se está jugando. Que se puede jugar a decir verdades frondosas, relevantes, oscuras, brillantes, amorosas, rencorosas, tiernas, que todo eso se puede decir jugando y con una sonrisa. Y así se recibe. Jugando, con una sonrisa.
Jugar, además, es un acto de confianza. Todos los animales jugamos. Jugar juega con el amor y la agresividad de una forma inocente, inofensiva. Porque se puede jugar a estar en guerra mientras se está en paz. Y sí, por qué no, también se puede jugar a estar en paz estando en guerra. 

Jugar es sin excusas.

Mar de génesis. - 2015 1 24

La expansión es inevitable.
Tu expansión es inevitable.
La expansión es inevitable y, así como podemos aceptarla -como quien acepta las cosas que pasan-, podemos también ignorarla y hacer de cuenta que seguimos escribiendo en esta hoja con los mismos márgenes.
La contrapropuesta no es incoherente: podemos estar pensando que, si ensanchamos los márgenes y tenemos pretensiones de impresión, la impresora no pueda copar con aquello que exceda a su margen de operatividad.
Hay palabras que me saltan en esta plataforma de escritura como 'incorrectas'. Se me subrayan en rojo y me hacen preguntar si ya estoy demasiado esquizofrénico. ¿Me estoy yendo demasiado de los márgenes?
Sin embargo aparecen acá, se traslucen, se manifiestan y, de alguna manera, si bien pueden estar "un poco por fuera", entran en la hoja. ¿O será que no las estoy mandando a imprimir?

La forma en que nos acostumbramos a usar las hojas de papel para impresión es un poco burda. Cada quien usa el espacio como se le ocurre pero ¿hace falta dejar tanto espacio en blanco? No hablo del interlineado si no de los márgenes. ¿Qué están haciendo esos márgenes? ¿Son un confínamiento para nuestra conciencia? Escribo diez palabras y chequeo una. Tengo que arriesgar pero quiero mantenerme dentro de cierto límite de la cordura. O al menos poder ser leído sin tener que tener un testeo de Real constante.

¿Qué pasa con las palabras y las vivencias que sobrepasan los márgenes de la hoja? ¿Cómo se dicen, si es que es factible y plausible decirlas? ¿Es necesario decirlas? ¿Qué pasa con lo indecible?
Pongámosle que hay cosas que siempre quedan por fuera de los márgenes de la hoja. No importa que la hoja tenga hojas alrededor. Son cosas inescribibles. Ahí tenés. "Inescribibles". Hacete un festín con el autocorrector. Es una palabra que no existe. Pero puede representar claramente algo en forma útil y casi espontánea. Y lo escribo con cursiva porque entiendo que, para nuestro lenguaje, no es precisamente una palabra si no más bien un neologismo.

Los márgenes en la hoja, los márgenes en la hoja y los bordes de la percepción y la conciencia. ¿Qué está por fuera? Y, más importante aún, ¿cómo es la supuesta frontera del adentro-afuera y qué pasa en ella, si es que realmente existe? Las cosas, las experiencias, las vivencias, las emociones, las ideas, ¿tienen que tener, todas estas, pasaporte para cruzar la frontera? ¿Pueden venir de visita por un mes y luego volver a sus hogares? Y, en dicho caso, ¿dónde es precisamente que residen, si es que vienen de visitantes?

La propuesta es abolir los bordes o, como mínimo, dejarlos en cierto suspenso oceánico. Saber que están ahí, así como sabemos que, para imprimir con la impresora, vamos a tener que acotarnos a determinados márgenes. Ponele que esto es cierta característica de la esfera de "lo técnico". Nos propone y facilita y también moldea nuestra experiencia en el Mundo. O, dicho en forma más suave: sugiere una modalidad de experiencia particular y práctica. Si queremos otra cosa tendremos que salirnos o complementar y, en dicho caso, podremos escribir con nuestras bocas en el aire que deviene en Viento con el ademán de nuestros brazos.

Crear significados y significaciones y dejarlos volar, como mínimo flotar. Que hagan lo que quieran. Son producciones de Mundo, nos pertenecen tanto como le pertenecemos a las cosas. A las cosas. A las cosas.

Sí; a las cosas. 

No. - 2015 1 23

Una de las primeras palabras que nos enseña a delinear lo que comienza a formar la idea de 'yo' es la palabra "no".
"No" es.
El "no" implica una serie de acciones sublimes. Ante todo, nos pone en la presencia de algo objetivable que está -como mínimo- mínimamente separado de nuestro Ser. Es algo a lo que nos podemos denegar, algo que -al menos en el plano conversacional- podemos acceder para prevenir el curso de una acción o elegir otra. El "no" nos da esa opción, la de reconocer lo que está por fuera de nosotros y poder elegirlo (o no).
Decir "no" es, en parte, decir: "esto que estoy recibiendo forma parte de mi afuera. Reconozco que hay un 'adentro mío', un adentro ilusorio separado de un afuera ilusorio cuya separación radica en algo tan sutil y nimio como lo son mi piel y mi conciencia. Existe esa leve separación y está bien que así sea. De otra forma, me quedaría pegado a la realidad, o la realidad quedaría pegada a mi existencia. Esto que se me presenta es una posibilidad dentro de dicha realidad. Me hace evaluar mi persona y preguntarme si, como tal, me siento presta a aceptar dicha invitación. Y en este momento no quiero, así que no".

El "no" es un destello del borde de tu persona. Es una negación pero, más allá de lo concreto, es también un acto heroico para tu ego. Es poder separarte de las cosas y permitirte ser otro. Es un borde perceptivo, conciente y fisiológico. Porque las cosas "que no" quedan ahí, flotando, y las podés ver y reconocer no siendo parte de ellas. 

Luego, lo que cada quien haga con tus "no", excede tu piel y tu conciencia. Excede tu persona y ya es un nivel un poco más complejo. Pero no. Es complejo pero no. Porque como receptores de noes, vale la pena comprender que un "no" o un "sí" muchas veces no son algo personal con nosotros. Son una decisión autónoma del Ser con quien nos relacionamos. Y si apreciamos la libertad, un "no" es una forma posible de ser libres. Como un "sí" también lo sería. Pero es un "no". Así que "no".


mor-A. - 2015 1 22



Ponele que somos inexplicables.
Ponele que nos ponemos bigote.
Póngale que somos carentes de sentido.
Ponele que somos monigotes.
Monos con bigotes.

>ruidos de monos chillando<

Los monos y los bigotes pueden ser temas raros. Como el amor.
El amor es, sí, una cuestión de monos. ¿Monos? Sí, monos. El amor es algo esencial. Es algo que nace a partir de algo más. Una disposición, una capacidad, una emoción, un camino, un regalo, el brillo de un Algo.
El amor es un poco mono, admitámoslo. Es algo que nos antecede, llegamos y está ahí. ¡Como los monos! Y llegamos y los vemos y no podemos menos que pensar que tienen algo que ver con nosotros. Como el amor.
El amor siempre tiene que ver con nosotros. Aunque no nos amen. Aunque sintamos que no nos aman. Aunque no amemos. Aunque sintamos que no podemos amar.

El amor siempre es relativo a nuestra existencia. Estemos donde estemos. Es la condición por la cual somos. Algo, aún la más mínima presencia de un esbozo de sonrisa, la más mínima gracia; ya está, ya hay amor. ¡Hay amor, chabón, hay amor!

El amor es cosa simple. Y puede ser algo relativamente esférico. Si me dejo crecer el bigote, el mismo crece como le pinta. Y también le puedo dar forma.
¿Qué opinarán los monos sobre nuestros bigotes? 
...
Y hablo de todos los bigotes, eh. El tuyo también, pebeta. El suyo también, señora. El tuyo también, pendeja. El tuyo también, hermosa. Aunque no esté. Están aunque no estén. Como el amor.

El amor es un bigote que está aunque no esté. ¿¡Eh!? Sí, ya fue. Amor es cualquier cosa. Cualquier cosa es amor. 
Sí, ya está. Ya está, a partir de acá puedo escribir cualquier cosa (porque cualquier cosa ya es amor). 
Lo que tenía para decir acaba de ser dicho. Ahora nos antecede.

...

El amor es cualquier cosa.
Es una linda declaración. Cómoda, práctica y, sobretodo, conveniente. Quienes tengamos amor en la vida vamos a poder sonreír y decir "y sí, la verdad es que es cualquier cosa". Quienes no tengan amor en la vida también van a poder sonreír y decir "y sí, la verdad es que es cualquier cosa".
...
El amor es cualquier cosa.

Agarrate. - 2015 1 22



La propuesta es tomar los rayos del Sol, estirarlos hacia el nivel del suelo, atarlos a estacas y clavar estas a la Tierra.
Va a haber que bancarse que los rayos estén calientes. Muy calientes.
También va a haber que pensar qué hacer cuando al Sol no se le permita ver.
¿Sería posible que el Sol deje algo de su rastro en la Tierra aún cuando esta se le esconde?
Quizás es justamente lo que el Sol añora.
Ver algo de la esencia de la oscuridad que no puede conocer (que tampoco puede contarle precisamente la Luna).
Ver y sentir algo bajo sus propios términos, en sus propios brazos.
Solo un par de brazos.

El Sol nunca se va, es la Tierra que busca algo. Busca algo que no puede evitar y es dar vueltas, en sí y, en el acto, mantener al planeta un poco más fresco. Lo hace un poco más soportable (al Sol). De yapa, contribuye al ciclo que la vida aprendió a hacer ciclo para mantenerse viva.

Cuando la yema del Sol se esconda, sus brazos nos van a agarrar fuerte. Nos dejan caricias que arderían si fueran eternas. No lo son y eso nos brinda cierta calidez. Cierto sabor a fuego a medida que vivimos con la Luna.

El Sol es en nuestros brazos. En nuestros brazos. Agarrándonos un poco a la Tierra, mientras ella hace lo que sabe hacer: girar.

Andar en gallo. - 2015 1 21



Algún día quizás un escrito empiece con el número "2051". Algún día me voy a equivocar.
Algún día me voy a equivocar y lo voy a dejar así. Y va a ser ese año. Y no voy a saber qué onda. ¡Como siempre!

Hoy el aire casi me vuela al carajo. Estaba ahí, haciendo lo que aparentemente sé hacer y, de repente, pumba. Viene el aire y se la da de cosas que supuestamente tienen que ver con el Viento.
"Y bueno, qué se yo. Que el aire airee."
Y ahí, por una razón arbitraria y celosa, me amigué con el aire. Entendí cómo era.
Me vi en picada. Remando más de un lado que del otro. Y me estabilicé.

Cuando sale el Sol hay seres que están despiertos hace rato. Están haciendo parte de lo que hace que el Mundo siga parpadeando. Yo perdí la costumbre de saludar al Sol y la extraño. Extraño levantarme a las seis de la mañana. Extraño vivir una vida y que todavía no sean las diez. Lo extraño tanto como tengo que aceptar que, ahora, mi vida es otra cosa. El tiempo está en otro lugar. No lo puedo controlar. El aire está agarrando las cosas y, bueno, las desordena un poco. Ni siquiera lo hace con buenas o malas intenciones. Sopla un poco y las cosas cambian de lugar. Y en esas cosas que cambian de lugar está mi forma de vivir el día.

Y en otras cosas que cambian de lugar, están los Mundos que se mudan de mundo. Se mudan de Mundo en forma mundana y aparente -porque lo hacen dentro de este mundo, Mundo de los mundos-. Saltamos en dos patas, congelamos el tiempo y hacemos girar el globo terráqueo. Aparecemos en otra parte, con mochilas o valijas. Con billetes y equipaje. Con expectativas y ansias. Con rutas y con mapas. Con sed por lo desconocido.

Este escrito empieza tratándose de algo y por lo menos hace dos mutaciones. Esta es la tercera. Señal que mis palabras están viajando. ¿Qué están haciendo? ¿Cuál es el camino, si es que se puede describir?
Se puede decir que fueron a un lugar con pasto, donde reinaban las intenciones de mantenernos en determinadas posiciones. Posiciones relacionadas con nombres de seres vivos, reptiles y mamíferos. Hacer cosas hasta que cante el gallo.

Ese lugar muta y se disfraza de otra cosa. Pasa a serla, sacamos el disfraz y no existe lo anterior. Solo existe el presente. Ese Sol que brota radiante, ese nuevo día que no existe hasta que es.

Ese día que trasciende y, a media tarde, nos catapulta a otro escenario. En otro lugar. En otro espacio. En un viaje. Viajando. Con valijas. ¿Con vajilla? No, no es tan necesaria. La mochila quizás sí.
¿Desde dónde y hacia dónde vamos cuando viajamos?
Es posible viajar de mil maneras diferentes y de muchas formas muy distintas. 
Cada viaje es un propósito, aunque este sea incognoscible, y siempre todo viaje recorre una mínima esperanza: la de sentir que uno viajó. Que uno fue a un lugar. A un Lugar. A un flor de Lugar. A una flor. 

Viajar es un poco eso. Es encontrarse naciendo en una flor que nace. Verse viendo cosas que son reflejadas de formas distintas cuando no hay vidriera de por medio. Saludar al Sol, sentir el equilibrio, agarrar puñados de arena, respirar Tierra. Viajar es todo eso... y siempre un poco más. Una sonrisa más. Unos minutos más. Un Sol más. Un abrazo más. Un mate más. Un recorrido más. Una comida más. Una noche más. Un día más. Otro día más. 

Muy seo. - 2015 1 21

El curso de algunas de nuestras energías cambia cuando estas son sumergidas a determinada profundidad.

Algunas se están solidificando; eso generalmente trae temas.
Digamos que es mejor tener el Mundo en movimiento. Y para movernos hay que interactuar con los elementos que invitan a dicho movimiento.
Dejar que el aire nos surque, vivir la semana sin saber qué día es.
Dejar que un lunes sea otro día y que un martes te salpique la luz del Sol cuando te pasás un par de horas admirando líneas, formas y colores en las paredes bajo techo. Sin ventanas.
Los estados más raros son, proporcionalmente, los más raros de representar.
Es decir algo que no sabés muy bien dónde está. No lo tenés, es raro, divaga por la laguna de tu conciencia y esta laguna no tiene más de un metro de profundidad. Es suficientemente práctica para surcarla sin miedo y, aún así, para ver bien el fondo vas a tener que agachar el hocico y hundir las pupilas al menos cinco centímetros bajo el nivel del agua.
Los escritos que van hacia ninguna parte son aún más densos cuando las partes hacia donde no van, los lugares que pasan de lado y miran de reojo, son eléctricas. Brindan estática al viaje, te energizan y, a su vez, lo quieras o no, lo hacen a su manera. Porque los mirás de reojo y, si bien notás lo que pasa, no estás en ánimos de controlarlo. 

Te están preguntando por las cosas que pasan a tu alrededor y vos sentís que al omitir la Nada te estás convirtiendo en una. Así que la blanqueás. Las "nadas" tranquilamente pueden ser blancas.
Las blanqueás, las remojás, las enjuagás, las ponés a secar al Sol. Quedan con olor a jabón en polvo.

Anteayer fui un "no". Ayer existí unos metros por debajo del suelo, en un lugar que me hizo pensar la forma en que una persona -como vos, como yo, como ella, como él- mira y observa algo que está ahí para ser observado. 

Estos escritos se encuentran cuando sumergís la cara y rasqueteás, con ambas manos, el fondo de la laguna. Preguntás qué hay, sabés que hay algo, pero para saber qué es lo que hay tenés que palpar. Y para palpar tenés que posibilitar que, lo que creas, se ponga en suspenso. Y para ponerse en suspenso, una opción es jugar a esquivar los rayos del Sol.

Cuando vuelvas a la intemperie, cuando tu cara emerja de la laguna, cuando quieras volver a respirar aire, el Sol va a estar ahí, brindándote una sonrisa cómplice porque te vio nacer. 

Hoy las nubes se fueron a otro lado. Quizá se van a las paredes, a pintarlas de otros colores.

Hoy no. - 2015 1 19

Hoy es un día "que no".
Mi lunes no quiso empezar. Lo tuve que esperar.
Me levanté y me pareció ver gris. Hay una bombilla de color verde en mi dormitorio que confunde los colores.
Me levanté y no pareció lunes. Y no es precisamente un lunes.
No sé qué día es. Hoy no.

Ayer la lluvia me la subía. Hoy me apaciguó. 
Pero cuando me levanté, me pareció que las cosas están en un orden algo sensible.
Y que, si las toco, se pueden caer.
Puede ser que esté tosco, aunque no me siento así. Me siento más bien como una cosa sensible que se puede caer. Y voy a preferir que me toquen. 
Me caigo o sea me caen los pelos. Hoy no.

Tengo cosas por hacer y la realidad espera. No me gusta pensar en los quilombos que vienen. Y vienen quilombos.
Hoy es diecinueve. El culo me llueve.
El Viento me va a marear un poco y estar encerrado me va a embotar. 
Quizás mientras no llueva sea una buena opción caminar.
Quizás no. Hoy no.

Hoy no entiendo muy bien de qué se trata la vida. Quizás es un lunes como cualquier otro. Son las tres de la tarde y todavía no estoy despierto. A lo mejor el día cambie. A lo mejor cambié yo. A lo mejor cambiaron las cosas. Hoy no.

A los botes. - 2015 1 18

Abrir la garganta y mirar al Cielo mientras llueve.
Caen gotas y es imposible sofocarnos.
Mirar al Cielo llover.
Caen gotas.

El agua que cae viene de algún lado. De un río, de un mar, de un océano. Quizás de una laguna, de un lago, quizás de un charco. Quizás de un charco que dejó la lluvia anteayer. 

Se decía que iba a llover hoy. Y está lloviendo. Y los estados climáticos están íntimamente ligados con nuestros estados anímicos. De maneras irrecíprocas. Hoy, por ejemplo, llueve. Y, supuestamente, cuando el agua baja el humor también. Pero hay días que es particularmente bella la lluvia. Un domingo es un día versátil. Con "v" de "viernes" y "s" de "saltitos".

Hoy vacié mi energía porque es un día excelente para recargar. La lluvia te recompone, le dice a las cosas que disfruten donde estén, donde se encuentren en el presente; ya.

El barco se hunde un rato. Juega a ser un submarino. En el interín, todos nos refugiamos en sus extremidades de emergencia dislocables. Nos mantenemos atentos. El barco se hunde unos segundos para refrescarse en el agua que el Cielo hizo charco. Aprovechamos para mojarnos los pies y calentar agua para mate. Aprovechemos. La lluvia nos invita a recargar energía.

Picando bajo. - 2015 1 17

No discriminemos a los duendes por su estatura.
La presencia de bonete -cuya esencia ya fue discutida en otros escritos académicos al respecto- es relativa a temáticas y asuntos que están por fuera del tópico de la altura.
En básquet es tan interesante ser alto como ser bajo.
En fútbol una baja estatura profiere movimientos cortos y rápidos que distraen y confunden al oponente.

...

Hablar de forma artificial y estereotipada no está bueno pero habrá personas que no lo pueden evitar.
Salen a caminar para que las vean caminando, no les interesa disfrutar necesariamente el camino. Les interesa poder decir que lo caminaron. Y qué se yo.
¿Qué le podés decir a alguien si está eligiendo cómo ser?

Digo, ¿se podría ser tan soberbios de maldecir la felicidad ajena? Aún si la misma está enfundada en algo tan pasajero como la presencia de objetos a nuestro alrededor. O si es una obra de teatro que no tiene acciones físicas, solo palabras que son recitadas de manera anónima con la intención que reboten -cuantas más veces, mejor- en un cuarto circular vacío sin ventanas pintado de color marrón.

La frecuencia de tu onda es relativa a tu monto de energía. Hoy vas a dar saltitos alejándote tan solo cinco centímetros del piso y, quizás, el lunes eleves tus rodillas a la altura de tu pecho mientras agitás los brazos en alza con las manos dirigidas al Cielo (y a todo lo que considerás sagrado).

Ayer la clavaste en el ángulo. 
El referí cobró mal y vos te quedaste pillo mientras la gilada pedía posición adelantada.
Les cabió.
...
Hoy salís picando bajito. 

Y voló, boló. - 2015 1 16

Este día va a ser de la forma en que canten los pájaros.
Los pájaros cantan a lo largo del día, de formas distintas; cuando amanece, cuando promedia el día, cuando el Sol se despide.
Los pájaros son animales con una concepción de altura súmamente plástica.
Saben de las corrientes de aire que surcan los cielos y la forma en que se comporta la atmósfera. Tienen, en general, una visión privilegiada y son amigos del calor y de las ramas.
Los pájaros crean nidos, esos nidos son uno de los puntos que los conectan de manera basal con la fina capa de tierra en donde paulatinamente posan sus garras.
Los pájaros conocen la actividad de volar y volar no es viajar en avión. Volar es ir para distintos lados; para donde pinta, en buena medida guiados por los factores climáticos que fomentan, condicionan y acompañan el vuelo.
Volar, para los pájaros, es como bailar música para nosotros. Encontramos las formas que dibujamos en el aire a medida que las mismas se generan de acuerdo a cómo reverbera la música en nuestra concepción de ritmo. Y esas formas también son plásticas. No están dichas y surgen a medida que son representadas.
Requieren un esfuerzo creativo que combina imaginación y plasticidad. Ojo, también nos podemos quedar bailando de la misma forma, todo el tiempo en un lugar. Pero casi se puede decir que hay cierto gérmen en nuestra forma de Ser que nos lleva a cambiar ligeramente las formas, un poco cada tanto. Y el baile y volar no son la excepción.
Salgamos a volar y a bailar. Salgamos a boilar y que el Viento nos acompañe. Que el calor nos acompañe. Que los pájaros nos acompañen.

Los colores de las haches. - 2015 1 15

Cuando tenemos un número compuesto por números que se repiten, podemos argüir con suficiente confianza que tenemos permitido jugar con lo invisible.
La invisibilidad tiene distintos halos -o hilos, si se lo prefiere- que son tendidos de manera horizontal y diagonal (casi nunca vertical) en direcciones que van del centro del Cuerpo hacia "los afueras". 
Puede servir como ejemplo imaginarse una terraza equipada con sogas para tender la ropa a secar. Las sogas generalmente yacen horizontales con un leve arqueo en el medio, producto de una sutil y relajada distensión acompañada en un pote de cuarto de helado con unas cucharadas de gravedad.
El telgopor pesa casi nada y no por eso es invisible.
¿Existen palabras que se digan sin mencionar?
"Por favor" puede ser un ejemplo burdo y tosco, producto de la relativa liviandad con la que nos tratamos los unos a los otros mientras caminamos por el asfalto. 
Pero debe haber algo un poco más abarcativo. Algo que, como el arqueo de la soga para tender ropa, deje medianamente en claro dónde está el punto medio y silencioso de la cuestión.

La invisibilidad tiene distintos halos -o hilos- (...)

¿Podría ser que estemos encontrando una respuesta al principio de la descripción de una pregunta que no surge? ¿O acaso las preguntas pueden ser también invisibles, o tácitas?

¿Qué es preguntar algo con "hache"?
Yo no querría pensar demasiado sobre el asunto más que entregándome a la concepción de misterio que envuelven los segundos de silencio entre una palabra y otra. Que haya silencio no significa que no se esté diciendo algo, claro. Entonces, ¿sería posible decir nada?

Creo que el meollo del asunto radica en que no se puede salir a la terraza sin, al menos, constatar la existencia de las sogas para tender la ropa. Los hilos y los halos viajan en forma constante por vías que quizás escapan a la palabra, aún invocándola desde el más absoluto silencio. Mirar ya es emitir. Abrir la boca ya es emitir. Mover el Cuerpo ya es emitir. Dirigir la conciencia es emitir. 
Los halos y los hilos están íntimamente relacionados. Los halos son inescapables y estamos emitiéndolos en todo momento. Y actúan como hilos, aún cuando sean tan finos, sutiles e invisibles como hilos de telaraña. 

Tan discretos. Tan sublimes y, acaso, en colores combinados. El destino de la comunicación es inevitable y es, en parte, relativo a la imposibilidad de no comportarnos como generadores, receptores y transmisores de energía.

Cebate un cebo. - 2015 1 15

¿Qué significa comerse las uñas?
Hay cosas innecesarias que nos rodean; como la televisión, que no es otra cosa que una máquina de enfrascar la atención en situaciones que no nos competen. Como las bolsas de basura, que nos recuerdan que no sabemos cuidar suficientemente la Tierra y tenemos que enfrascar y amontonar lo que desechamos (y a veces ese mismo residuo es el que figura, luego, en la pantalla). Como el alcohol, que surgió como método de hidratación higiénico y se transpuso como un arte de hacer cosas que queremos haciendo de cuenta que no querríamos hacerlas.

La capa fina de grasa que se forma sobre el asfalto es súper resbalable y por ahí desfilan un número interesante de porcentajes.
La comida frita hace mal y punto. Puede hacer un poco menos mal si se hace un poco más bien.
Las gaseosas son veneno. Eso no significa algo respecto a nuestro deseo o no de tomarlas. ¿Alguna vez viste concretamente -y aislado- la cantidad de azúcar que hay en un vaso de gaseosa? Es terriblemente innecesario. Y ahí estamos, tomando gaseosa. Algunos tratando de mantener el vicio en la frontera. Otros totalmente ensalsados.

Las innecesariedades implican innecesariedades. Hago algo que no necesito y construyo una necesidad que no existía. Esa necesidad se transforma en algo imperioso e imprescindible para mi Ser y, francamente, siempre es una pelotudez. 

La comida con grasa es engañosa. La grasa y el azúcar deben ser de los acostumbramientos más invisibles a los cuales nos vemos sometidos a medida que crecemos. Algunos más, otros menos. Yo más o menos pero con el tiempo me cebé. Y llegó un punto donde me pareció que había que empezar a dejar. Ahora, cada día que como algo grasoso me acuerdo por dos o tres días más. Mi rostro se enmascara, como si hubiera frotado la cabeza contra el asfalto un rato largo. Me enmascaro y empiezan a dificultarse mis procesos de pensamiento. Las situaciones y decisiones que empiezo a ver como permisibles se transforman sutilmente en cosas que -si las miro bien- no me convienen. Y se da un ciclo de malas decisiones hasta que, de algún modo, en algún momento mis ganas de vivir vuelven a primar.

Cebarte con la Muerte es una actividad colorida e insignificante. Lleva a algún lugar preciso, no podríamos decir que "lleva a ninguna parte". Lleva a un lugar donde las preguntas no existen más y nunca ves lo que tomás.

Los conos. - 2015 1 14

El cuello es una parte especialmente sensible del Cuerpo.
No va que lo movés unos minutos en forma revoleada y al otro día está pidiendo tu clave fiscal por los pasillos de la AFIP.
El cuello es una autopista del Todo que lo entrecruza. Es un mediador específico entre todas las cosas que pasan por la vida. No estoy hablando de mediar entre la cabeza y el resto del Cuerpo. Hablo de mediar entre la fina capa de aire espeso que atraviesa la percepción de las cosas en el Mundo y las cosas en sí. El cuello nos avisa que esa fina capa no existe. La experiencia está entregada a la experiencia en sí. No hay un cúmulo particular de memoria que nos sirva para hacer de cuenta que, a cada paso, tengamos que confirmar que la realidad es real. Las cosas están ahí, como nosotros. Estamos al lado, con ellas y es esperable que sucedan a la manera que suceden.
Las cosas son flores y las flores son conos de colores que fijan puntos de conexión entre lo marrón y lo celeste.
Ver el surgimiento de una flor es digno de sentársele al lado con un café a esperar, a ver qué pasa. El café dura un rato, unos minutos. La flor puede durar unos días; viene un Viento fuerte y se va; viene una lluvia generosa y se va; viene un insecto comilón y se va.
El cono es una forma geométrica interesante. Como todas las demás.
Es circular y recto. No empieza ni termina y asciende. Asciende y en la cima no sabemos muy bien qué hace. Quizás se comunica con un Algo que no tenemos precisamente identificado.
Hay colores que no sabemos ver porque no podemos. Colores que, de seguro, ven algunos de esos insectos glotones que hacen que la flor quizás se vaya más rápido. 
Los colores son, un poco, como la experiencia. No se sabe muy bien dónde pero en algún lugar se genera y luego el derrotero de sucesiones existenciales permite replicarla casi instantáneamente en momentos donde, aparentemente, es un buen momento. 
Los colores vibran a través de las cosas mirando al Sol.
Las plantas reflejan por antonomasia el color que no absorven, el verde.
Los conos pueden ser naranjas y de tantos otros colores más.

Dieciséis minutos para pensar con el hemisferio derecho. - 2015 1 13

Nada es el Todo en todas partes.
El Cuerpo no funciona como una máquina y las máquinas no son corporales.
Hoy una perilla está prendida y mañana también. Pasado mañana quizás se apaga y quizás, al otro día, vuelve a prender sola.
La luz que emite está algo definida pero no tiene una tonalidad concreta. Va más o menos por determinada paleta de colores y, en algunos momentos de la vida, va por otros.

Todo puede ser Algo y también algo distinto. A las religiones no les gustan las personas que piensan porque se reservan el derecho de pensar cómo quieren que pensemos.
No quieren tu cabeza, solo quieren que hagas sinapsis de la forma en que les enseñaron en la escuela. Y esa escuela fue a otra escuela. Y todo mensaje que se canta en el "re-truco" es presto para ser jugado como un teléfono descompuesto.

Yo, hoy, digo que, a partir de este momento, 'tal' cosa es 'esto'. Cualquier persona ajena a mi juicio es, entonces, 'esto' otro. Cualquier persona que obre distinto a mí, será 'tal' otra. Y así.

Las religiones no son algo personal. Sí, cada uno puede practicar como se le dé la gana, lo que digo es que está bueno saber que no hay una entidad divina a la cual le importemos. Existimos quienes existimos y hay existencias por fuera (y arriba de) nosotros. El punto es que a dichas existencias les parecemos insignificantes. Como a la Naturaleza. 

Mañana es miércoles. Mercurio era un tipo que sabía viajar y hacer negocios. Ponele.
Los Dioses nos llevan a ninguna parte. Y escribo "Dios" con mayúscula porque creo, de hecho, que existe Dios. Y Dioses. Solo que no son como en general pensamos. No son entes que vivan en devoción a un Plan. No subsidian nuestros pecados porque no necesitan juzgarlos. Están. Existen. Como el Sol. Yo creo en el Sol. Creo en la Luna. Creo en la Naturaleza que se manifiesta alrededor mío. Creo en las personas. Creo en las Almas. Creo en la Energía. No necesito un Dios. O sí. Creo en los Dioses porque no los necesito. Suficientes personas hay mendigándoles hipócritamente la conciencia.

Quedan ocho. Está bien. Hoy dejé la pava en el fuego y se evaporó todo el agua, pero la pava no llegó a quemarse. ¿Vieron? Dios existe.

Calorto. - 2015 1 12

Me gusta mi voz y el calor me la hace RE caber.
Metete la térmica en la sensación.

La manija del vasito. - 2015 1 11



El vasito es un vasito súper especial.
"Como todos los demás vasitos", pensó el vasito durante muchos años.
Pero no. Este vasito tiene algo.
"¿Qué tendrá el vasito?"

El vasito tiene rock. Y tiene una manija súper amiga de la vida y sus recovecos.
La manija permite llevar al vasito por donde se quiera con el simple accionar de dos dedos (o uno, para quienes nos gusta vivir al límite).
Agarrás el vasito, le enrollás un dedo por la manija y voilá, tenés jodita para rato largo.
El vasito es de metal, lo cual no hace si no reafirmar sus características energéticas.
Si le das calor, el vasito se calienta.
Si le das frío, el vasito se enfría.
Y mantiene la temperatura, sea cual sea que le ofrezcas, por rato largo. Como la jodita que te permite tener.

El vasito es amor porque no es un vaso; es un vasito. Tiene el tamaño ideal para ser considerado un elemento útil y también cariñoso, tierno. Es de esos hallazgos en la vida que te permiten condecorar una situación en base al adoramiento de un objeto. Sea cual fuere, por amor al chirimbolo.

El vasito es un chirimbolo de aquellos. Es miembro vitalicio del Club de la Chicheada y regala momentos frescos los domingos.

El vasito sabe muy bien que hay dos elementos que conforman su gracia y acción en el plano dimensional de lo telúrico. Uno, su manija. Su manija es vital y esencial. El vasito sin manija podría no ser el mismo vasito. Dos, su material de construcción y su capacidad térmica. Este segundo elemento está íntimamente relacionado con el primero, la manija, en sentido de mantener parte del chirimbolo al alcance de un dedo que pueda enrollarse sobre la antes mencionada manija sin ser ni congelado de frío ni quemado por el calor.

El vasito tiene rock, amor y osadía.
Y va a ser un vasito heavy metal durante todo el verano.

La cochera y el coche. - 2015 1 11



Entre las formas risonantes de mencionar las cosas del Mundo de lo palpable, existen los eufemismos.
Los eufemismos te llevan a lugares irrecíprocos con el sentido originario, que es decir lo que querés decir de la forma que la querés decir.
Es cambiarle el color de fondo al discurso; el discurso es levemente parecido pero, como hay otro color que lo compone entre telones, suena sutilmente distinto. 

No suelo escuchar música que no me guste pero me gusta mucho experimentar comida que creo está mal hecha. Sobretodo si la hice yo. Me gusta percibir y tener una experiencia activa sobre algo que produje yo y considero está mal producido. Entender cómo está mal y hasta qué punto, de qué forma y bajo qué espectro posible de la equivocación.

Nunca voy a tener auto. No me gustan los autos. Son cómodos, sí. Pero no me gustan. ¡No me gustan! Me parecen un vehículo innecesario. Me gusta pensar en el entramado urbano de un sistema de transporte público. Me gusta pensar el "ir a tal lugar" como una secuencia de acciones que involucran un sistema que se juega de a boletos y tarjetas. Me gusta "tener que bajarme en", me gusta que de repente "hoy agarre por acá" o "el servicio termine en esta estación".

Ya sé, eso último no está bueno. Pero en el momento lo disfruto como quien entiende que, si sucede, conviene.
No está bueno porque le complica la vida a distintas personas. ¿Pero qué voy a hacer en el momento, si no entender que es sencillamente lo que está pasando y vivirlo de la forma más amena posible?

Nunca voy a tener auto y, menos que menos, coche. No me gusta el concepto de "coche". Menos que menos la idea de una cochera. Un espacio muerto que sirve para guardar algo que me parece no sirve, al menos no en una ciudad -y, menos que menos, en una ciudad como la nuestra-. 

"Coche" embebe algo con un sabor que me parece inexplorable. No me interesa darme el gusto de saborear ese sentido que no me gusta. Me parece que el auto es un excelente medio de locomoción y que hay tantos autos como personas utilizándolos de manera irrestricta y desenfrenada. 

No puedo decir que algo "se perdió" pero sí que "hay determinada idea de inmediatez en todo". Y a mí no me interesa necesariamente la inmediatez, el "llegar en un toque". Está bueno, por supuesto, pero también a veces está bueno tomarse su tiempo. Como en un orgasmo.

Los coches se guardan en una cochera; voy a agregarle una "i" a "cochera" y hacer de cuenta que un auto estacionado es un objeto muerto. Lo es. Sobretodo si tiene lugar para cinco personas y suele ser ocupado por una sola.

[Este escrito fue subsidiado por el Ministerio de Interior y Transporte de la Nación]

El ancestro de la segunda mala vuelta. - 2015 1 10

Una de las ventajas de ser viejo es que "viejo" se escribe con "v" de "ventaja".
También se escribe con "v" de "ventana" y las ventanas están buenas, las podés abrir y podés tirar cosas a través de ellas (lo cual no está tan bueno, ¡pero bueno!).

Ser una persona de avanzada edad te brinda cierto halo de advenimiento ante el futuro.
Sabés que te vas a morir, viejo.
Y cuando tus enemigos viven esta particularidad, es muy fácil amigarse con ellos y poder pincharlos en lugares interesantes. A lo mejor los pinchás y se desinflan.

Que quede claro: está todo bien con los viejos. No estoy hablando de las personas viejas. Estoy hablando de los viejos de mierda. Y yo conozco al menos uno. Está bárbaro conocerlo.
Su nombre tiene dos nombres y le cabe más el bigote que a mí la fruta.
Sale a caminar por el barrio con la cara colorada. Sin embargo no toma alcohol. Es un borracho innato, se pone del orto con el cantar de los pájaros. Les pone la música al mango para que salgan volando. Música de mierda, claro. Música berreta, música sin Alma. Es que el viejo no tiene. No tiene Alma.

El viejo de mierda no tiene Alma. 
Y no es su culpa. Es su condición. Él probablemente no eligió ser así. Pero es así... y todos nos regocijamos.

Tener enemigos difíciles te permite encontrarle nuevos pelos al huevo. Si es que el huevo tiene pelo, porque quizás está medio viejo. Como el viejo.

¡Cómo me voy a divertir este verano con vos, viejo!

Pollería. - 2015 1 10



Vamos a bailar a la pollería
Siempre es de noche, nunca es de día
Brotan gritos de augurio, pasión en algarabía
Vamos a bailar a la pollería.

El pollo y la polla se conocieron en una instancia algo azarosa pero premeditada.
El pollo estaba ahí y la polla también. Se miraron. Se desearon. Se adobaron y en el horno se encamaron.

De la polla se pueden hacer muchas cosas, con el pollo también. Ayer yo me la usé de perchero, me acordé recién. 
De la polla no nacen pollitos, pero puede surgir flor de pollón. 

Las palabras que se escriben cerca abren instantáneamente un Universo lúdico permisivo e infinito. 
Hoy voy a la pollería y me traigo alto pollo. Le saco los menudos, le pongo manteca, manzana verde y cebolla debajo de la piel, lo salpimento un poco y al horno se va. 
Ese pollo sale y ya es otra cosa. Es un pollo cocinado y justo tengo hambre. Pinta el pollo.

"Pinta el pollo"; yo banco esa temática, yo la apoyo.
Sale dorado, con la piel crujiente o ensalsado y con mirada jadeante. 
Sale con olor a látex y risas que estallaron en el aire.
Sale con fritas.
Sale.

VERDAD, PATAMUSLO Y MEMORIA.

[+no]. - 2015 1 9

¿Por qué? 
¿Por qué tenés que no entender que no entendés?
¿Por qué no podés entender que no entendés?

¿A quién le escribo?
A las presuntas Almas que no entienden lo que pasa cuando pasa el Viento.
A las direcciones que brotan y se disparan hacia los rincones oscuros de tu sentido de dominación.
¿Por qué dominar? ¿Para qué intentar dominar una conciencia?

Si las formas no me gustan, es problema mío.
Si los tonos o las comas -o los puntos suspensivos- no me gustan, es problema mío.
Si las risas que no sonríen se sonríen sin reír, es problema mío.
Y si vos no entendés cómo una persona puede ser libre y cómo eso no tiene demasiado que ver con vos, es problema tuyo.

¿Para qué crear problemas en lugares donde puede reinar la paz del silencio y la comprensión?
La turbulencia más jodida es aquella invisible, que se nota solo cuando el andamiaje ya canta en augurio su doblez final.
El metal es un material súper resistente. Así y todo, con las sucesivas limadas, se desgasta y empieza a chirriar.

Bueno, está chirriando.

Uende miáumiaus góu auéi, de miáumiaus pléi. - 2015 1 8



Estamos acercándonos al inicio de algo que tiene que ver con la simultaneidad del "miau" en la conciencia.
Ya sabemos lo que es el "miau": es un "blah" ameno. Es una forma de decir algo con la mirada. Algo que no se puede escribir precisamente con las manos. Es una mirada risueña y amena. Apaciguadora. Una mirada que asiente la existencia de forma casi reverberante. Crea una especie de eco en tu conciencia sin que ese eco rebote demasiadas veces. Un par y ya está.

Un par y ya está.

Porque si hablamos de "miau", tenemos que hablar de algo relativo a mantener el equilibrio moviendo la cola. Podemos estar hablando de bailar, de posicionar el Cuerpo en determinadas posiciones -específicas o inespecíficas-, de jugar con la idea de ritmo.

Cuando sos un toque "miau" el agua te sabe mejor si viene fresca y de algún lugar misterioso. Ponele que no te dejás conocer demasiado pronto por entidades de nivel humano. Ponele que cuando conocés seres que "miaumiauean" como vos, entendés de toque y entregás el rosquete.

Su delivery de rosquete llegará en cuarenta y cinco a sesenta minutos.

Los "miau" pasan como pasa el tiempo. De manera autónoma, haciendo las preguntas que sean necesarias en los momentos necesarios. Y yo soy bastante "miau", así que dejo ver pasar el tiempo (con minúscula) porque creo tener una idea gratificante sobre el Tiempo (con mayúscula). 
Dejo pasar el tiempo porque el Tiempo no me pasa. Soy con el Tiempo.

Es eso. Es un poco eso. Ser "miau".

...

Soy con el Tiempo.

De las presiones y los moños. - 2015 1 8



De pequeños suele encontrarse como práctica habitual en y para nuestras vidas cotidianas construir la habilidad de tomar nuestros cordones y ensalsarlos y revolearlos en formas vinculantes. Nos enseñan a hacer nudos y moños. Quizás haya algo para decir sobre esos moños.

Algo como, por ejemplo, que nos enseñan a hacer moños luego de hacer nudos. O, dicho de otro modo: nos enseñan que los moños se hacen bajo un procedimiento que -en casi todos los casos- implica la presencia anterior de algún tipo de nudo.

Ahora, tengamos en cuenta una de las significaciones sociales de la palabra "moño". Está del moño. Y sumémosle que ese moño es antecedido por la presencia de un nudo que se formó en algún lugar.
Una consulta posible al Universo puede ser: ¿el moño se formó en el mismo lugar que el nudo? ¿En un mismo tiempo y espacio? 

¿Con qué tipo de espacio entre las existencias puede aparecer un moño después de un nudo?

Mi hipótesis es que los nudos te brindan la posibilidad espiritual de agarrar algo de la locura de "la" (y "tu" vida) y hacer algo creativo con ello. Hete ahí la existencia de los moños. Hete ahí que el moño trasciende como elemento de "alistamiento" del nudo y pasa a formar parte de cierta etiqueta de indumentaria, como un elemento más, independiente de función y casi hasta imprescindible dentro de esa configuración estética.

Los moños chiflan porque son antecedidos por nudos que, cuando se desatan, hacen girar al moño en distintas direcciones. Pensá, si no, qué pasa cuando te desatás los cordones. Tenés que desandar distintas vueltas y eso hace que los cordones, en sí, giren, den vueltas. El moño es una forma de aceptar que los cordones dan vueltas y permitirte hacerlo con cierta gracia y caricia ante la vida.

Los moños son una forma de acariciar y hacer algo (lo que se pueda) con nuestros nudos. Y cuando desatamos estos últimos es casi inevitable que los primeros den algunas vueltas. Algunas más, algunas menos, como mínimo una vuelta. Fuentes de suma confiabilidad científica informan que la cantidad e intensidad de las vueltas está directamente (casi que proporcionalmente) vinculada con el tipo de presión y tenacidad que haya sido atado el nudo.

Bendecir la gilada. - 2015 1 8



Los duendes con bonete rojo suelen experimentar particularidades que atañen a su condición de triangularidad ascendente hacia el Cielo. 
Por más que el dispositivo que los comunique con las entidades celestiales pueda ser descrito -técnicamente- como algo artificial, superpuesto, no por ello deja de ser un mecanismo efectivo para trascender cierta posición de centralidad del ego frente al Universo y permitir que el eco de las estrellas arroje un polvo brillante sobre las mejillas.

A mis amigos los duendes les encanta la gilada. Y la gilada no es ni algo bueno ni algo malo porque es una conceptualización que se circunscribe dentro de cada tiempo y espacio específicos. En este momento mi gilada es una botella con agua a medio llenar y una taza de café recién vacía. Mi cuerpo en este momento también está relacionado con la gilada, porque está directamente vinculado con las presencias anteriormente mencionadas. Sobretodo con la taza de café. Es un día húmedo y la humedad es una re gilada. La transpiración, esa capa de humedad que decide fenomenizarse entre los productos de mi Cuerpo y las condiciones meteorológicas del aire, actúa como facilitadora de una gilada atmosférica.

¿Vio, doña? Hay gilada para todos los gustos. Gilada de color naranja, gilada con cosito y sin cosito, con lucecita y también a pilas. Y todo por el mismo módico precio: la descentralización de su percepción.

La gilada es como la cumbia: no sabés si está del todo buena o no, no sabés bien hasta qué punto te está divirtiendo y hasta qué punto es un entretenimiento auditivo casi mecánico, pero funciona. Brinda sensación de holgadez y cierta relajación existencial frente a la vida. 
Por supuesto que hay giladas bravas, confusas, duras, que compran pelón, durazno y damasco aún en temporada alta -y de a dos kilos-. 

"Gilada" puede remitirte a distintas concepciones sobre el estado de los asuntos de la cosa. Gilada helada, granizada, bramante, confusa, dura, molesta, estrepitosa, calamitosa, piripitosa.

Y nunca se puede saber con antelación el significado de la misma. La gilada "es" "en el preciso lugar donde es".

[el preciso lugar] <- aqu="" est="" gilada="" su="">

Cas Lanas. - 2015 1 8



Un escrito que comienza a la medianoche.
Pasaron tres minutos de las doce y me parece que hay algo que me quedó por decir en el día de hoy.
Es que no tuve tiempo.
No tuve tiempo de tener tiempo.
Mentira; si quería, tenía tiempo. Pero no tenía tiempo para hacerme tiempo para tener tiempo. No tuve tiempo.

Hace un tiempo me veía tratando de ver cómo ordenar la variable "tiempo". Creo que algo logré y es esquematizar el tiempo como una variable siempre divisible en micro-momentos.
Hoy dormí una siesta y eso fue un micro-momento. Y está bueno porque al tener la posibilidad que una máquina te despierte a tal hora te permite olvidar la noción de tiempo y permite que tu Cuerpo se desbalancee hacia el infinito.

La siesta.
La siesta es un lugar al cual vamos para mimarnos en un descanso. Es una caricia en algún momento del día, quizás a la mitad, quizás después de comer, ¿qué importa? Es una caricia que nos damos, con las sábanas o tendidos de piel contra el techo con un ventilador abanicándonos la porosidad.

La siesta es un lugar para ir y volver sonriente, para ser un Ser durmiente, para nadar en contra de la corriente. 
Algo de la idea de fraccionar el tiempo y algo de la idea de brindarme un espacio de siesta me está insinuando algo de idea sobre cómo puedo construir una idea de vida que se basa enteramente en buscar un bienestar equilibrado. Y los excesos solo serán en términos de positividad.

De las siestas suelo levantarme y mirarme el pelo. Ver qué pasó con la siesta. Si se arremolinó, si brotaron más canas, si se desaprolijaron; qué sucedió.

Cuando vuelva el frío voy a volver a las lanas. Este escrito termina acá.

Diez minutos para el Viento. - 2015 1 7



Uno. 
Existir es constantemente una constante que cambia de tonalidades y colores. Ello no significa necesariamente mejoramiento, ni superación, ni empeorar ni ver las cosas de modos que "antes sí y ahora no".

Dos.
La tela es innecesaria cuando te abraza el Sol. La ropa es una herramienta cultural y social y está perfecto. Y también está perfecto hacer de cuenta que vivimos en la selva. Al fin y al cabo esto es una selva fabricada con materiales de construcción.

Tres.
Lo que doy no es necesariamente lo que recibo y no necesariamente recibo lo que doy. Lo que doy lo doy y punto. Después, si de casualidad recibo, ¡recibo! Dar y recibir son independientes de sí.

Cuatro.
Cuando vas a la parada del bondi y el mismo pasa frente a tus narices, la probabilidad de tener que esperar mucho hasta que venga el próximo no es necesariamente alta. No vivimos un sistema de transporte cronometrado y los medios de locomoción manejan tiempos algo irregulares. Si justo pasa uno, no se puede intuir algo sobre el otro. Y si estuvieran cronometrados, entonces tampoco habría por qué afligirse, ya que sabríamos con antelación los horarios de cada cual.

Cinco.
Los fósforos están buenos para prender cosas que están al alcance de la mano. El olor a la madera quemada es una tentación para cualquier piromaníaco.

Seis. 
El tiempo me apremia. La vida no. Vivir insume Tiempo y, respecto a la Energía, veremos. Veremos qué vemos. Iremos viendo.

Siete.
Las prácticas religiosas muchas veces tiñen maniobras de dominación. Sea esta física y concreta, psicológica, simbólica. Que un libro que supuestamente escribió alguien te diga que tenés que hacer algo con tu Cuerpo en función de lo que se presume te puede pasar en esta u otras vidas... y, hay que tener ganas. Y va para todas las religiones.

Ocho.
La humedad después de un día de lluvia es cachetearte en el piso cuando todavía estás pataleando. Ya no querés más y, justo en ese momento, viene el último baldazo de agua evaporada a hincharte las pelotas. Por suerte mañana será mejor. Quizás. Tal vez.

Nueve.
Las ventanas existen para intercambiar luz y aire. Con intercambiar luz estamos bárbaro y, si además puede entrar un poquito de aire, mucho mejor.

Diez.
El diez es un número complicado. Está compuesto por el número que supuestamente empieza cualquier serie numérica y por un número que llegó luego de todos los demás. El cero. Y está ahí, justo al lado. El diez es una persona parada cerca de un pozo. Ojo, es un pozo. No es un agujero. Es un pozo. Y del pozo a veces brotan aguas frescas.

Fueron diez.